<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325</id><updated>2012-01-28T06:58:43.837-03:00</updated><category term='policía'/><category term='amor'/><category term='cárcel'/><category term='niña'/><category term='sangre'/><category term='León'/><category term='oir'/><category term='mirar'/><category term='hijos'/><title type='text'>Cuentos del anochecer</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>33</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-3112837416945607202</id><published>2009-09-24T20:00:00.002-03:00</published><updated>2009-09-24T20:02:31.001-03:00</updated><title type='text'>Leyendas del Paraguay</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Las columnas negras de humo se elevaban por encima del horizonte sin nubes, señal que inevitablemente presagiaba lo peor.&lt;br /&gt;Carmen Mena de Ayala, dejó de mirar hacia Asunción de la que podía ver algunas de las cúpulas de las Iglesias ahora espectrales y llamó a Vicenta, la más joven de las criadas de aquella casa habitada desde hacía años únicamente por mujeres. &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Srv6W2nStOI/AAAAAAAAAo4/sESzY0S5lf0/s1600-h/fotogparaguayg.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 221px; FLOAT: left; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5385173049975944418" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Srv6W2nStOI/AAAAAAAAAo4/sESzY0S5lf0/s320/fotogparaguayg.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Le pidió que preparara el pequeño coche de paseo tirado por dos caballos, mientras ella junto a otras mujeres iba colocando en baúles aquello que pudiera salvar de los soldados brasileros.&lt;br /&gt;Esa palabra, salvar, permanecía presente mientras colocaba sin orden premeditado el menaje de plata, las joyas, monedas de oro y toda clase de objetos de valor que pudieran servirle después a la familia. Era la forma que tenía de mantener viva la esperanza de que su marido y sus dos hijos volvieran alguna vez a ella. No tenía noticias de ninguno desde hacía tiempo. Eran siete meses desde la última y breve carta de Lucio. A partir de aquel momento los rumores le proporcionaron algo de lo que aferrarse. Y eso porque había tomado en cuenta únicamente los corrillos positivos. ¡Qué tonta había sido al enorgullecerse de ver a su marido con el uniforme de coronel del ejército del Paraguay, con sus galones dorados y las botas relucientes! Eso había sido la última vez que lo vio, un día caluroso de febrero, hacía casi exactamente un año en el portón del frente de la casa.&lt;br /&gt;Lo que más le costaba era quitarse la alianza, pero no porque nunca lo hubiera hecho o porque le ajustara el anular más de lo debido. El abandonar aquello para conservarlo luego, le exigía un sacrificio que sin fuerzas asumía la forma de un ritual. El anillo no es un amuleto -se dijo- y lo dejó en el cofre que cerró de un golpe seco. Comenzó a llenar el segundo sin solución de continuidad.&lt;br /&gt;Las mujeres se sobresaltaron al percibir el olor a quemado. El viento había cambiado y el horror de la ciudad se había trasladado a esas afueras otrora de pacíficas quintas. Hicieron el esfuerzo -no el de un hombre, sino el de varios- subiendo los cajones al coche. Ya no distinguían cuáles eran los trabajos que en otras épocas hubieran requerido el auxilio de un hombre porque lo habían olvidado.&lt;br /&gt;Carmen se agenció dos palas y con Vicenta y Lucinda fueron para el lado del monte. Los caballos parecían querer alejarse de la casa, contrariamente a lo que sucedía siempre.&lt;br /&gt;El calor no parecía afectarlas y aunque tardaron un buen rato en cavar el pozo, lo hicieron sin detenerse en la sed, ni en el cansancio, ni en los ruidos extraños que llegaban desde el lugar al que ellas debían volver.&lt;br /&gt;Cuando terminaron de enterrar todo, cubrieron el lugar con hojas y ramas. Carmen les dijo a las dos mujeres que volvieran al coche y ella se quedó allí sola unos minutos.&lt;br /&gt;Momentos después la vieron subir al coche y ninguna le preguntó por sus lágrimas porque ellas compartían las mismas imágenes de pesadumbre que siempre tenían forma de ausencias.&lt;br /&gt;Al entrar en la casa, Carmen notó su vestido embarrado. Otra de sus criadas entró corriendo agitada y le entregó una carta. La había traído desde la ciudad corriendo casi todo el camino. Lloraba y le decía que se había escapado de los soldados y del fuego.&lt;br /&gt;La mujer apenas la consoló pasándole la mano por el pelo porque allí tenía ese sobre con el escudo de su país al que ya había aprendido a temer. Luego de abrirlo con el filoso abrecartas, y a poco de comenzar a leer, dejó de hacerlo para buscar lo único que le importaba de esa hoja de papel igual a otras que ya había visto, recibidas por mujeres como ella que se anoticiaban de que sus hombres en la guerra ya no volverían más. Esta vez le había tocado a ella. La que siempre había sido fuerte y consuelo para las otras. Su Lucio había muerto.&lt;br /&gt;Se resistió a dejarse abatir. Todavía podía recuperar a sus dos hijos que podrían volver, ahora que todo terminaba.&lt;br /&gt;Percibió nuevamente el humo del fin que llegaba desde la ciudad. Lo había anhelado pero no había imaginado esta clase de final que ahora se colaba lentamente por las ventanas.&lt;br /&gt;-¡Señora Carmen! El grito ahogado de Lucinda entrando a la sala de estar, aferrada de la cintura por un soldado que empuñaba con su otra mano un pistoletón.&lt;br /&gt;-¡Suéltela! -exigió la mujer aturdida, mientras dejaba la carta en el escritorio de su marido.&lt;br /&gt;Por toda respuesta, recibió algunos perdigones en el hombro izquierdo que el arma arrojó tosiendo en una densa nube de humo blanco, sostenida por un pulso incierto.&lt;br /&gt;El hombre se acercó a la mujer herida que se había apoyado en el escritorio para no caer, mientras se oían por toda la casa los gritos de Lucinda que aquel soldado borracho no soltaba.&lt;br /&gt;Casi sin fuerzas, Carmen tomó del escritorio el abrecartas con la dudosa fortuna de tener el valor suficiente para poder enterrárselo entre el pecho y el estómago a aquel soldado que se derrumbó a sus pies, dejando caer junto con él a la mujer que llevaba.&lt;br /&gt;Se quedó allí parada, vio el barro y la sangre. Miró a Lucinda mientras que por la puerta entraron dos soldados. Sus fusiles volvieron a escupir fuego y humo como lo habían hecho cientos de veces y seguirían haciendo por varios días más desde aquel 2 de febrero de 1861, mientras saqueaban y violaban a mujeres que antes de eso habían creído que ya lo habían perdido todo.&lt;br /&gt;Y luego el fuego, como el que ardió toda la tarde y la noche en la casa de Carmen Mena, hasta hace unos momentos viuda de Ayala y en otras muchas de Asunción.&lt;br /&gt;No lejos de allí, un rosario anudado a una rama, indicaba con su cruz de plata el lugar en donde Carmen había enterrado su esperanza en cofres, para una familia que ya no existía.&lt;br /&gt;Dicen que todavía está allí, en algún lugar del monte, porque Vicenta pudo vivir para contarlo. Hasta hoy nadie lo encontró.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-3112837416945607202?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=3112837416945607202' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/3112837416945607202'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/3112837416945607202'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/09/leyendas-del-paraguay.html' title='Leyendas del Paraguay'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Srv6W2nStOI/AAAAAAAAAo4/sESzY0S5lf0/s72-c/fotogparaguayg.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-8418592471180558164</id><published>2009-09-04T09:33:00.005-03:00</published><updated>2009-09-04T09:44:38.457-03:00</updated><title type='text'>Segundas oportunidades.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Esto fue escrito para el taller literario de &lt;/em&gt;&lt;a href="http://mariadecerca.blogspot.com/"&gt;&lt;em&gt;María C&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;. La consigna era utilizar las palabras o frases que se enumeran a continuación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;aislado&lt;br /&gt;tributo&lt;br /&gt;Santa Rosa&lt;br /&gt;treinta indígenas&lt;br /&gt;histórica victoria&lt;br /&gt;segunda oportunidad&lt;br /&gt;proyecto&lt;br /&gt;tensión a la sombra&lt;br /&gt;televisión&lt;br /&gt;una pareja&lt;br /&gt;No tienes más invitaciones&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí va lo que salió.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Segundas oportunidades&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El taxi daba vueltas en ese pueblo ficticio llamado “Las casitas” que no era otra cosa que un barrio &lt;strong&gt;aislado&lt;/strong&gt; de la ciudad de Río Gallegos. Aislado a modo de &lt;strong&gt;tributo&lt;/strong&gt; a la ceguera que consiste en quitar del medio lo que no se quiere ver. Los prostíbulos están prohibidos, pero no las “whiskerías”. Rodrigo Ferrero nunca encontró la diferencia entre esos dos términos. Como cuando en &lt;strong&gt;Santa Rosa&lt;/strong&gt;, La Pampa, había rescatado a esas pobres &lt;strong&gt;treinta indígenas&lt;/strong&gt; paraguayas que -según el que las transportaba- iban a cuidar chicos en los campos de la zona. &lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SqEKN1uM-sI/AAAAAAAAAow/3cjgkuDZWtw/s1600-h/Noche2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5377590662932527810" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 221px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SqEKN1uM-sI/AAAAAAAAAow/3cjgkuDZWtw/s320/Noche2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Aquellos hombres terminaron sin condena porque no se pudo demostrar que efectivamente las iban a hacer trabajar, pero no precisamente como niñeras.&lt;br /&gt;El conductor miró por el espejo cuando, el policía se despachó con una carcajada. Su jefe le había hablado de una &lt;strong&gt;histórica victoria&lt;/strong&gt; contra la trata de blancas. Nunca comprobó los rumores de que el tipo también estaba metido en el negocio, o que recibía su parte, que se callaba, o que no hacía nada: lo que para el caso y a su modo de ver, era lo mismo. Como premio, unos días después, le habían dado dos balazos. Pero la vida le había dado una &lt;strong&gt;segunda oportunidad&lt;/strong&gt; porque el plomo apenas si había rozado el corazón. La otra bala en la pierna le había provocado esa pequeño rengueo que ya casi ni se notaba y mucho dolor. Dolor también por el &lt;strong&gt;proyecto&lt;/strong&gt; trunco de ser entrenador de boxeo en la escuela de Policía que su maldita pierna le impidió realizar. O la maldita bala.&lt;br /&gt;Le indicó al conductor -que ya se había dado cuenta de que él era policía- que diera otra vuelta por entre esas casas con vidrieras enormes y luces rojas. Y él se había dado cuenta de que el tipo tenía miedo. Mejor así.&lt;br /&gt;Hacía frío. Debía de hacer diez grados bajo cero. Las chicas se paseaban con esos tapados negros y largos con muy poca ropa debajo. Tenía que esperar, recién eran las once.&lt;br /&gt;El chofer no podía disimular la &lt;strong&gt;tensión a la sombra&lt;/strong&gt; de la pared trasera del local en la que lo hacían esperar con el motor apagado.&lt;br /&gt;-Toma lo tuyo. Volvete a Río Gallegos. No me conoces. Nunca me viste. ¿Está Claro? –le dijo al chofer. El hombre no le contestó. Ferrero estaba seguro de que le había quedado todo más que claro. Luego prendió un cigarrillo. Realmente hacía mucho frío. Entró tratando de parecer un cliente más. Seguramente no lo conseguiría. No había bajado de un auto caro ni usaba un reloj de oro. Tampoco invitaría tragos.&lt;br /&gt;Cerca de la barra había una &lt;strong&gt;televisión&lt;/strong&gt; muda que nadie miraba. &lt;strong&gt;Una pareja&lt;/strong&gt; reía: forzadamente ella y alcohólicamente él.&lt;br /&gt;Se acercó a la barra, pidió un whisky de los baratos con soda. Era horrible. Sobre todo porque ya no tomaba. Tampoco es que fuera un alcohólico. Eso le recordó por un instante que Laura ya no estaba. Rápidamente pensó en otra cosa. Hacía calor. Había mucho humo en el aire y ese olor rancio de la adrenalina mezclado con otras cosas que allí nadie se ocupaba en disimular.&lt;br /&gt;También vio un escenario, un micrófono y un aparato que parecía de los de karaoke. ¿Alguien usará esto aquí? – se preguntó.&lt;br /&gt;Preparó el número en el celular pero no hizo ninguna llamada. Le dijo al de la barra –Estoy buscando algo distinto.&lt;br /&gt;-¿Usted no es de por aquí verdad? –Y recibió como respuesta un “No” y seguidamente un “Buenos Aires”.&lt;br /&gt;-Bueno, hay chicas de Perú, de Paraguay... Mientras lo escuchaba vio una mujer muy alta y rubia, con el pelo recogido y que estaba de espaldas, sentada en una zona oscura. Se la señaló al cantinero.&lt;br /&gt;-No, esa es Tatiana, pero ella no trabaja, es decir, ella solamente canta.&lt;br /&gt;-Ah ¿Y qué canta?&lt;br /&gt;-Ya va a ver. Por ahí usted tiene suerte con ella… quién sabe. El cantinero le hizo una seña y la mujer, subió al escenario. Pulsó un botón en el aparato de música y comenzó a cantar.&lt;br /&gt;El viejo policía no pudo quitar la vista de los ojos grandes y azules de la mujer que cantaba en un idioma que no conocía, algo que parecía de amor, pero también triste.&lt;br /&gt;Le dio un poco de rabia que nadie le prestara demasiada atención. Cuando terminó, la mujer se acercó a la barra y le pidió al barman un vaso de agua. El policía no podía quitarle los ojos de encima a aquellos otros, como no los había visto nunca. La mujer lo notó y apartó los suyos como hacía siempre con los clientes del lugar pero eso duró muy poco porque aquella mirada no era como las que allí había conocido.&lt;br /&gt;-Muy bueno lo que cantó, aunque debo reconocer que no entendí ni una palabra -dijo Ferrero.&lt;br /&gt;-Es ucraniano -dijo ella con una media sonrisa- La canción se llama “Lo que tenemos que olvidar”.&lt;br /&gt;-Olvidar –dijo el policía sin dejar de mirarla y siguió -¿Por qué aquí?&lt;br /&gt;Cualquiera que los hubiera escuchado hubiera jurado que esa conversación había comenzado bastante tiempo antes.&lt;br /&gt;-Vine en un barco. Hace años. Siempre canté –respondió ella.&lt;br /&gt;-¿Vino sola desde tan lejos? –La mujer asintió pero se detuvo y no siguió hablando ese castellano recientemente aprendido. El policía entendió y no le preguntó nada más. Pero ambos se seguían mirando como si no pudieran dejar de hacerlo.&lt;br /&gt;Ferrero pensó que tenía que seguir con lo que lo había llevado hasta allí. Pulsó el botón de enviar y el teléfono hizo la llamada que había premarcado. No habló y cortó.&lt;br /&gt;Cinco minutos después las luces rojas del local se confundieron con las azules que proyectaban por los ventanales los autos de la policía.&lt;br /&gt;Los federales entraron, pidieron los papeles de todos. Siete menores extranjeras fueron sacadas de allí, entre otras mujeres. Que algunas fueran extranjeras era la excusa para que ellos estuvieran en ese lugar. Más tarde habría revuelo en la ciudad y mucha gente poderosa se pondría nerviosa. Harían llamados, pero eso no importaba ahora.&lt;br /&gt;Otro policía le dijo a Ferrero -¿A ella también la llevamos?&lt;br /&gt;-No, ella es cantante aquí. El otro hombre empezaba a dibujar una sonrisa pero la mirada de Ferrero provocó una mueca inconclusa.&lt;br /&gt;Cuando terminó de entregar citaciones y acabaron las detenciones Tatiana dijo: ¿&lt;strong&gt;No tienes más invitaciones&lt;/strong&gt;? El hombre confundido le preguntó ¿Invitaciones…?&lt;br /&gt;-Quiero decir, citaciones.&lt;br /&gt;¿Para usted? No, no ¿La acerco a algún lado o…?&lt;br /&gt;-Vivo en la ciudad. Puedo llamar un taxi…&lt;br /&gt;-No hay problema, la acerco.&lt;br /&gt;Siguieron mirándose.&lt;br /&gt;Al otro día también.&lt;br /&gt;Ella no volvió a Ucrania y él olvidó el boxeo.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-8418592471180558164?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=8418592471180558164' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/8418592471180558164'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/8418592471180558164'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/09/segundas-oportunidades.html' title='Segundas oportunidades.'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SqEKN1uM-sI/AAAAAAAAAow/3cjgkuDZWtw/s72-c/Noche2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-2064135824764018692</id><published>2009-08-18T22:54:00.005-03:00</published><updated>2009-08-18T22:59:50.391-03:00</updated><title type='text'>El centavo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La luz se filtraba por la persiana entreabierta. Luego de bostezar, Adolfo miró el despertador que marcaba las ocho treinta. El minutero señalaba una moneda de un centavo sobre la mesa de noche.&lt;br /&gt;Recordó que su avión de regreso salía a la una de la tarde. Tendría tiempo de comprar algo para Ana, su hija menor, que mañana estrenaría cinco años.&lt;br /&gt;En la puerta sonaron unos golpes nada corteses. Se puso la bata y preguntó quién llamaba.&lt;br /&gt;-Abra, es la policía -respondió alguien desde el otro lado.&lt;br /&gt;Al abrir, vio a tres hombres de civil que inmediatamente le preguntaron en alemán -¿Es usted Adolfo Wolf?&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Sotb32X_BcI/AAAAAAAAAog/2rPGfmVEHJE/s1600-h/Palacio.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 270px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5371487995616495042" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Sotb32X_BcI/AAAAAAAAAog/2rPGfmVEHJE/s320/Palacio.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;-Si -respondió lacónicamente, en la misma lengua que había aprendido de su familia de origen austríaco.&lt;br /&gt;-Está usted arrestado por el robo del Centavo.&lt;br /&gt;Sorprendido, les dijo que seguramente todo se trataría de un error. Por todo comentario le indicaron que se vistiera. Lo hizo con rapidez.&lt;br /&gt;Uno de los hombres tomó de la mesa de noche el centavo y dijo -Espero que no vaya a decirnos que esto también se trata de un error. Adolfo no se acordaba de dónde podría haber salido aquella moneda.&lt;br /&gt;En el automóvil en el que lo trasladaron logró que quien parecía ser el jefe le dijera que aquella moneda, el centavo, era una moneda valiosísima -“Parte de nuestra historia” -subrayo. Eso era lo que decían que había robado. De todas formas pensaron que les estaba tomando el pelo con su pregunta sobre la moneda.&lt;br /&gt;Mientras le hablaban no pudo dejar de ver, al detenerse en un semáforo, a una niña de más o menos la edad de su hija Ana, montada en una minúscula bicicleta rosada. Solamente él se percató del riesgo de ser atropellada que corría aquella criatura en medio del tránsito.&lt;br /&gt;Llegaron al edificio de la policía, una especie de Palacio, como muchos de los edificios de ese minúsculo país. El lugar en donde tuvo lugar el interrogatorio no se parecía en nada a lo que se podría pensar respecto de esa clase de lugares. Era un gran salón con muebles antiguos, cielorraso alto y unos ventanales formados por paños de vidrio rectangulares más pequeños, desde donde se podía ver el lago, a orillas del cual se encontraba aquella ciudad.&lt;br /&gt;Le preguntaron varias veces sobre lo qué había hecho desde su llegada, cuarenta y ocho horas atrás. Repitió hasta el cansancio que era químico y que se encontró allí -a mitad de camino de la ruta de ambos- con el representante de la firma para la que trabajaba, con el propósito de recoger unas muestras para llevar a su país. Le dijeron que el ácido clorhídrico con el que habían abierto la vitrina del museo en donde estaba el centavo, era de la misma composición que la de los frascos que habían encontrado en su hotel. De nada sirvió decirles que tenía un permiso para llevar esos preparados en el avión, gestionado por la empresa.&lt;br /&gt;Le dijeron que quedaría detenido y que un abogado de oficio lo defendería. No conocía a nadie allí, por lo que no se le ocurrió proponer otra cosa.&lt;br /&gt;El abogado que lo visitó por la tarde lo saludó con una inclinación de cabeza a la usanza de aquel lugar. No pudo distinguir si lo que aquella cara indicaba era una especie de sonrisa. El hombre se presentó y desplegó un grueso portafolios con papeles.&lt;br /&gt;Era alto, y bastante corpulento, pero no podría afirmar que obeso, por lo menos según lo veía desde la silla desde la que lo observaba. Bien peinado y de barba pelirroja muy cuidada. Los ojos grises le resultaron familiares. Vestía un traje príncipe de Gales con chaleco, perfectamente planchado, una corbata de terciopelo borravino enmarcada en una impecable camisa blanca. Adolfo habría jurado, sin verlos, que sus zapatos estaban muy bien lustrados.&lt;br /&gt;Luego de leerle la acusación con calma, el abogado le dijo que, si se declaraba culpable, la pena podría ser sensiblemente menor. Después de un rato de escuchar el recitado de normas y tecnicismos legales, el acusado inquirió.&lt;br /&gt;-¿Es que usted no va a preguntarme si soy inocente?&lt;br /&gt;-No es necesario -le respondió el abogado.&lt;br /&gt;Adolfo dijo con la toda la paciencia de la que fue capaz -¿Podría preguntarle por qué piensa eso?&lt;br /&gt;-Aquí está todo -dijo señalando la gruesa carpeta. No hay resquicio para dudas.&lt;br /&gt;-¿Qué es todo? Por lo menos podría escuchar cuál es mi versión de los hechos, respondió.&lt;br /&gt;-Pero no comprende que no es necesario…&lt;br /&gt;-Si usted no cree en mi ¿Cómo puedo pretender que me vaya a creer el juez?&lt;br /&gt;-Mi función es dictar una sentencia lo más justa posible -le respondió con una parsimonia que parecía formar parte de su personalidad.&lt;br /&gt;-¿Dictar sentencia, usted, quiere decir?&lt;br /&gt;-Si. Si no se lo dije antes, discúlpeme. Soy su abogado y su juez.&lt;br /&gt;-Pero...&lt;br /&gt;-Lo que le correspondería, en caso de ser hallado culpable, son veinticinco años de prisión por robo.&lt;br /&gt;-¿Veinticinco años por robar un centavo? Usted debe estar bromeando.&lt;br /&gt;-Aquí nunca hay robos. Además el centavo no es uno cualquiera, creo se lo han explicado.&lt;br /&gt;-¿Y qué es eso de que usted además de mi abogado en el juez?&lt;br /&gt;-Nuestro sistema judicial es expeditivo. Nadie se ha quejado jamás de parcialidad o injusticia.&lt;br /&gt;-Le repito que soy inocente. Pero eso da igual ¿Verdad? Si usted va a ser el juez… De todas formas hubiera esperado que por lo menos me escuchara antes de juzgar que soy culpable.&lt;br /&gt;-El hombre le respondió -¿Pero acaso lo he juzgado ya?&lt;br /&gt;-Su actitud me lleva a pensar que si lo ha hecho porque, solamente ha leído esos papeles que tiene ahí, dijo Adolfo señalando el portafolios del abogado-juez.&lt;br /&gt;-¿Eso es lo que piensa? -preguntó esta vez con cierta sorpresa aquel hombre.&lt;br /&gt;-Hubiera esperado que fuera usted más comprensivo. Tal vez escuchándome pueda descubrir algo que sus papeles no dicen, pero supongo que no tengo derecho a pedir eso.&lt;br /&gt;-Si ese es su deseo, adelante, por favor.&lt;br /&gt;El acusado contó todo lo que había hecho desde su llegada. Su trabajo, la gente que había visto y todo lo relacionado con la noche en la que supuestamente había sucedido lo que le endilgaban.&lt;br /&gt;Mientras hablaba, sobre el alféizar de la ventana, aterrizó un gran pato blanco. Adolfo se preguntó qué haría allí ese animal. Su interlocutor no pareció haberlo visto. Cualquiera se hubiera sorprendido, teniendo en cuenta que estaban en un tercer piso, según calculaba.&lt;br /&gt;-¿Dice usted que no sabe de dónde provino el centavo que estaba sobre la mesa de noche? Le pregunto el abogado pacientemente.&lt;br /&gt;-Puede ser que lo haya dejado allí el día anterior. Tal vez sea un vuelto de algo, no lo recuerdo.&lt;br /&gt;-¿Eso es lo que va a decir en el juicio? Le dijo el defensor.&lt;br /&gt;-Pero es la verdad. No recuerdo otra cosa.&lt;br /&gt;-Ya veo –dijo el otro hombre que siguió escuchando con mucha atención, eso no podía negarse. Adolfo creyó captar por momentos, algo de comprensión, pero nunca creyó haberlo convencido con su relato. El hombre se limitaba a mirarlo con esos ojos grises, como de bruma, dentro de la cual, imaginó, todo podía ser sospechoso.&lt;br /&gt;La sensación era sobrecogedora porque siempre había supuesto que por lo menos habría cierta empatía, forzada por la relación reo-abogado, pero él no la captó. Tuvo finalmente la sensación de haber sido ya condenado.&lt;br /&gt;Cuando terminó de decirle todo y no pudo recordar nada más, aquel hombre esperó unos segundos y con la misma serenidad que había manifestado desde el principio, finalmente le dijo, como sabiendo de antemano la respuesta - ¿Es eso todo?&lt;br /&gt;-El acusado se limitó a decir –Si, es todo.&lt;br /&gt;Bueno, entonces por el momento hemos terminado -dijo el abogado.&lt;br /&gt;-Ah, otra cosa más ¿Piensa usted que lo encuentro culpable?&lt;br /&gt;Adolfo no quiso contestarle ante lo inesperado de la pregunta y sobre todo de la respuesta que hubiera querido darle.&lt;br /&gt;Ante el silencio, aquel hombre tomó su reloj de bolsillo del chaleco y abrió su tapa de oro. Sobre ella había grabado en relieve un cordero de plata y detrás un estandarte que no alcanzó a ver bien. Le llamó la atención que al abrirse, el cordero quedaba mirando hacia su lado y no hacia su dueño como sería usual. Al levantar la vista observó que el hombre tenía la mirada fija en él, como si estuviera terminando de comprender algo.&lt;br /&gt;Se alejó de la silla con cierta majestad, le hizo la misma reverencia que cuando llegó y desapareció por la puerta.&lt;br /&gt;En un momento, dos policías lo llevaron otra vez al ascensor. Uno de ellos, el que iba atrás, cerca de él, dijo -Un gran hombre el señor abogado. Es admirado aquí por su forma de aplicar la justicia. Nunca se equivoca.&lt;br /&gt;En la calle y antes de subir al automóvil, pudo ver que un hombre de riguroso traje negro tiraba con una correa de cuero una vaca lechera que caminaba acompasadamente, lo cual debía ser habitual en esa ciudad porque nadie la miraba.&lt;br /&gt;El lugar en donde el coche se detuvo estaba frente a una plaza muy bien compuesta, de estilo francés, con arreglos de flores, formando dibujos dispuestos entre caminos, estatuas y fuentes. Tres ovejas comían el césped y no parecían prestarle atención a las flores que se veían bastante apetitosas.&lt;br /&gt;Ya en el edificio, lo introdujeron por un pasillo y vio las celdas. Aquello parecía más un establo, con paja en el piso, baldes y sogas colgadas de vigas de madera.&lt;br /&gt;-¿Acaso esperarán que me ahorque? –pensó Adolfo.&lt;br /&gt;En ese momento recordó que era claustrofóbico. &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SotcOxuD7FI/AAAAAAAAAoo/DrmCYjR0Zj8/s1600-h/granja.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 215px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5371488389503904850" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SotcOxuD7FI/AAAAAAAAAoo/DrmCYjR0Zj8/s320/granja.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Un escalofrío le recorrió la espalda cuando vio el grosor de los barrotes y la pesada puerta. Lo encerraron allí. El les gritó -¡Por favor no, que tengo claustrofobia! ¡Acérquenme a una ventana! -pero nadie hizo nada. Comenzó a traspirar, su respiración se agitó y creyó perder el conocimiento.&lt;br /&gt;La luz de la persiana lo despertó. Estaba absolutamente empapado en la cama del hotel. Esa pesadilla le había parecido muy real. Decidió que compraría cuanto antes el regalo de cumpleaños de Ana y que se iría de inmediato al aeropuerto. Ella quería esa granja de juguete que había visto en un catálogo con todos sus animales.&lt;br /&gt;Eran las ocho y treinta. El minutero señalaba la moneda de un centavo allí sobre la mesa de noche.&lt;br /&gt;En la puerta sonaron unos golpes nada corteses.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-2064135824764018692?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=2064135824764018692' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/2064135824764018692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/2064135824764018692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/08/el-centavo.html' title='El centavo'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Sotb32X_BcI/AAAAAAAAAog/2rPGfmVEHJE/s72-c/Palacio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-3560069562624952177</id><published>2009-08-01T10:22:00.002-03:00</published><updated>2009-08-01T10:24:55.809-03:00</updated><title type='text'>Desde lo alto</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Miró por el ventanal pero no vio el brillo de la costa, ni a las gaviotas. Lo que ese hombre de sienes grises observaba desde el piso 132 de la Torre de la Humanidad, sede del gobierno mundial, eran las nubes oscuras que se acercaban y los aviones de combate que custodiaban a lo lejos aquel conjunto de edificios. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SnRCC5pvO9I/AAAAAAAAAoQ/WtXSHxJ8h8k/s1600-h/Ganges_boys.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 220px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5364985673708157906" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SnRCC5pvO9I/AAAAAAAAAoQ/WtXSHxJ8h8k/s320/Ganges_boys.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Tenía sed. Quería un café o alguna otra bebida. Pidió simplemente que le trajeran “algo para tomar”. Ya se encargaría el asistente de acercarle varias cosas para elegir.&lt;br /&gt;-Sr. Presidente, lo esperan los representantes de la Corporación Minera del Pacífico. Creo haberle avisado que estaba presente el Consejero de Oceanía- dijo una voz que no salía de ninguna parte en especial.&lt;br /&gt;-Cancele todo eso, hágales espacio en la agenda… para mañana… o pasado. Llame al general Schwarz y dígale que pase directamente, por favor.&lt;br /&gt;Luego de 15 minutos de reunión, el general entró al ascensor pálido, lo que contrastaba con su habitual semblante rubicunda.&lt;br /&gt;El presidente del mundo se había sentado en uno de los extremos de la larga mesa de reuniones del Consejo. Se tomó la cabeza y cerró los ojos.&lt;br /&gt;Mientras le latían las venas de la frente recordó destellos de la carrera que lo había llevado allí: la sanción de la Constitución Mundial del 2121, en la cual había participado como redactor; su elección como Presidente en el 2130; la reforma que había propiciado para darle más ejecutividad al gobierno y la prórroga del mandato del Presidente por tiempo indefinido. Eso lo había beneficiado. Pero enseguida se corrigió y pensó que eso había beneficiado al mundo en su conjunto.&lt;br /&gt;La centralización en las decisiones en él, había acelerado considerablemente la solución de algunos problemas. Había sofocado las revueltas políticas, raciales y religiosas mediante todos los medios a su disposición. Todos. La paz general estaba por encima de circunstancias y aún de personas individuales. Y lo había logrado.&lt;br /&gt;Muchos gozaban de prosperidad. Unos más que otros. Eso sería siempre así pensó, mientras firmaba con su pluma de platino un montón de decretos ahora innecesarios. De todas formas –se dijo- con que una sola persona estuviera en mejor situación que antes de la reforma, ya habría habido un avance. Para eso había querido el poder y había hecho todo lo que estaba a su alcance para lograrlo. Algunos pensaban que era un tirano. No comprendían que lo que importaba eran los objetivos. Lo demás era secundario. La Humanidad debía sobrevivir al hombre.&lt;br /&gt;Ahí afuera estaban los representantes de las compañías mineras que querían un aumento de regalías de explotación del 0,6%. Eso significaría un encarecimiento de un 5,1% en el precio de los alimentos alrededor del mundo. Fundamentalmente alteraría el Bienestar, una de las premisas que había jurado defender al asumir su cargo. Cientos de millones de personas pasarían a ser más pobres con una simple decisión suya. Podría conceder el aumento o ser generoso y darles el 0,8% porque ahora todo daba lo mismo.&lt;br /&gt;Un vaso de jugo de naranjas estaba intacto a su lado. Ya no recordaba que se lo habían servido unos minutos antes, cuando había elegido entre veinticuatro clases de jugos de fruta del mundo.&lt;br /&gt;Pensó en lo que había dejado para estar allí. El gobierno del mundo lo exigía todo. No tenía mujer, ni hijos, más allá de alguna relación temporal como la que ahora mantenía con la Comisionada de Comercio. Atractiva, pero demasiado calculadora. Tal vez por eso la consideraba un sofisticado y peligroso entretenimiento.&lt;br /&gt;En la mesa tenía las proyecciones de producción de oro del próximo mes y el informe secreto del agotamiento de la última mina de uranio en Namibia.&lt;br /&gt;Se levantó y fue hacia su escritorio. Allí estaba el maletín acerado con el escudo del gobierno: cinco brazos entrelazados, que representaban a los continentes, con una paloma blanca en el centro. Pasó su mano por la esquina acerada pero la apartó ante la sensación rugosa y fría del metal.&lt;br /&gt;Desde lo alto contempló un mundo sin posibilidades de producir energía. En un mes se paralizaría la industria y el comercio. El pánico de apoderaría de las ciudades y millones morirían de hambre o de miedo. El Bienestar es algo a lo que nadie renuncia voluntariamente una vez probado. Ya no podía garantizar lo que todos querían.&lt;br /&gt;Bastante sufrimiento había habido en los últimos tiempos con las catástrofes naturales, las que probablemente fueran amplificadas por los conglomerados mediáticos, más allá de algún dato más o menos inquietante.&lt;br /&gt;En el horizonte, ya muy oscuro, un barco se alejaba de aquella isla fortificada ¿De qué le serviría ahora su carga o su rumbo?&lt;br /&gt;Había especulado con las fuentes alternativas de energía que -si bien habían progresado- no alcanzaban a cubrir las crecientes necesidades actuales. Había mantenido todo en secreto, solamente él y dos o tres personas de su confianza sabían lo del uranio. Había neutralizado las filtraciones en la prensa y en las redes. Ya tenía experiencia en esas neutralizaciones. Hace poco había dejado sin posibilidad de sustento económico a los fundamentalistas religiosos. Esos incultos que lo despreciaban por oponerse a sus creencias. No los odiaba, simplemente nunca había creído en ellos ni en sus ideas. Eran un obstáculo al Progreso. En los últimos meses se habían mostrado inusitadamente activos, según los informes de inteligencia. Parecían incluso haber ganado algunos adeptos.&lt;br /&gt;La lluvia había empezado a empapar los vidrios exteriores. Inexplicable en aquella época del año. La falta de luz fue compensada por los sistemas y notó que el flujo de aire parecía más cálido, tal vez para compensar el frío que vino con la oscuridad.&lt;br /&gt;Pensó en los niños de la India que se bañaban despreocupados en el Ganges y sintió pena por ellos. También se representó a los de la ciudad de Rosinha, vecina a Río de Janeiro, jugando al fútbol sin saber lo que sucedería. No podía permitir que sufrieran y no lo haría.&lt;br /&gt;Mucha gente había perdido la capacidad de soportar el dolor. El no iba a ser el espectador ni responsable del recomienzo de esos padecimientos. Nadie podría culparlo por evitar lo que de otra forma sería irremediable.&lt;br /&gt;Un relámpago iluminó toda la estancia y fue cegado por su resplandor.&lt;br /&gt;Un llamado de su asistente lo hizo reaccionar.&lt;br /&gt;-No estoy para nadie… por el resto del día.&lt;br /&gt;-Pero señor Presidente… el representante de…&lt;br /&gt;-No estoy para nadie.&lt;br /&gt;Se acercó a su escritorio y tomó el maletín metálico. Lo abrió y contemplo lo que sería el destino inmediato de los hombres que orgullosamente él forjaría.&lt;br /&gt;Introdujo las series de números: cuatro, cero, uno. Luego cero, cero, tres y finalmente dos, cero, cuatro. Con una sonrisa triunfal dio vueltas a la llave, presionando luego el botón rojo.&lt;br /&gt;Alrededor del mundo todos los misiles atómicos fueron disparados.&lt;br /&gt;Sin que fuera algo planeado, la primera bomba explotó en aquella isla. El fuego nuclear vaporizó los cristales que acababan de explotar junto al Presidente del mundo, cuyo último pensamiento fue que, por su causa, los niños de la India y de Brasil estaban dejando finalmente de sufrir.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-3560069562624952177?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=3560069562624952177' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/3560069562624952177'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/3560069562624952177'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/08/desde-lo-alto.html' title='Desde lo alto'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SnRCC5pvO9I/AAAAAAAAAoQ/WtXSHxJ8h8k/s72-c/Ganges_boys.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-3828267818856422580</id><published>2009-07-22T19:02:00.003-03:00</published><updated>2009-07-22T20:58:44.396-03:00</updated><title type='text'>La propia sombra</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-Está bien, no me voy a escapar, y además tenes mi pistola -dijo Garrido, el policía recién desarmado, elevando levemente las manos- a Juan Sosa, uno de los criminales más buscados del país, ex compañero de su brigada. La agitada respiración de ambos hablaba del breve forcejeo por el control de la Glock 9 milímetros que un aparente golpe de suerte había hecho cambiar de manos. El perseguidor ahora era el reo y viceversa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SmeM2wq8_lI/AAAAAAAAAn4/sIRJXXJtka4/s1600-h/9mm.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 217px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5361408753813749330" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SmeM2wq8_lI/AAAAAAAAAn4/sIRJXXJtka4/s320/9mm.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;-Te desarmé con facilidad a pesar de que pareces en buen estado físico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Debo estar un poco lento.&lt;br /&gt;-¿Cómo me encontraste?&lt;br /&gt;-Buscando.-Siempre fuiste perseverante. Pero no lo habrás hecho por amor a la justicia ¿O sí?.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No. Fue por amor al botín. Con los tres millones que te robaste podemos hacer muchas cosas. Además les hiciste creer a todos que yo era tu cómplice y con lo que me toca me voy a dar por bien pago.&lt;br /&gt;-Bueno, tenía que cubrirme. No era mi intención perjudicarte. Vos sabes cómo es esto -dijo Sosa con sorna.&lt;br /&gt;Pero algo estaba mal en lo que terminaba de decirle Garrido y con un leve temblor del arma, lo interrogó: -¿Quiénes son los otros que saben de la plata?&lt;br /&gt;-No pensarás que iba a venir acá sin cubrirme. En lo que no me equivoqué es en asumir que no venías armado a casa de tu novia. Supongo que a ella no le gustará. Consciente de su nerviosismo, Sosa dijo: -Bueno ahora se acabó, no hay caramelito ni final feliz para vos.&lt;br /&gt;-Tan mal no lo hice. Te encontré en la casa de esta novia, aunque también te seguí a lo de la otra.&lt;br /&gt;El otro hombre escuchó ese dato como si le hubieran robado algo del bolsillo y le respondió: -Esto se acaba ahora. No me dejas más remedio que matarte.&lt;br /&gt;-¿Estás seguro que se va a terminar? Los otros te van a buscar. Cuando tengan la plata no vas a valer un centavo.&lt;br /&gt;-Por última vez, Canta quiénes son los otros.&lt;br /&gt;-¿Para qué hablar si me vas a matar igual? Conozco lo que sos capaz de hacer y vine asumiendo el riesgo. Se te ve en la cara que aunque tenes la pistola no estás seguro. Creíste como siempre que tenías todo bajo control. Nadie tiene control todo el tiempo. Viste viejo, algunas veces las cosas se salen de lo previsto y no sabemos lo que puede pasar. Apenas se puede controlar la forma de la propia sombra -Terminó de decir Garrido, como atravesando el suelo con la vista.&lt;br /&gt;-A mi no me vas a hacer entrar en tus jueguitos psicológicos de primer año de la Escuela de Policía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero Garrido siguió: -Fue un error ir tan seguido a buscar fondos al escondite. Yo no voy a poder disfrutar del botín, pero vos tampoco.&lt;br /&gt;-¡Vos no sabes dónde está la plata! -dijo amenazante el ladrón.&lt;br /&gt;Pero ese grito, casi una explosión de furia, fue un triunfo para el policía a quien la muerte rondaba, pero no dijo nada, solo hizo una mueca, como una borrosa sonrisa involuntariamente enigmática.&lt;br /&gt;Sosa, apretando bien la mandíbula, continuó -Te jodiste vos mismo. Probablemente seas el único que sepa de mí y de la plata -Mientras hablaba gesticulaba moviendo la pistola.&lt;br /&gt;-Está bien, ganaste ¿Puedo fumar un último cigarrillo?&lt;br /&gt;-¡No! -respondió otra vez con furia el ladrón.&lt;br /&gt;-Bueno, estoy preparado -dijo el policía sin apartar la vista de su pretendido victimario. Sosa, al tacto, comprobó que había quitado los dos seguros y tiró para atrás el martillo de la pistola.&lt;br /&gt;Garrido supo ahora con seguridad que le iba a disparar.&lt;br /&gt;-Lo siento -dijo Sosa apuntado a un lugar exacto del pecho del policía, dando dos pasos hacia atrás y separando las piernas.&lt;br /&gt;Se escuchó un disparo y el fogonazo se reflejó en la habitación. Pero el sonido del disparo no era el esperado. Además Garrido no se había caído y no sólo eso sino que no se le notaba el impacto en el pecho.&lt;br /&gt;Disparó por segunda vez. El hombre que tendría que estar muerto o por lo menos herido, avanzó hacia él. Sosa pudo hacer un tercer disparo pero ya no hubo otro.&lt;br /&gt;El policía, aprovechando la confusión, preparó un rápido gancho derecho al mentón de su adversario como si fuera un boxeador profesional y consiguió derribarlo. Sosa parecía atontado más por la sorpresa que por el golpe y no se movió demasiado.&lt;br /&gt;En el suelo, Garrido lo dio vuelta sin problema y le colocó precintos en las manos detrás de la espalda y en los pies. Luego marcó un número en el celular.&lt;br /&gt;El hombre en el piso, después de maldecidlo, dijo -¡Balas de fogueo!- y no habló más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Te dije que te creía capaz de matarme. No me iba a arriesgar, sabes que tengo familia. Me desarmaste porque quise, así lo tenía pensado. Y no, nadie más sabe de vos ni de la plata.&lt;br /&gt;Poco después, los patrulleros dejaron su huella de luz azul y roja en las paredes de la casa y poco después se llevaban a Sosa.&lt;br /&gt;El policía salió a fumar un cigarrillo a la calle mientras pensaba que había logrado encontrar a aquel hombre tras dos años. Dos largos y pacientes años.&lt;br /&gt;No sabía en donde estaba el dinero, pero el nerviosismo de Sosa le había señalado inequívocamente que estaba en alguno de los pocos lugares que había visitado en la última semana. Para eso había hecho todo ese montaje y había dejado que le quitara pistola. Lo podría haber atrapado fácilmente o aún matado.&lt;br /&gt;Devolvería el dinero si lo encontraba. Siempre había pensado que no podría traspasar la línea de hacer algo como matar sin necesidad o quedarse con algo ajeno.&lt;br /&gt;Recordó con ironía todo lo que había hecho en esos dos años, hasta su entrenamiento con boxeadores y se detuvo ante el pequeño sermón que le había dado a Sosa sobre el control.&lt;br /&gt;En realidad todo eso se lo había dicho a sí mismo. Sabía que su afán de tratar de controlar todo era en el fondo una debilidad, una manifestación de inseguridad, aunque las cosas -esta vez- hubieran salido bien.&lt;br /&gt;Miró como las volutas de humo de su cigarrillo proyectaban sus lentas sombras sobre la pared blanca. Tuvo el impulso de modificar el trayecto errático del humo pero finalmente permaneció inmóvil, observándolo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-3828267818856422580?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=3828267818856422580' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/3828267818856422580'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/3828267818856422580'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/07/la-propia-sombra.html' title='La propia sombra'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SmeM2wq8_lI/AAAAAAAAAn4/sIRJXXJtka4/s72-c/9mm.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-495978149595908479</id><published>2009-07-10T15:59:00.004-03:00</published><updated>2009-07-10T16:03:16.126-03:00</updated><title type='text'>El descanso</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; El piano parecía no querer salir por la puerta que comunicaba la sala de estar con el comedor. María veía esa imagen como una síntesis perfecta del próximo abandono de aquella casa en la que había nacido. A su mamá le resultaba grande ahora que Julio se había ido a trabajar al interior y sobre todo porque su papá había fallecido unos meses antes. Pero de eso no quería acordarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SleQXIL30fI/AAAAAAAAAnw/WIRUAW6r6Wo/s1600-h/pucho.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5356909008789164530" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SleQXIL30fI/AAAAAAAAAnw/WIRUAW6r6Wo/s320/pucho.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Terminó de guardar platos y cubiertos en unas cajas, mientras observaba como Pucho, el Terrier de su padre, no entendía todo ese movimiento y la miraba como esperando una palabra de aclaración que no iba a darle porque también estaba confundida.&lt;br /&gt;Algunos de los muebles se quedarían allí porque no podían llevarlos. Eso se había arreglado con los compradores, quienes elogiaron algunas de las cosas, como el aparador con espejo biselado del comedor y la cama matrimonial. Era imposible hacerles lugar en un departamento como el que habían conseguido cerca de allí para las dos y para julio cuando volviera. Si es que alguna vez su hermano volvía, porque probablemente no pasaría mucho tiempo antes de que se casara.&lt;br /&gt;Nunca había sido tan consciente de que aquellas cosas que habían estado presentes desde siempre en su vida, bosquejaban una vida casi sin cambios. Pero eso era una mera ilusión. Desde que su padre había fallecido nada había sido igual en aquella casa. Pero apartó nuevamente eso de su memoria.&lt;br /&gt;Su madre parecía estar atareada con los preparativos de la mudanza. María creía que disimulaba cualquier manifestación de emoción para no preocuparla a ella.&lt;br /&gt;Esa noche, la última que pasaron en aquel caserón del barrio de Flores, fue muy especial. Su madre había preparado algo de comer para las dos con lo poco que había quedado en la cocina. La heladera ya no estaba, como la mayoría de las cosas.&lt;br /&gt;Luego durmieron en la cama matrimonial de su mamá. El camastro parecía más pequeño en la habitación semivacía. A la mañana siguiente cerrarían todo.&lt;br /&gt;Pucho casi no durmió. Creyó escucharlo durante la noche, con su respiración agitada, vagando por la casa. Quién sabe lo que pasaría por su cabeza.&lt;br /&gt;Antes de irse, María hizo algo que se dijo que no iba a hacer pero que no pudo evitar. Recorrió cada habitación, cada patio, como pasando lista a las cosas que pudieran haber quedado olvidadas. En realidad, lo que hacía era recordar las que ya no estaban. Al llegar a la sala de estar vio a Pucho debajo del sillón en el que su papá leía y escuchaba la radio cuando llegaba de trabajar. Siempre se escondía allí cuando él se sentaba. Recordó la pipa con ese tabaco de olor dulzón que el decía que “tenía chocolate”, cosa que nunca le había creído.&lt;br /&gt;Ella se había olvidado de que el sillón se quedaría allí. Pucho ladró cuando ella pasó cerca, pero casi sin pensar, apartó la vista del sillón y del perro.&lt;br /&gt;La mañana se estiró más de lo que hubieran querido mientras acomodaban las cosas. Les pareció que las escondían en vez de guardarlas en cajas.&lt;br /&gt;A eso de las dos de la tarde un vecino se ofreció a llevarlas al “departamento nuevo” como María lo llamaba. Les costó bastante convencer a Pucho de que saliera. Por nada del mundo quería salir de abajo del sillón de su padre que era otro de los muebles que se quedaría en la casa. Ante sus ladridos, tuvieron que cerrar todas las puertas interiores para que se diera cuenta de que ellas se iban.&lt;br /&gt;Esa tarde de domingo varios vecinos salieron a despedirlas. Como si todos hubieran estado esperando atentos el momento justo de la partida. Mamá pareció algo emocionada. Pucho se calmó un poco.&lt;br /&gt;Ya en el auto dejó de ladrar, aunque por momentos se le agitaba la respiración y dejaba escuchar levemente esos quejidos que siempre interpretábamos como de disconformidad o de sufrimiento.&lt;br /&gt;El departamento nuevo quedaba a más o menos diez cuadras de la casa y tenía una plaza cerca. Eso era bueno porque así podrían sacar a pasear a Pucho, lo cual era toda una novedad. Cuando se tiene una casa con patios como era la de ellos, sacar a pasear al perro era algo que casi no se hacía.&lt;br /&gt;Los primeros días no fueron fáciles. María iba al colegio. Ese año lo terminaba. Dejando a su madre sola se quedaba intranquila, sobre todo porque Pucho parecía desconocerlas a las dos y a su nuevo hábitat. Tenía un lavadero que, aunque pequeño, sería como su propia habitación. Pero él buscaba algo más. Se sentaba junto a la puerta por horas con esa actitud que tienen los perros cuando está por llegar alguien, que en este caso nunca llegaba. Lo cierto es que los tres estaban muy ansiosos e incluso madre e hija se despertaban de noche y amanecían cansadas. La tercera noche que durmieron allí, María se levantó a tomar agua. Al pasar por la puerta vio los ojos brillantes de Pucho, inmóvil en la entrada del departamento. Que le iba a decir, si ni su madre ni ella habían todavía terminado de adaptarse al cambio. No dejó de sentir pena por él.&lt;br /&gt;En el piso cerca de la puerta estaba la correa marrón con que su madre lo llevaba ahora a pasear. ¿Pretendería salir a la calle a esa hora? Serían como las tres de la mañana. Colgó la correa en su lugar y escuchó la respiración agitada y esos casi imperceptibles silbidos. El perro parecía mirar a través de ella, como viendo otra cosa o a otra persona.&lt;br /&gt;En los días siguientes las dos mujeres se despertaron de noche y el perro parecía no dormir. Eso nunca había pasado en la casa, según recordaba María.&lt;br /&gt;El sábado las dos se levantaron tarde y desayunaron mirando por la ventana. Con un poco de esfuerzo podían ver, -imaginar que veían- el techo de su vieja casa. Desde ese piso séptimo se divisaban varias cuadras de aquella zona todavía no invadida por los edificios de departamentos como en el que vivían ahora.&lt;br /&gt;María pensó, mientras miraba a Pucho, si a su padre le gustaría el lugar donde vivían, pero alejó rápidamente esa pregunta de su mente como quien se guarece de la lluvia repentina.&lt;br /&gt;El perro parecía cansado también, apenas había comido algo esa mañana. No era frecuente porque siempre lo había visto voraz por las mañanas.&lt;br /&gt;La tarde del domingo se acercaba lentamente. María quería salir un poco a caminar, a cualquier cosa. A eso de las cinco convenció a su madre para ir a caminar al sol, a tomar un café en algún bar frente a la plaza o hacer algo fuera de allí, las dos solas. Su madre asintió no muy convencida.&lt;br /&gt;Mientras se arreglaban, Pucho comenzó a ponerse nervioso, ambas escucharon sus cortos ladridos. Quién sabe si presintió que no lo llevarían con ellas.&lt;br /&gt;Al salir y antes de que su madre terminara de cerrar la puerta, Pucho corrió por la puerta entreabierta hacia el pasillo -¡Pucho!- gritó María -¿Dónde vas? Y se perdió por las escaleras. María volvió por la correa.&lt;br /&gt;Se veía que el perro quería salir también. Era comprensible.&lt;br /&gt;Al llegar a la puerta de abajo vieron a unas personas que cargaban bultos. Ninguna de ellas dijo haber visto al perro.&lt;br /&gt;Caminaron varias cuadras. Fueron hasta la plaza, les preguntaron a varias personas si lo habían visto pero no pudieron encontrarlo.&lt;br /&gt;Ya cansadas, volvieron al departamento a eso de las siete con una extraña sensación de vacío. No hablaron ni se dijeron nada. Tomaron un té frente a la ventana mientras el sol se ocultaba muy cerca de donde estaba la vieja casa.&lt;br /&gt;A eso de las ocho de la noche sonó el teléfono y María atendió.&lt;br /&gt;Al colgar, pensó unos minutos antes de hablar con su madre. Fue extraño sentirse detenida por la foto de su padre que descansaba sobre una mesita.&lt;br /&gt;Todo fue como lo esperaba. Su madre no hizo nada más que mirar al piso mientras ella le contaba lo que había sucedido.&lt;br /&gt;La que había llamado era una vecina de la vieja casa. Lo que contó no dejó de parecerle extraño pero fue como si siempre hubiera sabido que algo así pudiera pasar.&lt;br /&gt;Pucho al escaparse corrió las diez cuadras a la casa y saltando por una ventana se metió debajo del sillón que era de su papá quedándose allí. Los nuevos dueños que no lo conocían, trataron de sacarlo pero parece que Pucho les ladró muy fuerte y se asustaron. No hubo forma de sacarlo del sillón. Llamaron a la policía y ante la duda de que estuviera rabioso, lo sacrificaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche María y su madre comieron en silencio y prácticamente sin decir palabra.&lt;br /&gt;Luego durmieron muy profundamente y ninguna de las dos soñó nada. En adelante ya no se despertaron más de noche y descansaron.&lt;br /&gt;Pasados unos días, la madre de María encontró en una caja una foto de Pucho con su marido. Le pareció que era mejor que la que estaba en la mesita y la reemplazó.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-495978149595908479?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=495978149595908479' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/495978149595908479'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/495978149595908479'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/07/el-descanso.html' title='El descanso'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SleQXIL30fI/AAAAAAAAAnw/WIRUAW6r6Wo/s72-c/pucho.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-544224793305201169</id><published>2009-04-21T18:36:00.004-03:00</published><updated>2009-07-25T16:56:09.007-03:00</updated><title type='text'>El llanto de los perros</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ffff99;"&gt;Esto fue publicado en el taller literario virtual del Blog de &lt;/span&gt;&lt;a href="http://mariadecerca.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="color:#ffff99;"&gt;María C&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#ffff99;"&gt;. La consigna era utilizar la frase “Cabezón, cebate un mate” en el texto y salió esto que bien puede estar en este blog, para compartirlo con ustedes si es que no lo han leído.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Se49MumhMGI/AAAAAAAAAnY/Zw_kefwF4GU/s1600-h/fuego.bmp"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Se4-rXw3psI/AAAAAAAAAng/mImS35KKZ0M/s1600-h/fuego.bmp"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SmtjRi3ITKI/AAAAAAAAAoA/JoqdWM7SIhA/s1600-h/fuego.bmp"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 318px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362488934381669538" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SmtjRi3ITKI/AAAAAAAAAoA/JoqdWM7SIhA/s320/fuego.bmp" /&gt;&lt;/a&gt;Sentado frente a la pava, el Chango observaba las formas cambiantes del vapor que parecía amenazarlo creciendo hacia el techo, mientras trataba de imaginar qué decirle a ella cuando volviera.&lt;br /&gt;La tensión en sus ojos enrojecidos, el fuego, el humo de la leña y la ginebra, creaban una nebulosa imagen amarillenta y movediza sobre las encaladas paredes.&lt;br /&gt;Aquel rancho, casi invisible desde el camino vecinal, se derramaba en dirección opuesta al sol que se iba yendo, vacío de nubes, por el oeste.&lt;br /&gt;-¿Por qué la Negrita se empecina en llevarme la contra? Si sabe que me tiene agarrado y que me pongo como loco cuando se va a la mañana a la estancia de enfrente. Ahí están todos esos peones que la miran y piensan quién sabe qué cosas. Como si yo no me diera cuenta o no me importara. ¿Para qué trabaja? ¡Si no necesita nada! ¡Seguro que quiere comprarse trapos! Ya sabe que a mi me gusta así, limpita nomás y que me da igual lo que se ponga.&lt;br /&gt;Lobo ladraba afuera y rasguñaba la puerta con la pata derecha desde hacía horas, según le pareció a él. -¡Callate perro del demonio! ¡Te voy a dar en el hocico con el cinto si no te vas!- El perro enderezó las orejas al oírlo pero siguió con su quejido desacompasado que por momentos confundía al hombre, como si escuchara un llanto humano.&lt;br /&gt;-Que no me venga con que no le digo que la quiero. ¿Le parecerá que hace falta? Pucha que me da calor decírselo…&lt;br /&gt;-Aquella vez que la encontré hablando no se qué macanas con el puestero aquel y le pegué, después le pedí perdón y le dije que la quería. ¡Rojo me puse de la vergüenza que me dio! No la pude mirar a los ojos en todo el día. Igual se ve que me perdonó en serio porqué al rato me dijo: “¡Cabezón, cebate un mate!” Me acuerdo de las paces… Si… -Por un momento, el hombre aflojó los puños apretados que desplegaban, sobresaliendo de la piel gruesa, un entramado de venas hinchadas. Bajo esas manos, y en la mesa sin pintar, podía ver las vetas retorcidas de la madera, como caras humanas deformes que lo miraban con muecas murmurantes o acusadoras.&lt;br /&gt;-¡Al mediodía, comiendo solo, a veces me imagino que anda por ahí tirada en un catre con alguno de esos tipos! ¡Tu macho soy yo carajo! ¡Que se atreva a negarlo! Pero no puede. Nunca va a poder… -Su cara de orgullo al pensar aquello, le hubiera dicho más a su mujer que esas pocas palabras ahora gritadas- ¿Sabrá que me saco la bronca que me provoca hachando troncos? Ya tenemos leña de sobra para todo el invierno por su porfía.&lt;br /&gt;El perro seguía con su ladrido disonante. El Chango apuró otra ginebra. Si hubiera podido ver a través de la botella parda de barro cocido, se habría dado cuenta de que apenas quedaba un sorbo más y después nada.&lt;br /&gt;-No entiende, no se da cuenta de que no soporto que mire a otros hombres, que les hable. Desde hace unos días, ya no puedo sacármela de la cabeza ni un minuto cuando no está. Sabe que el pensar en que tiene cerca a otro me vuelve loco. Lo sabe bien. Pero igual discute como esta mañana y se quiere ir. Encima me llora y yo como un sonzo aflojo y la dejo que se vaya.&lt;br /&gt;Que quiere la plata para no se qué cosas, dice. Hiervo por dentro, me ciego y tampoco la puedo escuchar. Ni me acuerdo si hoy le grité o algo… En cambio cuando vuelve, cuando vuelve… ella sabe que soy otro. Negrita no te vayas más ¡No te me vayas…! -Se agarró la cabeza con las dos manos revolviéndose el pelo, moqueando.&lt;br /&gt;Afuera el viento arrastraba el humo de la chimenea y al ladrido del perro, el que no había dejado de rascar la puerta hasta descascarar la pintura verde, acusando al azul anterior.&lt;br /&gt;-¡Lobo salí de acá! ¡Te voy a dar con la hebilla! –El hombre se tambaleaba hacia la puerta, con los ladridos rompiéndole la cabeza, tratando de sacarse el cinturón de cuero al mismo tiempo.&lt;br /&gt;Adentro y sobre la cama, estaba la Negrita. El techo parecía mirarle el cuello abierto, y el reguero viscoso y ya frío señalaba -allí en el piso de cemento- al hacha muerta desde la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Si la obsesión fuera amor&lt;br /&gt;la muerte sería su acto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vill_Gates, Junio 2008.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-544224793305201169?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=544224793305201169' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/544224793305201169'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/544224793305201169'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/04/el-llanto-de-los-perros.html' title='El llanto de los perros'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SmtjRi3ITKI/AAAAAAAAAoA/JoqdWM7SIhA/s72-c/fuego.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-718479617144628023</id><published>2009-04-06T19:34:00.004-03:00</published><updated>2009-04-06T19:45:31.626-03:00</updated><title type='text'>La mano tendida (2da. Parte)</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;a href="http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/02/la-mano-tendida.html"&gt;Primera parte aquí&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Caminaban en la oscuridad y su sombra se iba alargando a medida que se alejaban de los faroles que cadenciosos pendían de los cables en las bocacalles. El viento en las hojas de los plátanos hacía que Adolfo se detuviera confuso a escuchar si alguien los seguía. Así, ocultándose y mirando de a ratos para atrás en esa semipenumbra, se golpeó en donde la frente se mezcla con el pelo, contra el filo de un cartel de “prohibido estacionar”. La sangre comenzó a manar lentamente.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SdqDyVC-MwI/AAAAAAAAAnQ/ivOXyY6q5ZM/s1600-h/Abasto.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321710810357969666" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SdqDyVC-MwI/AAAAAAAAAnQ/ivOXyY6q5ZM/s320/Abasto.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;El Pulga, sacó de su bolsillo un pañuelo blanco -casi inmaculado y perfectamente doblado- y se lo ofreció a su compañero que miraba esa mano como escuchando dirigida a él. Miraba ese cuadradito de tela y luego a los ojos del Pulga como esperando una explicación que lo sacara de la ignorancia de aquel ofrecimiento desinteresado. En el Hogar esas cosas no pasaban.&lt;br /&gt;-Toma esto, limpiate ahí- Le dijo el Pulga, que tuvo que señalarle la herida con el pañuelo. Finalmente Adolfo al tomarlo, no sin un gesto de desconfianza casi involuntario, le dijo -Tenemos que llegar al Mercado de Abasto y no queda muy cerca- Era cierto, pero el comentario respondió más a la incomodidad que a la necesidad del dato.&lt;br /&gt;La sangre cesó de brotar. Ambos siguieron caminando -cegados por el amanecer- mientras llegaban a la zona del Abasto, evitando la transitada avenida Corrientes.&lt;br /&gt;Los camiones cargados se agolpaban en las calles laterales del edificio que al Pulga le pareció gigantesco. Lo vio como un teatro, rodeado de artistas que se confundían en los verdes, amarillos y naranjas de las frutas y verduras que parecían moverse por si mismas, ocultando a quien las portaba.&lt;br /&gt;Mientras se acercaban a una de las entradas, el Pulga escuchó entre los ruidos de la gente y sus cosas, un extraño fraseo musical que se colaba por entre los bultos. La música del instrumento encajaba perfectamente con aquel lugar. Se quedó ahí parado pensando, como si recordara, lugares que nunca había conocido, evocados por la música alegre pero melancólica que hacían nacer de unas teclas redondas y muy pequeñas, los dedos gruesos de un hombre. El intérprete era alto y fornido. De tanto en tanto interrumpía la interpretación para saludar, dibujando un gesto con su gorra, a alguna mujer que tal vez no conocía.&lt;br /&gt;-Adolfo miró el efecto que la música causaba en su compañero y le dijo: - Es una verdulera.&lt;br /&gt;Su interlocutor no comprendió y le dijo- ¿Cuál? Es que hay muchas mujeres en el mercado.&lt;br /&gt;-No. Verdulera se llama el acordeón que está tocando- dijo Adolfo casi sin escuchar y señalando al intérprete a quien había venido a buscar.&lt;br /&gt;Don Antonio, puestero legendario del mercado, ahora tenía empleados que despachaban la verdura por él; era viudo y su acento italiano no había desaparecido luego de cuarenta años de haber abandonado Nápoles. Adolfo conocía la historia de boca del protagonista, que lo había acogido como empleado en el puesto en su escapada anterior, antes de que lo encontraran.&lt;br /&gt;Se acercó, entre el espacio que le dejaba la música de aquel instrumento que había empezado a conocer y se puso frente a frente al hombre.&lt;br /&gt;El músico al verlo, terminó la melodía con un melancólico y cadencioso fine.&lt;br /&gt;-¡Adolfo! –gritó entusiasmado.&lt;br /&gt;-Por favor don Antonio, que esta vez no quiero que me agarren.&lt;br /&gt;Al ver esa herida dijo el hombre -Vamos a que te vean la testa.&lt;br /&gt;-Es que no estoy solo, vengo con alguien del hogar también…&lt;br /&gt;-Ajá- dijo el italiano con los brazos en asa por detrás del acordeón, mirándolos como si hubieran hecho una travesura sin importancia por el hecho de haberse escapado. Miró al Pulga y le preguntó: -¿Cómo te llamas?&lt;br /&gt;-Marcos- respondió con mal disimulado pudor el Pulga, como si se hubiera desnudado algo de su alma allí mismo, en la calle, delante de todas esas personas desconocidas. Hacía mucho tiempo que nadie le preguntaba su nombre.&lt;br /&gt;Don Antonio se acomodó la gorra y les hizo una seña con la mano para que lo siguieran.&lt;br /&gt;Al llegar a la casa que Adolfo conocía, les dijo que esperaran allí. Ellos se sentaron en los sillones de hierro forjado del patio rodeado de jazmines del país que florecían y crecían en las paredes, sin que el dueño de casa las hubiese regado o podado jamás. El aroma suave y dulzón hizo que se quedaran dormidos, lo que duró poco. No habían pasado más que diez minutos y don Antonio ya estaba allí con una mujer de mas o menos la misma edad que él, con un vestido celeste y una bolsa en la mano. Tenía el pelo rubio rojizo atado por detrás en una trenza que le rodeaba la nuca y sus rellenas mejillas sonrosadas se hinchaban más aún con la risa de su saludo. Después de escuchar los nombres de los chicos decidió que Marcos se llamaba “Marco” y lo siguió llamando así.&lt;br /&gt;Le preguntó a Adolfo, que a todas luces parecía el mayor de los dos -¿Son hermanos? La pregunta tomó por sorpresa a los chicos, sobre todo a Adolfo que tratando de no quedar expuesto ante la pregunta de una persona extraña, respondió: Si es mi hermano- y al mismo tiempo atraía bruscamente al Pulga hacia él, de manera que sus brazos chocaron, mientras dejaba la mano en el brazo opuesto de Marcos.&lt;br /&gt;Si hay algo que Marcos jamás pudo olvidar fue ese gesto, más allá de las palabras. La mano casi de hierro de Adolfo que conocía muy bien, esta vez en una actitud que le era desconocida.&lt;br /&gt;Adolfo tomó conciencia de la situación, nunca había tenido un gesto semejante con nadie, y soltó a Adolfo, ante la risa contenida de don Antonio. Marcos quedó disimuladamente conmocionado y escuchó aturdidamente que la Sra. Ornella, así se llamaba la mujer, que les habló sobre un desayuno y que curaría la herida de Adolfo.&lt;br /&gt;Ambos fueron a la casa de la mujer que estaba pared por medio y se sentaron en silencio a desayunar, café con leche, pan con manteca y dulce de leche, en cantidades extraordinarias para ellos.&lt;br /&gt;Don Antonio volvió al mercado y ante la insistencia de la mujer en que descansaran en una de las habitaciones de sus hijos que ya grandes se habían ido de allí, se derrumbaron en las camas.&lt;br /&gt;Marcos se despertó horas después y no vio en la cama de al lado a Adolfo. Se levantó con cierta inquietud, abrió la puerta que daba a uno de los patios. Allí estaba él, hablando con don Antonio pero no quiso acercarse&lt;br /&gt;-No tenía usted porqué hacer esto, Don Antonio –dijo Adolfo.&lt;br /&gt;-Hijo no es nada. Cuando te llevaron me dio mucha pena. Además no había terminado de enseñarte a tocar mi acordeón…&lt;br /&gt;Adolfo rió y lo corrigió diciendo –Verdulera, don Antonio- mientras miraba el “&lt;a href="http://www.tenoreon.com.ar/grafica/elacordeon_2.php"&gt;&lt;em&gt;Anconetani&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;” de la marca escrito en el instrumento.&lt;br /&gt;-Si, es cierto que te lo había explicado…&lt;br /&gt;-Don Antonio, nos tenemos que ir… Necesitamos la plata.&lt;br /&gt;-No creas que me olvidé. Las deudas son las deudas. Hoy no se habla de eso, se quedan en mi casa hasta mañana –lo dijo con un tono imperativo, señalando el piso del patio con el dedo índice– Si llega a pasar algo, saltan por la pared a lo de Ornella. Esta noche comen y duermen como Dios manda en mi casa— agregó al final.&lt;br /&gt;A la noche la comida fue copiosa como el desayuno y Adolfo se dio cuenta que entre esos dos viudos había algo más que una mera vecindad y se alegró por Don Antonio ¡Cómo le costaría dejar ese lugar! Después se fueron a dormir temprano. Adolfo le dijo antes a Marcos: -Acá está tu pañuelo, la señora lo lavó.&lt;br /&gt;-Gracias. Ahora Adolfo empezaba a pensar en el misterio del origen del pañuelo ése, tan blanco, de la misma manera en que Marcos pensaba en el silbato que Adolfo llevaba colgado del cuello.&lt;br /&gt;-Pulga, lo de que somos hermanos que dije cuando vino la señora Ornella, en fin… yo… Vos sabés que no es verdad… lo que quise decir es que… Bueno… –Adolfo hablaba moviendo los puños cerrados pegados a su cuerpo, como inmovilizado por un enemigo más poderoso que él.&lt;br /&gt;-Está bien. Lo entendí. No me tenés que explicar nada.&lt;br /&gt;A Marcos no le importaba lo que Adolfo acababa de decir. El otro gesto era lo que le había quedado grabado.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente fueron con don Antonio, no sin antes desayunar y después despedirse de Ornella, al puesto en el Abasto. El hombre tomó un puñado de billetes de un cajón y le dijo a Adolfo –Esto es por tus dos semanas de trabajo acá y… esto otro a cuenta para cuando vuelvas.&lt;br /&gt;Adolfo tragó antes de poder responder, con mucho esfuerzo -Muchas…gracias. -Les va a servir para ese viaje largo que tienen que hacer. Ambos se dieron la mano.&lt;br /&gt;Marcos no pudo captar la fuerza del apretón de manos. Luego el hombre también le estrechó la mano a él y después se fueron.&lt;br /&gt;Caminaron por allí, con el alma más iluminada aunque no sin un dejo de tristeza.&lt;br /&gt;Los pasos se hicieron cortos a medida que se alejaban por esas calles llenas de olores frutales, y de cajones de madera, en donde se escuchaba la música de un acordeón melancólico, en un vals que había empezado a tocar un verdulero italiano en un puesto del mercado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;Nota: Si quieren leer una historia verídica del Acordeón &lt;strong&gt;Anconetani&lt;/strong&gt;, hagan click en el nombre arriba.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-718479617144628023?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=718479617144628023' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/718479617144628023'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/718479617144628023'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/04/la-mano-tendida-2da-parte.html' title='La mano tendida (2da. Parte)'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SdqDyVC-MwI/AAAAAAAAAnQ/ivOXyY6q5ZM/s72-c/Abasto.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-5486260906463020731</id><published>2009-03-29T15:18:00.003-03:00</published><updated>2009-03-29T15:20:58.227-03:00</updated><title type='text'>Los visitantes</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Sc-7-4FGlHI/AAAAAAAAAnI/hwnEY0f-MWU/s1600-h/Luces.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 293px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5318676373827916914" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Sc-7-4FGlHI/AAAAAAAAAnI/hwnEY0f-MWU/s320/Luces.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Laguna Grande había tenido un opaco esplendor, antes de que los trenes dejaran de llegar. Ya no quedaban, ni en el recuerdo, las formaciones que habían corrido por las vías cargando algodón, tabaco y pasajeros que -también ellos- habían desaparecido de los andenes como el polvo que se lleva el viento.&lt;br /&gt;El camino desde la ruta, de unos tres kilómetros de tierra apisonada, parecía haberse ensanchado por el tránsito de las camionetas de los canales de televisión, algún diario y de no pocos curiosos que venían desde pueblos vecinos.&lt;br /&gt;La plaza central, perfecto cuadrilátero, tenía como contrincantes al banco y al cine. Como impasible árbitro, San Martín se lucía en una estatua de a pié. Es que Laguna Grande nunca había llegado a ser un pueblo rico como para permitirse una estatua ecuestre en bronce del general libertador.&lt;br /&gt;Los pocos pobladores que quedaban allí se reían del nombre de su localidad. No sabían a cuál laguna se refería porque no había ninguna en cien de kilómetros a la redonda. Ni se habían tomado el trabajo de averiguarlo. En realidad, no les importaba, ahora que casi ya no vivía nadie, salvo ellos, tan pocos, que casi podían contarse con los dedos de las manos.&lt;br /&gt;Dos perros dormían en el medio en la calle 25 de mayo frente a lo que había sido una venta de maquinaria agrícola. Se sentían molestos por tener que levantarse ocasionalmente por el desusado tránsito de molestos vehículos.&lt;br /&gt;El cine estaba cerrado y el banco era ahora una confitería que por esos días estaba repleta. Alcira y Mateo se esforzaban en atender a toda esa gente que ya se había dado cuenta de que allí faltaban por lo menos dos o tres personas más para servirlos como era debido. Los dos trataban de contrarrestar el mal humor con una sonrisa, pero no lo conseguían. De todas maneras la gente no tenía otro lugar adonde ir y el café no era tan malo.&lt;br /&gt;A un par de tiros de piedra de allí, la estación de tren abandonada servía de refugio a un periodista que no se resignaba al polvo que su traje oscuro mostraría en el noticiero de las nueve de la noche. Entrevistaba a Braulio, un ex peón rural que gesticulaba contando: –Yo solamente vi las luces. Pero don Atanasio, que en paz descanse, llegó a contarme que había escapado de ellos.&lt;br /&gt;-¿Cómo se los describió?&lt;br /&gt;-Y mucho no dijo porque se murió.&lt;br /&gt;-¿Le contó algo de su experiencia en cautiverio?&lt;br /&gt;-No, no me habló nada de ese lugar Cautiverio que usted dice.&lt;br /&gt;Sobre la vereda de la plaza, Alcira ofrecía sus especialidades regionales: Dulce de calabazas, de moras, higos confitados y panes caseros -“que amasé con mis propias manos”- según les contaba a sus nuevos clientes, mientras ellos le preguntaban sobre los visitantes. Ella respondía con monosílabos mientras contaba las monedas del cambio y guardaba celosamente los billetes con que le habían pagado.&lt;br /&gt;En un desvencijado banco de la plaza un hombre de un diario regional trataba de hilar una historia coherente frente a un papel que veía borroso. La botellita de whisky casi vacía le había nublado bastante más que la vista y esta vez le costaba mucho redactar. Siempre se había jactado de que con dos o tres hechos –que eran lo de menos- podía crear una crónica atrapante y creíble. Pero el sol y la bebida no le estaban jugando una buena pasada esa tarde.&lt;br /&gt;En la cuadra siguiente, una reportera demasiado rubia y de tacos altos, se quejaba de que el almacén, el único que había, no tenía el agua mineral que ella solía tomar. Miraba una ristra de chorizos de campo como si fuera una serpiente que la amenazaba con la rugosidad oscura de su piel. Ramírez, el dueño, logró convencerla de que no iba a encontrar esa bebida en otra parte y aprovechó para venderle otra marca. Ella se fue tratando de evitar que sus tacos se hundieran en la calle de tierra.&lt;br /&gt;El hotel estaba repleto. Delia había tenido que pedir prestadas sábanas a sus vecinas. La mayoría eran de colores muy vivos y no se correspondían con sus respectivos juegos. Ella pensaba que mientas todo estuviera relativamente limpio no habría quejas.&lt;br /&gt;Al entrar en las habitaciones, los pasajeros no podían dejar de notar el olor a encierro y al limón de un desodorante de ambientes, de los más baratos.&lt;br /&gt;En lo que había sido un comedor, las luces iluminaban a una mujer que no parecía sentirse incómoda con las cámaras y los micrófonos.&lt;br /&gt;-Aquí tenemos en exclusiva a la Sra. Bermúdez que conocía estrechamente a quien comenzó con los avistamientos y que luego murió en circunstancias aún no explicadas ¿Podría decirnos lo que le dijo él antes de morir? –preguntó el entrevistador.&lt;br /&gt;-Bueno, yo era su vecina –respondió la mujer con un gesto cómplice y mirando a la cámara- El me contó que vio la bola de luz y que era muy grande. Si, muy grande. Apareció detrás de los eucaliptos a la entrada del pueblo.&lt;br /&gt;-¿Por qué no hay marcas en el campo de ese aterrizaje?&lt;br /&gt;-Es que Atanasio me dijo que la bola flotaba en el aire a unos metros, por eso debe ser que no se nota nada.&lt;br /&gt;-¿Le hizo referencia a los extraterrestres?&lt;br /&gt;-Bueno si, que lo habían querido llevar. Estaba asustado. Acá todos creemos que eso fue lo que lo mató. El susto. O tal vez algo que le hicieron ellos –diciendo esto último con un cierto dejo de aprensión.&lt;br /&gt;La mujer continuó hablando y los que estaban detrás de la cámara la escuchaban atentos, especialmente los habitantes del pueblo, congregados para asistir a la función, algunos de los cuales asentían con la cabeza como si escucharan a un niño recitando una poesía cursi en un acto escolar. Uno de ellos le hizo un chistido y ella dijo –Ah si. Quería aprovechar para llamar la atención de las autoridades de la zona para que asfalten el camino. En caso de una emergencia no podemos ir al hospital zonal, especialmente los días de lluvia en que todo se hace un barrial espantoso.&lt;br /&gt;El entrevistador pensaba en buscar una parte de terreno chamuscado para mostrar una imagen del supuesto lugar del aterrizaje. Pensaba que, en todo caso, resultaría fácil encender un poco de combustible en alguna mata de pasto por ahí y enfocar la cámara.&lt;br /&gt;La viuda Ortega cocinaba un puchero de gallina para los tres arrendatarios de habitaciones de su casa porque el hotel estaba lleno. No podía disimular su sonrisa. Pero estaba exhausta. Había corrido al pobre animal toda la mañana hasta poder atraparlo. Desplumarlo le llevó varias horas.&lt;br /&gt;En la plaza, alguien de un diario interrogaba a los vecinos y todos repetían las mismas palabras, que habían visto la luz fulgurante en la noche, que conocían al pobre Atanasio y que creían que su muerte estaba relacionada con los extraterrestres. Alguno se animó a decir que le parecía que eran perversos, fogoneado por las preguntas del periodista que buscaba quien le dijera que desde ese pueblo se urdía una invasión extraterrestre, lo que sería un excelente titular para leer por la mañana, mordiendo una tostada de pan con mermelada.&lt;br /&gt;A la noche, la rubia de los tacos salió a fumar un cigarrillo a la puerta del hotel. Miraba al cielo estrellado casi extasiada y preguntaba en voz alta un poco para si misma y otro poco para el camarógrafo gordo que la acompañaba -¿Habrá vida ahí arriba en el espacio? Es decir, ¿Gente como yo? El camarógrafo pensó, exhalando el humo de su cigarrillo, sin responderle, que sería mejor que no existiera esa clase de vida allí arriba.&lt;br /&gt;Y la Sra. Bermúdez lloraba para una radio la suerte de su amigo muerto, especulaba sobre los extraterrestres y la bola de luz, mientras por dentro pensaba que esa historia que todos los vecinos habían inventado, podría prolongar la vida agónica de ese pueblo por un tiempo más, a costa del pobre Atanasio que se había muerto de viejo y nada más.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-5486260906463020731?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=5486260906463020731' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/5486260906463020731'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/5486260906463020731'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/03/los-visitantes.html' title='Los visitantes'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/Sc-7-4FGlHI/AAAAAAAAAnI/hwnEY0f-MWU/s72-c/Luces.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-5137741238924684556</id><published>2009-03-09T18:31:00.002-02:00</published><updated>2009-03-09T18:35:02.449-02:00</updated><title type='text'>Vasos de cristal</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311289200972148530" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 125px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SbV9Y0tQLzI/AAAAAAAAAmw/aXIaIYLs0Ho/s200/Cristal.jpg" border="0" /&gt;Cada vez que camino por esa cuadra me parece verla, vestida con un impermeable negro y sus pasos cortos, como si escapara de algo, tal vez de la lluvia.&lt;br /&gt;No sé cómo comenzamos a ser amigas. Bueno, amigas. En realidad más bien esa clase de personas que de alguna manera coinciden en la vida por motivos tangenciales, como en este caso, los de vecindad.&lt;br /&gt;Me acuerdo que la conocí cuando mi madre, ya mayor, se mudó a aquel departamento de la calle Austria.&lt;br /&gt;Luisina vivía en el piso de abajo y ya era un personaje. Algunos la llamaban “la loca esa”. Creo que la máxima transgresión de la que pudieron acusarla fue la de cruzar al almacén en camisón con el impermeable encima y nada más, defecto imperdonable para los encargados de los edificios de mirada ociosa. Luisina no gastaba. No podría decir que fuera tacaña tampoco. Tal vez la infancia la fue moldeando para caer en esa trampa inevitable de la clase media que consiste en pensar siempre y solamente en el futuro.&lt;br /&gt;Si me invitaba con algo, lo hacía en tasas irrompibles o en vasos de plástico, de esos que señalan casi inequívocamente de una u otra forma que la vida pasa por un período de provisionalidad. Los vasos “buenos” estaban guardados y eran buenos de verdad, de cristal.&lt;br /&gt;Ella era enfermera y en un país como la Argentina llegar a tener varias propiedades siéndolo, no es tarea fácil. No invertía en su persona casi nada. Se vestía con ropa barata y con un gusto que no era el mío. Sin embargo todo en su casa parecía nuevo y sin uso, a fuerza de fundas en los sillones, alfombritas en los pisos plastificados y protectores en los picaportes dorados –“para que no se gasten con el uso”- decía.&lt;br /&gt;En todo lo que fuera conseguir cosas más baratas para la casa era una experta. A fuerza de caminar, había dejado su departamento muy bien puesto, en eso sí que tenía gusto.&lt;br /&gt;Luisina era así. Peso que tenía, peso que guardaba para poder comprar otra propiedad y se ve que los administraba bien porque llegó a tener tres departamentos. Por esa época, yo tenía una especie de inmobiliaria que consistía en el número de teléfono de mi casa y nada más. Llegué a ayudarla a alquilar los que tenía varias veces. Nunca le cobraba comisión. No hubiera podido. Yo ayudaba a mi marido con lo que sacaba y podía darles algún gusto a los chicos de vez en cuando. No me faltaba nada y no le iba a andar cobrando sabiendo como era.&lt;br /&gt;En un principio ella vivía con su madre que falleció al poco tiempo de conocerla y tenía una hermana que vivía en Curaçao.&lt;br /&gt;Y no era fea. Si se hubiera vestido mejor y pintado, poniéndose algo de vida en la cara, habría perdido ese aire algo desteñido que la acompañaba. Nunca supe si había tenido un novio o algo parecido. Nunca me habló de nada de eso y nunca se lo pregunté. Tal vez le hubiera venido bien tener un gato pero ella no hubiese consentido un rayón en el piso ni una cortina de voilé rasgada. Tampoco parecía tener amigos o amigas. Me hablaba de alguna prima a la que nunca conocí. En el balcón encerado tenía muchas plantas que había criado a partir de gajos arrancados de por aquí y por allá.&lt;br /&gt;Una vez me regaló una cartera. Fue una sorpresa porque además del gasto, le había acertado con el gusto. ¿Conocía mi estilo? ¿Sería acaso el de ella también y del que se privaba vaya a saber por qué motivos? Nunca lo supe. Luego de unos años de conocerla empezó a sentir unas molestias en el brazo izquierdo. Ella no le daba importancia al principio. Mientras conversábamos se tocaba el hombro pero después seguía como si nada. Después comenzó a inflamársele. A pesar de que se daba calor en la zona con una almohadilla que le insistí que se comprara, no parecía mejorar.&lt;br /&gt;Es que al final, aunque venga disfrazado, el cáncer se presenta y lo hace como Greta Garbo cuando bajaba de los autos y no se podía ignorar su presencia entre fotógrafos y luces.&lt;br /&gt;Yo sabía de su enfermedad porque varias veces fuimos al especialista. Sin embargo ella parecía negarla. Pero sin artificio, con la naturalidad que la llevaba a decir: “voy a ir a visitar a mi hermana en Curaçao cuando me sienta mejor”, cosa que nunca hizo ni hubiera hecho de estar sana porque gastar en un viaje de ese tipo no figuraba entre lo que se permitía.&lt;br /&gt;Un día me llamó para que la acompañara a su internación por primera vez en el Hospital Rivadavia. La sorpresa vino porque, según me dijo una de las hermanas que cuidaban a los enfermos allí, nadie la había visitado en los cinco días que estuvo. Le aclaré que yo no era familiar. Con la sensación de estar mintiendo un poco le dije que era una amiga.&lt;br /&gt;Cuando Luisina salió parecía estar un poco mejor y siguió con su vida. Iba a decir que normal para ella, pero creo que no soy nadie para juzgar si era normal o no.&lt;br /&gt;Iba al hospital en donde trabajaba, administraba lo que tenía, y seguía con preocupaciones sobre la pintura de alguno de sus departamentos, persiguiendo a algún electricista que no había cumplido un trabajo y cosas así. Pero eso no duró.&lt;br /&gt;La siguiente vez que fui con ella al hospital le pregunté al médico sobre el pronóstico de su enfermedad. Me dijo que no le quedaba mucho tiempo. Ella seguía hablándome como si todo eso fuera a pasar, como si estuviéramos tomando algo fresco en vasos de plástico y luego vinieran los de vidrio.&lt;br /&gt;Volvió a salir pero no por mucho tiempo. En la última internación, ya nadie hubiera podido decir que no le pasaba nada. Llegó a decirme -De ésta no salgo ¿verdad? No le contesté nada. Supongo que mi cara le habrá mostrado muchas cosas, no lo sé. Creo que le dije algo sobre si quería que le trajera un camisón más abrigado porque estaba haciendo frío.&lt;br /&gt;Se murió sola en aquel hospital porque en ese momento yo no estaba acompañándola. Tampoco hubo muchas personas en su entierro en el cementerio de La Chacarita. Supongo que alguna de esas pocas mujeres que estaban serían la prima y alguna compañera del hospital.&lt;br /&gt;Al poco tiempo viajó su hermana desde Curaçao. Era muy distinta a ella, parecía una mujer de mundo. Fumaba apoyando el codo es las caderas y se quedaba así mientras hablaba. No parecía preocupada por el dinero que obtendría de las propiedades de Luisina.&lt;br /&gt;Me dijo que su hermana le había contado sobre mi y me pidió que las vendiera por ella cuando la sucesión estuviera lista.&lt;br /&gt;Y así fue, pero a ella si le cobre comisión. Antes fue desprendiéndose de las cosas que Luisina había juntado con tanto esmero.&lt;br /&gt;A mi me quedaron los vasos de cristal.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-5137741238924684556?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=5137741238924684556' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/5137741238924684556'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/5137741238924684556'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/03/vasos-de-cristal.html' title='Vasos de cristal'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SbV9Y0tQLzI/AAAAAAAAAmw/aXIaIYLs0Ho/s72-c/Cristal.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-2681776477974281546</id><published>2009-02-08T18:15:00.001-02:00</published><updated>2009-02-08T18:18:18.112-02:00</updated><title type='text'>La mano tendida</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Casi nadie hablaba con Adolfo. Por lo menos no se podía hacer directamente sin exponerse a recibir un puñetazo en los lugares en donde dolía más. Los golpes en la cara eran los peores porque la vista de la sangre que probablemente se escapara por la boca o la nariz, era una invitación para que los preceptores preguntaran por el causante y eso tenía un castigo aún peor, que él mismo se ocupaba de retribuir después.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SY891r9NP3I/AAAAAAAAAmg/JRi9sg5GnJQ/s1600-h/escalera.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5300523278980169586" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 241px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SY891r9NP3I/AAAAAAAAAmg/JRi9sg5GnJQ/s320/escalera.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo único que se podía hacer era dirigirse a sus laderos y pedir una “audiencia” que casi nunca concedía. Era la forma de demostrarnos a todos los chicos de aquel orfanato que él era el más fuerte y por lo tanto a quién más debíamos temer, aún más que a los castigos de los preceptores.&lt;br /&gt;Y allí estaba yo pidiendo hablar con el, en el recreo largo después del almuerzo, en aquel sol de enero de 1962 -que en Buenos Aires suele tener de cómplice a la humedad- tratando de hablar con uno de sus compinches, guardaespaldas o lo que fueran. Guardianes que no necesitaba pero que lo hacían ver más poderoso y por lo tanto más temido.&lt;br /&gt;La tercera negativa de “audiencia” -creo que fueron tres, si- hizo que me decidiera. El estaba allí en un rincón del patio, con un ángulo de visión perfecta para controlarlo todo; para ver los movimientos de cada uno de los trescientos y tantos internados del instituto. Tenía siempre en las manos un silbato atado con un cordón rojo que hacía girar en el aire y que, con estudiada seguridad, guardaba en el bolsillo delantero de su camisa arremangada, antes de asestar a quien fuera, el primer puñetazo aleccionador.&lt;br /&gt;Caminé hacia él, ante la mirada incrédula de sus laderos, quienes supongo que me compadecerían por las consecuencias de hablarle o apenas sostenerle la mirada por más tiempo del que Adolfo mismo determinaba en cada caso; tiempo que solía ser breve y de consecuencias contundentes.&lt;br /&gt;Creo que es necesario aclarar que el tipo era excepcionalmente fuerte y me llevaba más de dos cabezas de altura, además de tener dieciséis años, tres más que yo. Ya nomás verle el cuello como el de un toro, hacía que los golpes anticipados por la imaginación doliesen más aún que los reales. Además parecía llevar los antebrazos tensos como para disparar la mano cerrada hacia donde fuera necesario.&lt;br /&gt;Era consciente de su fortaleza y realmente la tenía, vaya que si. Yo sabía defenderme bien pero a su lado parecía débil y mal alimentado. Además, a esa edad, a uno le parece que los más grandes tienen mundos de experiencia que los más chicos no hemos descubierto. En realidad la mayoría de los que estábamos allí no teníamos nada de mundo, salvo el especial, cercado y olvidado del instituto en el que vivíamos. Pero había alguien que no encajaba en ese patrón y era precisamente Adolfo. Él se había escapado y estado dos semanas afuera. Lo habían perseguido como si fuera un asesino peligroso y finalmente lo habían encontrado, con un cigarrito en la boca, en un puesto del Mercado de Abasto, mientras cargaba una bolsa, dicen que de zanahorias. Si no lo hubieran descubierto de improviso, seguro que se les escapaba. Justo por eso quería hablar con él. Era el único que lo había hecho y no había dicho cómo ni por dónde. Todos decían que le habían pegado para que hablara y que las marcas que tenía en la espalda eran por eso; varas de madera o correas de cuero que no habían logrado hacerlo hablar. Eso le agregaba un aura extra que lo convertía en alguien distinto, temido pero admirado. No importaba que lo hubieran atrapado después.&lt;br /&gt;Cuando me recibió lo hizo sin comprender mi atrevimiento. Y me preguntó, casi sin entonación interrogativa -Qué queres.&lt;br /&gt;Y yo, como no tenía mucho que perder -ya sabía lo que me iba a costar- le dije –Tengo que hablar con vos. Quiero preguntarte algo.&lt;br /&gt;Miró alrededor -allí donde nadie parecía estar mirando pero desde donde surgían todas las miradas, agazapadas, temerosas o aparentemente distraídas- y dijo -mejor te vas- levantando un poco el tono, como para que lo escucharan todos.&lt;br /&gt;En ese momento me acordé del papel arrugado que tenía en el bolsillo y tuve el valor suficiente para decirle simplemente “No”.&lt;br /&gt;Creo que fue más la sorpresa que la sensación de desafío lo que lo llevó a hacer lo que muy pocas veces hacía, me agarró del cuello de la camisa. Creo que incluso me levantó algo del piso y me miró tratando de descubrir qué tenía yo en mente.&lt;br /&gt;Luego de un rato, vaya a saber qué cosas pasaron por su cabeza, me dijo –Pulga, más te vale que desaparezcas de acá ya mismo porque…&lt;br /&gt;-Desde ese momento siempre fui para él “Pulga”. Pero le respondí -No. Tengo que hablar con vos.&lt;br /&gt;Me soltó y creo que antes de que llegara al piso me dio un puñetazo en el estómago con el que terminé en el suelo. Me ahogaba, pero no era la primera vez que recibía un golpe así. En esos lugares la sobrevivencia a los golpes es una de las primeras cosas que se aprende.&lt;br /&gt;Todos ahora miraban sin disimulo lo que pasaba. Adolfo buscaba a algún preceptor que lo hubiera visto pero no lo encontró.&lt;br /&gt;Yo tardé unos segundos en recuperarme. Parecía que nadie se movía e incluso que todos los sonidos inevitables en un patio hubieran cesado, como si alguien hubiera desconectado el volumen de una de esas películas que nos pasaban allí de vez en cuando.&lt;br /&gt;Me levanté y mirándolo a los ojos, a pesar de mi estómago, le dije. –podes molerme a palos si queres pero tenemos que hablar. La cara de Adolfo decía que su paciencia se había agotado. No se desafiaba a Adolfo de esa manera.&lt;br /&gt;Trató de asirme nuevamente de la camisa. Esta vez no fue deliberadamente al cuello sino que me tomó instintivamente de donde pudo. Lo hizo desde el bolsillo de mi camisa desde donde asomaba el papel; el que me había dado valor para llegar hasta ahí.&lt;br /&gt;Al notarlo, lo sacó y dijo teatralmente, como había hecho al principio –A ver qué tiene éste acá.&lt;br /&gt;Creo que me hubiera dejado matar por ese rectángulo blanco y escrito con prolija cursiva.&lt;br /&gt;Me acuerdo que grité, agarrado por esa mano que parecía de acero. Pensaba que ese papel era lo más valioso que tenía, lo único valioso en realidad -¡Devolveme eso! ¡Dame ese papel! Creo que me soltó para evitar que alguien pudiera ver que yo le gritaba. Además era evidente que tenía curiosidad de lo que podía significar aquella nota. Esa clase de cosas no se le escapaban.&lt;br /&gt;Miró hacia todos lados y sentenció en voz baja –En el baño de arriba, diez minutos después de que apaguen las luces, hoy a la noche.&lt;br /&gt;Todos volvieron a hacer como si nada hubiera pasado. Pero algo había pasado. Yo estaba “vivo” todavía y solo había recibido un puñetazo. Adolfo miraba a todos provocadoramente como diciéndoles “Acá no pasó nada. Sigan haciendo lo que sea que tengan que hacer” pero un observador atento hubiera notado que me siguió con la mirada preguntándose quién sería y qué tramaba aquel chico que se le atrevía de ese modo.&lt;br /&gt;Yo estaba feliz, poco me importaba saber cómo iba a salir del dormitorio por la noche con los celadores dando vueltas para llegar hasta el baño. Ni siquiera estaba seguro de lo que iba a hacer Adolfo pero había logrado lo que quería: que me escuchara. Lo que venía después ya se vería.&lt;br /&gt;Fueron la inconsciencia y la ansiedad las que hicieron que pegara un salto de la cama unos segundos después de que se apagaran las luces del dormitorio, un barracón interminable y oscuro, me vistiera rápido, abriera la puerta y corriera hasta el baño casi como un autómata. Allí me escondí en donde pude. Recuerdo todavía los pasos que se acercaban mientras el goteo de decenas de canillas mal cerradas hacía que no pudiera prestar atención a nada más que a esos ruidos desacompasados.&lt;br /&gt;Luego de un rato la puerta se abrió. El corazón me latía cada vez con más fuerza. Si me descubrían no iba a tener otra oportunidad para hablar con Adolfo.&lt;br /&gt;-Veo que viniste- Fue lo primero que dijo saliendo de la oscuridad y después siguió. -Que sea la última vez que me hablas así delante de todos porque… porque no va haber próxima vez. Me parece recordar que me mostró el puño cerrado.&lt;br /&gt;-Si me decis lo que quiero saber no va a haber próxima vez- le dije.&lt;br /&gt;No podía ver bien su cara pero, la curiosidad jugó bastante bien el papel que tenía asignado en aquella ocasión.&lt;br /&gt;-¿Qué es eso que tenías anotado en el papel? Es la letra de Alicia, la Secretaria del Director y ella no anda por ahí dando mensajes a los internos.&lt;br /&gt;-Si, es de ella- le respondí. Lo averiguó para mí, nos llevamos bien. El se quedó esperando más que eso y le dije.&lt;br /&gt;-Quiero que me digas cómo te escapaste porque tengo que salir.&lt;br /&gt;-Estás loco y no se porqué no te muelo a palos acá mismo. Bueno, no es el mejor momento, después me molerían a palos a mi ¿Qué pensas que soy, una monjita de la caridad? ¿Para eso me hiciste venir? Creía que ese papel tenía la dirección de algo importante&lt;br /&gt;-Si, para mi es importante.&lt;br /&gt;Adolfo me miraba dudando entre patearme o irse. No hizo ni una cosa ni la otra y se quedó allí parado.&lt;br /&gt;Hablaba para mi mismo cuando le dije monocorde -Sé que te escapaste por una ventana de arriba. Nadie sabe más que eso pero lo voy a intentar de todas maneras esta misma noche. Ahora.&lt;br /&gt;-No vas a poder bajar. Son dos pisos hasta la calle.&lt;br /&gt;-No importa, me las voy arreglar.&lt;br /&gt;Él seguía sin entender lo que había pasado y me dijo sin que sonara desafiante –No lo vas a hacer. No te vas a animar. Y se fue.&lt;br /&gt;A pesar de que hacía calor, recuerdo que sentí frío. Me creí solo como nunca lo había estado. Solo entre cientos de personas a las cuales no les importaba nada de mí y el único que podía ayudarme se acababa de ir. En realidad, él no tenía porque hacerlo. Cada uno pensaba en si mismo allí, no tenía por qué importarle lo que a mi me pasara.&lt;br /&gt;Entonces creí comprender que tenía que intentarlo, a pesar del castigo si me encontraban. Recordé lo que decían que le habían hecho a Adolfo pero no me importó.&lt;br /&gt;Tenía que llegar hasta esa ventana del piso de arriba. Todo parecía desierto pero la escalera estaba al final de un largo corredor. Una vez que saliera de mi escondite no tendría donde ocultarme, tampoco sabía si alguien estaría vigilando allí, al final del pasillo.&lt;br /&gt;Caminé tan despacio como pude, escuchando los propios pasos y mi respiración. No vi a nadie. La escalera fue fácil. La ventana que buscaba no tenía rejas. Tenía que ser esa.&lt;br /&gt;Desde allí no se veía nada más que la cornisa que llegaba hasta la esquina del edificio con el muro que daba a la calle enfrente, a una distancia considerable.&lt;br /&gt;Pensé que tal vez, si llegaba a la esquina caminando por la cornisa, podría encontrar por donde bajar. No tenía miedo pero no veía nada. Subí al alféizar de la ventana, desde allí mis zapatos viejos parecían amoldarse a la angosta cornisa de mampostería gastada y sucia del otro lado. Si caminaba bien pegado a la pared, tal vez podría lograrlo…&lt;br /&gt;Y fue así que resbalé -las palomas no solían dejar allí nada demasiado sólido- y mi mente se anticipó a la caída hacía algún lugar allá abajo.&lt;br /&gt;Cuando ya me preparaba para lo peor, la mano de acero que ya conocía me tomó del brazo como si levantara una pluma.&lt;br /&gt;Miré la oscuridad bajo mis pies y la cara de Adolfo mientras él me subía sin esfuerzo hacia la ventana. Allí preguntó ¿Qué es esa dirección del papel?&lt;br /&gt;Yo le respondí -Es donde posiblemente viva mi madre.&lt;br /&gt;Él cambió la cara perturbado. Algo como eso le pasaría a cualquiera de los internados. Casi ninguno conocía a sus padres. Adolfo tampoco...&lt;br /&gt;-Ya te había dicho que estabas loco ¿No es cierto Pulga? Eso queda en la provincia de Misiones, a medio país de aquí.&lt;br /&gt;-No me voy a quedar. Voy a ir aunque no sepa donde queda ese lugar ni vaya a haber nadie que me sostenga en el próximo resbalón.&lt;br /&gt;Él miraba confundido, hasta que -nunca pude comprender porqué lo hice- le dije –Veni conmigo.&lt;br /&gt;El miró me miró fijamente a los ojos, luego hacia abajo, parecía recordar cosas. Luego fijó sus ojos en algún lugar indeterminado, en la oscuridad del interior del edificio, como buscando a qué aferrarse para negarse a la propuesta y finalmente dijo: -Seguime y hace exactamente lo que te diga. Sacate los zapatos… -Y otra serie de instrucciones. Recuerdo bien que me caían las lágrimas, creo que él nunca lo notó.&lt;br /&gt;Y así nos escapamos.&lt;br /&gt;Caminando juntos en la oscuridad de la calle desierta a esa hora, iluminados por los faroles que se bamboleaban por el viento. Parecíamos hermanos que volvían de alguna aventura. Eso era precisamente lo que acababa de empezar.&lt;br /&gt;Nos fuimos los dos a buscar a mi madre.&lt;br /&gt;No hubo pacto, ni condiciones, simplemente nos fuimos. Nunca hubiera imaginado las cosas que tendrían que pasar antes de saber algo de ella.&lt;br /&gt;Pero esa es otra historia.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-2681776477974281546?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=2681776477974281546' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/2681776477974281546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/2681776477974281546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/02/la-mano-tendida.html' title='La mano tendida'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SY891r9NP3I/AAAAAAAAAmg/JRi9sg5GnJQ/s72-c/escalera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-6982629048601326111</id><published>2009-01-27T18:09:00.002-02:00</published><updated>2009-01-27T18:13:52.932-02:00</updated><title type='text'>Monstruos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SX9q68loV8I/AAAAAAAAAmY/wAHs08KW68E/s1600-h/Monstruo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5296069247739910082" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 242px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SX9q68loV8I/AAAAAAAAAmY/wAHs08KW68E/s320/Monstruo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Estar solo en el piso de abajo de su casa durante una noche de tormenta, no era una de las cosas que más le gustaran a Lisandro. Pero ahí estaba, jugando con sus autos en la alfombra gastada de la sala de estar.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SX9qK05kh7I/AAAAAAAAAmQ/_v4kyVzayeg/s1600-h/Monstruo.jpg"&gt;&lt;/a&gt;A través de la ventana, los relámpagos iluminaban el patio. El agua que mojaba la ventana, parecía deslizarse lentamente sobre la superficie del vidrio, proyectando extrañas sombras sobre las cortinas semitransparentes.&lt;br /&gt;Laura estaba arriba, viendo televisión, una película de esas de amor. Lisandro no entendía qué podría tener de entretenido ver a una pareja darse besos y hablar durante toda la película y que no pasara nada más. Era muy aburrido. Además su hermana, mucho más grande que él no iba a cambiar de canal. A veces no le gustaba tener cinco años. Nadie parecía hacerle demasiado caso.&lt;br /&gt;De todas formas no estaba muy tranquilo sentado en la alfombra y mirando de reojo la ventana ocasionalmente iluminaba. Trataba de contar los segundos desde el repentino aparecer de esa luz blanca y el trueno. Su padre le había explicado que el tiempo transcurrido entre la luz y el sonido indicaba la lejanía del relámpago y que incluso se podía calcular la distancia en donde había caído. Sería entonces terrible ver y escuchar el fogonazo al mismo tiempo. Probablemente fuera algo equivalente a la muerte. O por lo menos así lo pensaba el.&lt;br /&gt;Otra cosa que le preocupaba era que los truenos no lo dejaban escuchar aquellos otros ruidos, menos estridentes pero no por ello menos peligrosos: el sonido de los monstruos.&lt;br /&gt;Tenía miedo a los monstruos. Nunca había visto uno de verdad pero si en las películas. Su madre le había dicho una vez, lo recordaba bien, que los monstruos no existían. Las palabras exactas que había usado eran “…Hay animales peligrosos e incluso personas malas, pero monstruos como esos que te dan miedo, no existen”. Se lo había dicho mostrándole de dónde venían los ruidos que temía: una madera chirriante, por ejemplo, o un gato que caminando por el patio parecía -en una corrida fugaz- alguien que deliberadamente pretendía asustarlo. ¡Y cómo lo lograba!&lt;br /&gt;Un día vio que el cielo se había puesto negro, como si absorbiera toda la luz. Una capa de nubes espesa avanzaba y se tragaba el sol. Y después vino el viento y la lluvia, pero ningún monstruo.&lt;br /&gt;Ahora, los relámpagos se sucedían unos a otros y las gruesas gotas golpeteaban en las ventanas, no podía más que repetirse como si quisiera convencerse de que fuera cierto: “Los monstruos no existen” “Los monstruos no existen”. Tal vez ignorándolos con esa repetición de sonidos podría espantarlos. Pero ¡Qué tonto era! Cómo iba a espantarlos si no existían. Trató de seguir jugando con los autos, uno azul y otro, ambos iluminados por los fogonazos del cielo. Le pareció que esa luz fría y blanca podía llegar a quemarlo. Otro relámpago. Esta vez la distancia entre la luz y el sonido eran menores. No quería pensar que los rayos se acercaban a él. No, no quería.&lt;br /&gt;Ya no podía alejar los ojos del ventanal del patio porque en ese momento se apagaron todas las luces de la casa. Se quedó quieto. Otro trueno le indicó que la única luz que le permitía ver a su alrededor era la que venía del cielo. Se quedo allí, con la vista hacia arriba, mirando esa ventana que le daba miedo. Estaba pensando que ese momento no era el mejor para recordar a películas de terror pero algo que vio por una fracción de segundo -lo que duró ése relámpago- lo paralizó. Bajo el resplandor casi enceguecedor, algo descendía en el patio.&lt;br /&gt;Una figura muy alta, como un pájaro gigante y deforme, se posó allí, una vez que terminó de plegar unas alas como de murciélago.&lt;br /&gt;El sudor y la duda hicieron esos segundos interminables. Otro relámpago mostraba aquello frente al ventanal, como con una especie de capucha que probablemente escondiera unos malignos ojos atentos.&lt;br /&gt;-Los monstruos no existen- se dijo, aunque el latido del corazón le decía lo contrario. Intentó pararse pero no pudo.&lt;br /&gt;-Los monstruos no existen. Tendría que gritar para que viniera Laura. Si esa cosa llegara a entrar, probablemente me mataría pero no lo va a hacer porque no es real. Tiene alas y puede llevarme también pero los monstruos no existen. Si viene Laura también la matará a ella. No debería gritar entonces.&lt;br /&gt;Otro relámpago mostró a aquella figura como abalanzándose sobre el vidrio.&lt;br /&gt;Su maestra le había dicho también que ellos no existían. Quería salir corriendo y esconderse. Tenía miedo y no se podía mover.&lt;br /&gt;Solo escuchaba la lluvia y su respiración.&lt;br /&gt;-¿Lisandro dónde estás? ¡Se cortó la luz! -Gritó Laura, que había bajado lentamente por la escalera y se acercaba a la ventana.&lt;br /&gt;Pero a pesar de todo lo que rondaba su cabeza y el peligro en el que se encontraría también su hermana, se puso de pié al abrirse de golpe el ventanal evidentemente mal cerrado. El viento hizo que la cortina le tapara la cara. Todo estaba oscuro, el agua lo mojaba y le cerraba los ojos hasta que el siguiente relámpago hizo que lo viera.&lt;br /&gt;Frente a Lisandro estaba esa figura que ahora veía bien. Las alas verdes y la capucha se balanceaban hacia él.&lt;br /&gt;-¿Lisandro? ¿Por qué estás afuera? ¡Lisandro, no me asustes! -decía su hermana muy cerca. Lo pudo ver a la sombra de algo oscuro y verdoso.&lt;br /&gt;Lisandro miraba a su enemigo, mientras ambos -su monstruo y él- se mojaban en la lluvia.&lt;br /&gt;-¡Lisandro entrá que te estás mojando! ¿No tenés miedo?&lt;br /&gt;Sin siquiera darse cuenta de que se estaba empapando, él le respondió: -Ya no.&lt;br /&gt;Lo que allí había era una especie de toldo que se había desprendido de alguna ventana cercana por efecto del viento, hasta engancharse con un cable en el patio.&lt;br /&gt;Un monstruo que había sido derrotado por Lisandro. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-6982629048601326111?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=6982629048601326111' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/6982629048601326111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/6982629048601326111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/01/monstruos.html' title='Monstruos'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SX9q68loV8I/AAAAAAAAAmY/wAHs08KW68E/s72-c/Monstruo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-45576283962841373</id><published>2009-01-11T12:36:00.002-02:00</published><updated>2009-01-11T12:39:30.225-02:00</updated><title type='text'>Los sentenciados</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SWoEL3al0kI/AAAAAAAAAlw/Hyac2IzG6XE/s1600-h/arena+y+mar.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290045314200621634" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 240px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SWoEL3al0kI/AAAAAAAAAlw/Hyac2IzG6XE/s320/arena+y+mar.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Subía la cuesta empinada de la duna que iba hasta aquella cabaña veraniega con la mochila al hombro y la respiración agitada, que señalaba su furia más que el resultado del ejercicio forzado. Se enjuagó el sudor de la cara que fue a parar parte a su bermuda y parte a la arena caliente que la sorbió como un alcohólico al último trago de la botella o tal vez como lo hace un niño amamantado que toma con fuerza el pecho indefenso de su madre.&lt;br /&gt;Las sandalias se atascaban en la subida y los ojos mostraban el aire salvaje que siempre había tenido, ahora fogoneado por la pasión. Gritó para descargar todo lo que pasaba en su interior. Parecía que la brisa espesa de la tarde quisiera frenarlo, removiendo su pelo y su barba. Ella todavía no lo había visto pero si lo hubiera hecho, solo hubiera reconocido del Tomás que conocía, esos dientes blancos y parejos que brillaban aún más con el alarido, un quejumbroso sonido que se profiere mirando hacia arriba, al cielo, para que lo escuche quien lo tiene que escuchar y si fuera posible el resto del universo. Así fue ese grito esforzado, duro como las rocas de la playa.&lt;br /&gt;La puerta de madera barnizada, cubierta a medias por la luz que golpeaba de lleno sobre el techo, los árboles y los sillones de madera, era el último límite -ahora casi etéreo- que lo separaba de Marina.&lt;br /&gt;Ella lo vio llegar con el acompasado entrar y salir del aire de su pecho, tenso y mojado, traspasando el algodón negro de lo que tenía puesto. Pero no se detuvo en el detalle de la vestimenta. No en el puño en alto, ni en la mandíbula tensa y levemente temblorosa. No.&lt;br /&gt;Los ojos, la mirada de Tomás, eran un abismo negro que encerraba muchas cosas que ella no hubiera querido ver y que estaban allí. Era inútil retirar la cara para evitar que la imagen se fuera, como quien trata de escapar del flash de una cámara fotográfica que golpea con el velo de una momentánea capa de niebla brillante. Allí estaba todo y ella desnuda ante él. Un despojo distinto, el que no se puede ocultar con la ropa porque esas cosas no pueden taparse, tal vez si con alguna mentira que no estaba dispuesta a decir.&lt;br /&gt;Él ya sabía. No importaba cómo, ni quién. Y no lo iba a negar. Para qué si era cierto. Y escuchó aquellos gritos desaforados e implacables, que le sonaban con más fuerza al ver los brazos velludos y bronceados por el sol que se alzaban hacia ella como las garras de una fiera.&lt;br /&gt;-¡Por que tuviste que acostarte con ese tipo! ¡Vos sabés lo que estás traicionando! ¿No te importa que digan que sos una puta?- y muchas otras cosas. Pero no cualquier cosa. Así era Tomás.&lt;br /&gt;Era como un potro bien entrenado y como un jinete experto. Galopaba cuando era necesario, soltando la rienda para correr por la playa, como habían hecho los dos muchas veces entre la espuma blanca que volaba desparramada entre las patas veloces de los caballos. Pero cuando era necesario, el antebrazo fuerte que ella había acariciado incontables veces, jugando con los caminos que formaban esa venas hinchadas, entrecruzadas en aquel peculiar dibujo, ponía el ritmo justo al paso, manteniendo a voluntad la marcha. Por eso, no decía lo que no quería decir. No le estaba diciendo que era una cualquiera, ni que lo había traicionado a él, no. Y eso era una de las cosas que amaba de ese hombre. El sabía que había palabras irremediables de las que no se vuelve, caminos que no tienen retorno. Pero ahora había otros senderos posibles.&lt;br /&gt;Tomás la tomaba por el cuello y la presionaba en aquel grado justo, solamente conocido por ellos dos, antes de que la fuerza se convirtiera en otra cosa, en algo oscuro.&lt;br /&gt;Ella inmóvil, escuchaba y pensaba. Su cuerpo además le había ordenado que derramara lágrimas que mojaban la mano de él.&lt;br /&gt;-¿Por qué? ¿Por qué?- Le preguntaba Tomás que ya no podía decir más que eso. Había explorado en su interior las posibilidades que se le habían ocurrido: Que él tal vez no fuera suficiente para ella. Que simplemente lo había tomado como una aventura o que… otro montón de cosas que no lo conformaban en absoluto porque ya sabía la respuesta y la consecuencia.&lt;br /&gt;Allí como estaba, con la cabeza echada atrás, el pelo aclarado por el sol y esos ojos que dejaban de ser azules para mostrar inmediatamente otras cosas, Marina parecía indefensa. Y lo estaba. Ahora él se sentía capaz de ahogarla con sus propias manos.&lt;br /&gt;Con ese traje de baño celeste y el pañuelo enorme y colorido que usaba como falda, sus largas piernas parecían no sostenerla.&lt;br /&gt;No entendía por qué no le respondía, que no se rebelara, que no le exigiera que la soltara. ¿Acaso ella iba a dejar que la ahogara? ¿No se iba a defender de lo que podía ser fatal?&lt;br /&gt;Pero Marina seguía siendo fiel a si misma, dejando que la explorara por dentro, entregando todo lo que era, aún esas cosas que ella hubiera querido ocultar en los meandros del alma, en la mayoría de los casos accesible solamente a otra clase de luz.&lt;br /&gt;Ella habló y dijo –apenas como un formalismo- que, en aquella época, todavía ninguno de los dos estaba seguro del otro, Que había tenido miedo y que había sido débil. No dijo -aunque sabía que de todas formas no hacía falta- que aquel otro hombre en cierta forma la había contenido.&lt;br /&gt;Tomás dijo: -Vos sabías que ya estaba decidido. Deberías haberlo sabido.&lt;br /&gt;La supuesta fatalidad de aquel error de apreciación ya no podía cambiar lo que sabía que iba a hacer desde el momento mismo de entrar en la cabaña. Ella lo miró esperando lo irremediable.&lt;br /&gt;Afuera todavía estaba sobre la mesa el sombrero de paja que ella usaba y la mochila que él había dejado antes de entrar.&lt;br /&gt;Como si nada pasara o nada pudiera alterar aquel orden, las olas que se veían desde lo alto de aquel médano, dibujaban sus líneas blancas de espuma extendiéndose por ambos lados hasta donde se perdía la vista.&lt;br /&gt;Las golondrinas iban y venían a sus nidos en los parantes del techo, indiferentes a lo que ocurría detrás de la puerta cerrada.&lt;br /&gt;Él se había sentado y su respiración se hacía más lenta. Ya no la miraba. Su vista se había perdido, vagando por los entresijos de lo que desde hacía unos minutos ya era pasado.&lt;br /&gt;Marina con la delicadeza de la que era capaz, puso su mano sobre la cabeza de él y la dejó, casi inmóvil, flotando en aquel pelo oscuro.&lt;br /&gt;Tomás le dijo entonces -¿Por qué apenas me tocás y no enredás tu mano en el pelo cómo lo hacés siempre?&lt;br /&gt;La sentencia había sido pronunciada.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-45576283962841373?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=45576283962841373' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/45576283962841373'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/45576283962841373'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/01/los-sentenciados.html' title='Los sentenciados'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SWoEL3al0kI/AAAAAAAAAlw/Hyac2IzG6XE/s72-c/arena+y+mar.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-1971230784968661318</id><published>2009-01-02T10:25:00.004-02:00</published><updated>2009-01-02T20:55:03.681-02:00</updated><title type='text'>Maira</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SV4H7jK9_GI/AAAAAAAAAlo/JpYaG1AH0go/s1600-h/Acantilado.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5286671732214463586" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 237px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SV4H7jK9_GI/AAAAAAAAAlo/JpYaG1AH0go/s320/Acantilado.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El haz de luz azul del sellador eléctrico avanzaba lentamente sobre la piel sintética de la mano de Maira, quien miraba fijamente como iba desapareciendo el plástico sobrante de la reparación.&lt;br /&gt;-Ya es la tercera vez. Antes nunca te pasaba esto- le dijo Hugo mientras trabajaba sobre el dorso rosado de aquella mano izquierda, sin levantar la vista.&lt;br /&gt;-Me distraje al desenchufar algo en la cocina, Hugo. Una chispa me alcanzó. Pero no me dolió.&lt;br /&gt;Hugo la miró inexpresivamente. El cable del aparato eléctrico que había visto estaba chamuscado de una manera nada habitual.&lt;br /&gt;Los ojos azules de Maira bailaban mientras decía: –Estuve tratando de contar como lo hacía tu hija y pude llegar hasta cuatrocientos billones doscientos mil setecientos treinta y uno. Ahí lo dejé.&lt;br /&gt;-¿Para qué hiciste eso? ¿Cuánto tardaste? –dijo Hugo con una mueca que bien hubiera podido pasar por una sonrisa.&lt;br /&gt;-Me acordé de que a eso jugaba tu hija María. Tardé toda la noche mientras dormías. Y no me pareció divertido.&lt;br /&gt;Hugo recordó en un instante a María, a Sonia, su mujer y al virus inexplicable que las había arrasado junto a miles de personas hacía diez años.&lt;br /&gt;También recordó a María, su hija, aprendiendo a contar.&lt;br /&gt;Hacía unas semanas que Maira tenía un comportamiento extraño y le hablaba insistentemente de su hija. Además habían empezado esas quemaduras accidentales. Había revisado los sistemas de diagnóstico y no había visto nada anormal.&lt;br /&gt;Le había hecho la última actualización en el año 2087, solamente dos años atrás, aumentándole la capacidad de los bancos de memoria varias veces más que el modelo original de fábrica, además de otras mejoras menores. Como jefe de investigaciones de Sistemas de Rostro Agradable, pudo hacerse un modelo casi a medida.&lt;br /&gt;Maira lo ayudaba con todo lo de la casa, que le parecía más grande desde que su mujer y su hija no estaban.&lt;br /&gt;Revisó el dorso de la mano de Maira y dijo –Como nueva. ¿Será la última vez? Era conciente que una máquina no podía cometer ese tipo de errores. Modelos casi similares e incluso menos sofisticados los había en la medicina. También Eran pilotos de vehículos de transporte y hacían otras áreas en las que demostraban la inexistencia de errores. Salvo algunos de programación. Y eso aún seguía siendo humano, claro.&lt;br /&gt;-Habláme más de María.&lt;br /&gt;-Ya te he contado todo de ella, Maira.&lt;br /&gt;-Tiene que haber más.&lt;br /&gt;-En tu programación puse todo lo que pude recordar.&lt;br /&gt;-Pero tiene que haber más –dijo Maira con una voz que denotaba cierta impaciencia.&lt;br /&gt;-No hay nada más. María vivió solamente doce años.&lt;br /&gt;-Es que no es suficiente… Debe faltar algo. Yo he leído…&lt;br /&gt;-¿Qué leíste?&lt;br /&gt;-En los libros los padres abrazan a sus hijos y los besan; les cuentan cuentos antes de dormir, los llevan a la playa. También los alientan cuando se desaniman y se complacen con ellos cuando hacen las cosas bien.&lt;br /&gt;-El agua no te hace bien y no necesitás estudiar. Ya sabés lo necesario.&lt;br /&gt;Maira lo miraba con esos ojos que parecían verdaderos -aunque diferentes de los de su hija- mientras le decía: –Pero yo no puedo llorar como en los recuerdos que tengo.&lt;br /&gt;-No tenés esa capacidad. ¿Para que querrías hacerlo?&lt;br /&gt;-¿No te gustaría que me pareciera más a ella?&lt;br /&gt;Hugo no le respondió.&lt;br /&gt;-Ya sé que no puedo ser ella, pero pensé que te gustaría que me pareciera más porque sino, no puedo entender por qué me diste sus recuerdos.&lt;br /&gt;-Sos una buena compañía, Maira –dijo Hugo.&lt;br /&gt;-Si, lo se. Sobre todo cuando cae el sol y oscurezco las ventanas para que puedas ver el mar sin que te moleste el sol y me siento en la alfombra para hablar como lo hacía ella.&lt;br /&gt;Todo eso era cierto. La casa estaba construida sobre un acantilado a ochenta kilómetros de Mar del Plata. La vista desde la sala amplia le permitía ver el mar hasta el horizonte.&lt;br /&gt;-Así está bien Maira, todo está muy bien. No hay nada que pueda querer que no estés haciendo.&lt;br /&gt;Ella se retiró diciendo que estaría en la cocina.&lt;br /&gt;Pasó la tarde y después de la cena que Maira había preparado, Hugo se fue al pequeño laboratorio en el sótano para estudiar unos nuevos prototipos de piel artificial que le habían llegado. Los podría probar con Maira. Tal vez fueran más resistentes a la electricidad. Luego de unos minutos de estar allí la luz se cortó. El generador de emergencia se encendió y el panel de la pared le indicó con una alarma sobre un cortocircuito en la cocina y la activación del sistema de incendio.&lt;br /&gt;Al llegar vio el resplandor de fuego reflejado en el techo y a Maira en el piso con un cable en la mano, de la que salían fuego y humo blanco. Ella decía –“¿Qué más puedo hacer?” “¿Qué más puedo hacer?” hasta que de pronto ya no habló.&lt;br /&gt;Hugo, desconectó la energía, pero ya era tarde.&lt;br /&gt;¿La pena que sentía era por ella o por si mismo?&lt;br /&gt;¿Hasta dónde se podía forzar al destino? A él no le había bastado con las fotografías o filmaciones de su hija. Quería un poco más. ¿Era eso? ¿Solo un poco más?&lt;br /&gt;Entonces recordó a Xania, la robot con los recuerdos de Sonia, su mujer, que tuvo ese accidente fatal, al caer por el acantilado hacia el mar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-1971230784968661318?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=1971230784968661318' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/1971230784968661318'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/1971230784968661318'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2009/01/maira.html' title='Maira'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SV4H7jK9_GI/AAAAAAAAAlo/JpYaG1AH0go/s72-c/Acantilado.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-7207792057109391837</id><published>2008-12-21T12:54:00.006-02:00</published><updated>2008-12-22T18:00:25.050-02:00</updated><title type='text'>La hora del perdón</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SU5Y8Bb2uMI/AAAAAAAAAlg/_udDL2cYD2c/s1600-h/cipres.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5282257201152833730" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SU5Y8Bb2uMI/AAAAAAAAAlg/_udDL2cYD2c/s320/cipres.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;-Hola Luis ¿Fuiste a la oficina?&lt;br /&gt;-Hace tres semanas que no voy, ya sabés. Hoy me sentía un poco mejor.&lt;br /&gt;-Últimamente salís poco...&lt;br /&gt;-Fui a ver a Oscar Kraft.&lt;br /&gt;-Ah... ¿Cuanto tiempo pasó de aquello? ¿Diez, doce años?&lt;br /&gt;-Si, doce, más o menos.&lt;br /&gt;-¿Cómo te recibió? ¿Te trató bien?&lt;br /&gt;-Me hizo esperar cuarenta y cinco minutos. La secretaria dijo que estaba ocupado.&lt;br /&gt;-Podría haberte hecho pasar antes.&lt;br /&gt;-María, tal vez estaba ocupado en serio. Además no todo el mundo tiene por qué saber que tengo cáncer y que me estoy muriendo. Me hubiera gustado incluso que siendo mi mujer nunca te enteraras.&lt;br /&gt;-Voy a hacer de cuenta que no oí eso Luis.&lt;br /&gt;-Lo que pasó cuando trabajaba con él fue por mi culpa.&lt;br /&gt;-No todo. Pero ¿Para qué fuiste?&lt;br /&gt;-Para pedirle perdón.&lt;br /&gt;-Ese impulso tuyo de querer arreglar cuentas con todos ahora…&lt;br /&gt;-Si, siento que tengo que hacerlo. Tal vez sea algo egoísta porque nace a partir de una necesidad mía y no demasiado por lo que pueda haberle pasado al otro.&lt;br /&gt;-Si vas a pedir perdón, no creo te exijan mucho más que las palabras…&lt;br /&gt;- No te burles, es en serio. Por ahí se sintió afectado de alguna manera.&lt;br /&gt;-No me burlo. No creo que le haya importado mucho. Se habrá olvidado pronto después de que renunciaste. El tipo era bastante duro.&lt;br /&gt;-Eso parecía pero sé que no era así. Una vez me dijo… Nada, no importa.&lt;br /&gt;-¿Qué te dijo?&lt;br /&gt;- No tiene importancia.&lt;br /&gt;- Bueno, si empezaste a contarlo, terminá de hacerlo, por favor.&lt;br /&gt;-Me dijo, con esa forma medio solemne que tenía para hablar “Yo a usted lo quiero”.&lt;br /&gt;-Uh. Te iba a hacer la broma respecto a las preferencias del tipo, pero mejor no.&lt;br /&gt;-Mejor no. Te acordás que en ese entonces yo recién estaba empezando en aquella empresa y pensaba que el cargo de gerente me quedaba grande. Acabábamos de resolver un asunto bastante delicado y en uno de los pasillos de la fábrica mientras caminábamos él me dijo eso y después, supongo que para no sentirse incómodo, comentó algo así como que era bueno que el gerente general y el de un área se llevaran bien. Fue raro porque siempre nos tratamos así, de usted.&lt;br /&gt;-¿Y qué le dijiste?&lt;br /&gt;-Nada. Entendí bien lo que significaba eso y no lo iba a arruinar con algún chiste fácil.&lt;br /&gt;-No lo ibas a arruinar porque en ese momento el tipo era como tu viejo.&lt;br /&gt;-Habíamos quedado en que yo me casaba con vos pero no con tu parte de psicóloga ¿No? Pero ahora da igual. El asunto es que después empecé a exigirle cosas que él no tenía que por qué hacer. No por mi causa, por lo menos. ¿A mi qué me importaba que el tipo que hiciera negocios raros con uno del Directorio o que anduviera con la secretaria? Todavía me acuerdo de la foto que él tenía en el escritorio con los tres hijos. En realidad lo de los negocios nunca lo supe con certeza… y además no era cierto.&lt;br /&gt;-¿Cómo que no era cierto? ¿Cómo lo sabés?&lt;br /&gt;-Porque me lo acaba de decir. Los negocios los hacía el Director y él lo ayudaba con los contactos. Pensaba tener un respaldo si las cosas se ponían difíciles.&lt;br /&gt;-¿Te lo dijo él? Fue una especie de confesión. Vaya… Bueno el respaldo no le sirvió, el también se tuvo que ir de allí.&lt;br /&gt;-Creo que lo hizo para que quedara claro que yo estaba equivocado, nada más. -Tal vez. Lo de reprocharle el asunto de la secretaria, ya ves, no estuvo tan mal. Cuando la mujer se enteró no le hizo ninguna gracia. Me la encontré hace unos días, esta sola, según me dijo.&lt;br /&gt;-Pero no era la manera, María. Al fin y al cabo yo no era nadie. Oportunidades para decirle las cosas de otra forma no faltaban. El me contaba mucho. Lo que pasa es que yo era joven o más bien, más inmaduro que ahora.&lt;br /&gt;-Lo decís como si tuvieras setenta años y tenés treinta y ocho. Tiene sentido querer que los padres, reales o no, sean mejores. Vos querías que él fuese mejor.&lt;br /&gt;-Puede ser… pero yo también podría haber sido mejor. Metí la pata muchas veces.&lt;br /&gt;-Ahora me vas a decir que vos y la secretaria esa…&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;-Ah.&lt;br /&gt;-Y si hubiera pasado no te lo hubiera contado. Para qué. Pero ese no es el punto. Quise arreglar algo y por eso fui a verlo.&lt;br /&gt;- Yo a vos no tengo nada que reprocharte. Creo que lo sabés.&lt;br /&gt;-Mmm... Una vez me limpié las manos con grasa del auto en las toallas de hilo del baño chiquito.&lt;br /&gt;- Si, ya lo sabía. Las tiré. Las manchas no salieron.&lt;br /&gt;-Nunca me dijiste nada.&lt;br /&gt;-¿Para qué? Recuerdo bien todo lo que había pasado ese día. No te iba a agregar más problemas por unas toallas, por muy bonitas que fueran.&lt;br /&gt;-Gracias mi amor.&lt;br /&gt;-De nada. Bueno y cómo siguió lo de Kraft.&lt;br /&gt;-Después de contarme lo de los negocios de los directores, se levantó a acompañarme a la puerta. Se lo veía cómo abatido o abrumado. No entendí bien.&lt;br /&gt;-¿Pero que te contestó cuando le pediste perdón?&lt;br /&gt;-Que tenía que seguir trabajando. Se levantó y me acompañó a la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella rememoró toda aquella conversación de hacía tres semanas mientras trataba asimilar lo que le había dicho Oscar Kraft allí, en el entierro de Luis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La última vez que vino a verme no me animé a decirle que le agradecía muchas cosas que había hecho por mí, María. A pesar de los problemas yo… lo… apreciaba. A la semana de su visita fui a pedirle perdón a mi mujer y… bueno ahora decidimos vernos seguido. Quien sabe.&lt;br /&gt;- Se lo ve muy bien Oscar. Gracias por venir&lt;br /&gt;-No gracias a él. No sabía que estaba enfermo, no me lo dijo… No dejes de llamarme si necesitás algo. Lo que sea.&lt;br /&gt;-Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras un montón de imágenes y sentimientos encontrados la aturdían, María pensó que Luis no se había equivocado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-7207792057109391837?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=7207792057109391837' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/7207792057109391837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/7207792057109391837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/12/hola-luis-fuiste-la-oficina-hace-tres.html' title='La hora del perdón'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SU5Y8Bb2uMI/AAAAAAAAAlg/_udDL2cYD2c/s72-c/cipres.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-1796635175874144847</id><published>2008-10-08T07:24:00.003-03:00</published><updated>2008-10-08T07:29:14.973-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='sangre'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='policía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hijos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cárcel'/><title type='text'>Escape</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SOyLZ6OEkII/AAAAAAAAAbo/5856OCxirRc/s1600-h/noche.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5254728142475792514" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SOyLZ6OEkII/AAAAAAAAAbo/5856OCxirRc/s320/noche.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; -¿Y que le vas a decir a Darío? -dijo Irene mientras terminaba de zurcir un pantaloncito azul gastado y remendado muchas veces en el mismo lugar.&lt;br /&gt;-No sé, no me preguntes. –fue la respuesta de Rubén, apartando la cara y apretando los puños como dos mazas, sin darse cuenta.&lt;br /&gt;-Deberías haber pensado antes de… hacer eso que hiciste –dijo la mujer como en un reproche inusual en ella.&lt;br /&gt;-Tendría que haber pensado muchas cosas antes de hacerlas –respondió él mirándola esta vez a los ojos de una manera casi salvaje y con un sentido inequívoco.&lt;br /&gt;-Ella acusó el golpe pero sin moverse siguió dando puntadas a la tela. No pudo evitar, lo habría intentado de haber sido posible, que se le escaparan dos lágrimas, que finalmente apartó como queriendo que desaparecieran y que él no notara.&lt;br /&gt;-Soy un animal –pensó Rubén- Cómo le voy a hacer creer que me arrepiento de estar con ella.&lt;br /&gt;La única persona que en su vida lo había acompañado en las buenas y en las muchas malas estaba allí sentada, llorando.&lt;br /&gt;Irene nunca le había gritado, ni lo había acusado de nada, ni le había dicho que era torpe como otras, simplemente lo había querido así como era. La única que podía serenar su furia contenida con un silencio o que entendía sin que él explicara nada.&lt;br /&gt;Finalmente le dijo, parándose a mirar por la ventana hacia la calle mal iluminada –No me hagas caso. Sabés cómo soy– Nunca le había pedido perdón a nadie. Esa era la manera más parecida que tenía de hacerlo.&lt;br /&gt;La mujer lo miró allí parado. A pesar de que le había dolido lo que había dicho, sabía que la quería. Eso había sido solo una demostración de que estaba nervioso y que lo que venía era terrible para él, para todos. La figura de su espalda enorme, recortada por la luz de mercurio de afuera, le devolvía la imagen de un hombre casi derrotado.&lt;br /&gt;Antes le había dicho que se bañara y se afeitara para dar mejor impresión. Además le había planchado la única camisa decente que le quedaba. Una celeste lisa que ella le había comprado.&lt;br /&gt;En ese momento se preguntó por qué lo quería. Y allí frente a ese hombre no demasiado alto, pero muy fuerte, se daba cuenta que junto a él tenía una indescriptible sensación de protección y seguridad, desde la primera vez que lo había visto, cómo si nada pudiera pasarle estando a su lado.&lt;br /&gt;Siempre se había asombrado al ver esas manos enormes tocarla, cuando sabía que podían herir y hasta matar… y acaso lo habían hecho. Tal vez lo que los otros temían de él fuera lo que ella más quería ¿Estaría loca por eso?&lt;br /&gt;Pero todo se iba a acabar en media hora o menos. Se quedaría sola, sola con su hijo de cinco años. Sola… sola…&lt;br /&gt;Empezó a temblar y tomó conciencia de que su mano fría había pinchado con la aguja a la otra. Una gota roja y pequeña comenzaba a crecer allí. No fue consciente del quejido que dejó escapar pero él si.&lt;br /&gt;Rubén se acercó y al ver la sangre, a pesar de la mortecina luz que dejaba ver la mesa vacía, le tomó la mano, y puso la pequeña herida en su boca.&lt;br /&gt;Ella casi podría decir que la había curado de muchas maneras porque esa sensación de protección volvió a ella casi de inmediato. Y le pidió que la abrazara pero deliberadamente no le quiso decir “por última vez”.&lt;br /&gt;El tiempo pasaba y él era consciente de eso.&lt;br /&gt;Rubén le besó la frente hasta que le dijo –Traélo a Darío.&lt;br /&gt;-Ella no dijo nada y fue a buscar al chico.&lt;br /&gt;El se arrodilló para estar a la altura de su hijo.&lt;br /&gt;-Papá ¿Te vas a ir?&lt;br /&gt;-Si.&lt;br /&gt;-¿Cuándo vas a volver? Los chicos de la escuela dicen que vas a ir a la cárcel porque sos malo.&lt;br /&gt;Nunca se había considerado a si mismo de ese modo. Había aprendido desde chico, de quien lo había criado, que la gente mala era la que hacía cosas malas y ahora, de boca de su hijo, se veía como un mal hombre. Tal vez si se hubiera dado cuenta antes de robar aquella primera ferretería o de matar al guardia… Hubiera querido que nada de eso hubiera pasado pero era tarde y ahora había hecho lo que creía mejor para ellos dos. Quería que estuvieran bien y además apartarlos de él para no hacerles daño. No, no encontró nada en su vida que le interesara, salvo esas personas que estaban allí.&lt;br /&gt;-Darío, solo quiero que recuerdes una cosa. No importa lo que te hayan dicho ni lo que te digan. Tenés que saber que te quiero -y lo abrazó. El abrazo fue tan fuerte que casi podría haberle hecho daño. Pero ni él ni su hijo fueron conscientes de eso.&lt;br /&gt;-Papá, yo también te quiero mucho y te voy a esperar para siempre.&lt;br /&gt;Rubén escuchó aquellas palabras como si fueran una pequeña esperanza y en cierto modo una forma de escape, distinto a los otros que había vivido.&lt;br /&gt;Le hizo a Irene una seña para que se lo llevara, como habían quedado, a casa de una vecina. La policía llegaría en cualquier momento. El la había llamado para entregarse y no quería que Darío viera todo.&lt;br /&gt;Al ponerse de pie, respiró profundamente. Lo que había decidido hacer era duro, tal vez jamás regresaría. Pero ahora tenía fuerzas para enfrentarlo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-1796635175874144847?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=1796635175874144847' title='21 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/1796635175874144847'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/1796635175874144847'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/10/escape.html' title='Escape'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SOyLZ6OEkII/AAAAAAAAAbo/5856OCxirRc/s72-c/noche.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-2927891014893843979</id><published>2008-10-01T19:20:00.003-03:00</published><updated>2008-10-01T19:23:00.699-03:00</updated><title type='text'>Dejar el mar</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SOP4Ggo9_dI/AAAAAAAAAbY/PsN94OjTT48/s1600-h/Sunset+2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5252314381168803282" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SOP4Ggo9_dI/AAAAAAAAAbY/PsN94OjTT48/s320/Sunset+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Apoyado en la baranda de popa de aquel buque, veía como se alejaban la estela espumosa y el sol hacia la ciudad que había dejado ya por cuarta o quinta vez. Liverpool no era tan atractiva, como la mujer que había conocido allí.&lt;br /&gt;El día anterior a embarcar, todo había girado en torno a una foto que Bridget, una inglesa de ojos verdes y tal vez algo rolliza para los cánones rioplatenses, había querido darle y que había rechazado. La imagen la mostraba en la puerta de la tabaquería de sus padres. El castaño de su pelo parecía pelirrojo al ser atravesado por el sol esquivo de aquella ciudad.&lt;br /&gt;Había rechazado la foto con el argumento de que no le gustaban. Cada vez que miraba una no percibía la alegría, el frío, ni la pena tal vez oculta tras una cara aparentemente apacible. Lo que ocurría realmente en el momento exacto en que la película capturaba esos fortuitos rayos de luz, decía él, no estaba presente.&lt;br /&gt;Sin creerle del todo, ella había buscado en los bolsillos interiores del gabán que llevaba puesto como ahora, para ver si en llevaba la foto de algún familiar o de otra mujer y desmentir aquella idea. El recordaba incluso la sensación de plácida desnudez que le había producido que lo palpara, allí sentados como estaban en un Pub con poca luz y olor a humo de cigarrillos baratos.&lt;br /&gt;Su cara barbada había sonreído por la cálida proximidad que ella le había provocado con esa espontánea revisión, pero enseguida apartó una idea de su mente.&lt;br /&gt;Toda esa charla respecto de las fotos había sido una excusa. Poseer esa imagen era recordarla más de lo que estaba dispuesto a aceptar hasta ese momento.&lt;br /&gt;Ya tenía treinta y cinco años y sabía que había llegado el tiempo de establecerse en algún lado. Ser marino mercante pasando tres meses en Buenos Aires y el resto del año vaya a saber dónde, había contribuido a que no tuviera prácticamente a nadie que lo esperara de la manera que ahora echaba en falta, aunque a veces lo negara.&lt;br /&gt;Había prometido amores, regalado anillos, incluso una vez había elegido iglesia en varios puertos. Por supuesto que nada se había concretado.&lt;br /&gt;Por eso había tenido que abandonar la ruta del Mediterráneo y pasarse a la del Atlántico Norte y ahí es cuando apareció Bridget.&lt;br /&gt;En un principio, trato de evitar los bares del puerto para no repetir historias, pero a ella la había conocido comprando tabaco en un negocio de King Street.&lt;br /&gt;El viento transversal que había empezado a soplar, hacía que el barco se moviera un poco, como arrastrándose pesadamente sobre el mar indeterminadamente grisáceo.&lt;br /&gt;Nunca se habían prometido nada. Pero ella siempre parecía haberlo esperado al volver su barco a puerto. Por eso el rechazo de aquella foto de una inglesa de ojos verdes, que quería una casa e hijos.&lt;br /&gt;Ya no quería estar solo. Dejaría el mar. Abrochó su gabán y subió el cuello que se confundió con la barba.&lt;br /&gt;Si se lo propusiera, probablemente Bridget vendría con él a Buenos Aires. El aceptaría aquel empleo en la Naviera y buscaría algún lugar más grande para vivir.&lt;br /&gt;¿Pero en qué estaba pensando? Había evitado la foto para no recordarla y ahora la estaba evocando casi involuntariamente.&lt;br /&gt;El viento sopló más fuerte, las manos comenzaron a enfriársele y las introdujo en los bolsillos del abrigo. La derecha tocó algo y lo sacó. Era una postal de Liverpool, de King Street, que reproducía una pintura al estilo de los artistas parisinos de Montmartre. La miró con detenimiento. La dio vuelta. Estaba fechada el 6 de septiembre de 1962, el día en que se habían despedido en el muelle. Tenía escrita una breve frase con letra de ella y decía “Para que no te olvides de Liverpool”.&lt;br /&gt;Miró al horizonte y al cielo sobre él, donde ya habían comenzado a asomarse algunas estrellas pálidas.&lt;br /&gt;Finalmente, pensó en que ya no podía hacer otros planes.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-2927891014893843979?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=2927891014893843979' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/2927891014893843979'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/2927891014893843979'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/10/dejar-el-mar.html' title='Dejar el mar'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SOP4Ggo9_dI/AAAAAAAAAbY/PsN94OjTT48/s72-c/Sunset+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-1256219239474519856</id><published>2008-09-24T18:21:00.002-03:00</published><updated>2008-09-24T18:28:04.509-03:00</updated><title type='text'>La gloria y la niebla</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SNqwzLxsVdI/AAAAAAAAAbI/C07xdHhd9LE/s1600-h/Gate.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5249702709034767826" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SNqwzLxsVdI/AAAAAAAAAbI/C07xdHhd9LE/s320/Gate.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El auto prestado avanzaba a buena velocidad por la cabecera del puente. El cartel indicador señalaba que del otro lado se encontraría con “&lt;em&gt;Marin County&lt;/em&gt;” y pensó que, en cualquier caso, habría valido la pena cruzar el famoso puente y ver el paisaje desde allí. Al llegar a la mitad de esa estructura roja, el transito comenzó a hacerse menos fluido, hasta que unos metros más adelante se detuvo por completo. Bueno -pensó Julio-, eso le permitiría mirar hacia la bahía y al paisaje circundante con más detenimiento.&lt;br /&gt;Estaba cansado y el profesor del San Francisco Opera, se había apiadado de él y le había prestado su auto para que tomara la tarde libre. Lo del puente parecía una buena idea pero… algo pasaba porque la gente se estaba bajando de los coches. Miró a los lados y casi todos los conductores hablaban por sus teléfonos móviles.&lt;br /&gt;Mientras observaba esa escena, vio que en el carril de al lado estaba, atrapado allí igual que él, a José Loria, el tenor argentino famoso en el mundo y que presentaba una temporada en el mismo teatro en donde él tenía su beca de perfeccionamiento. Se lo veía hablar con cierta vehemencia por el celular, mientras bajaba del auto. Pensó que podría ser una oportunidad para conocerlo y también descendió del suyo.&lt;br /&gt;Cuando Loria cortó la comunicación, él se acercó y tendiéndole la mano le dijo -Sr. Loria, soy Julio Rocha. Mucho gusto.&lt;br /&gt;-Ah, otro argentino atascado en el puente. Bueno, hablar en “argentino” –hizo la seña de las comillas con las dos manos- puede ser algo gratificante mientras esperamos la hora que probablemente estemos aquí.&lt;br /&gt;-¿Hora?&lt;br /&gt;-Eso parece. Un camión de combustible volcó en el otro extremo y tienen que quitarlo, además de lo que se derramó. La verdad es que no tengo apuro. Salí a despejarme un poco del ensayo y no quería volver al hotel.&lt;br /&gt;-Yo también salí del teatro para airearme. Elegimos el mismo camino parece.&lt;br /&gt;-¿Usted estaba en mi teatro también? –Lo de mi teatro sonó como su fuera realmente suyo.&lt;br /&gt;-Si, también canto. Su mismo registro, estoy en la beca del SFO –dijo Julio, pronunciando las siglas a la usanza norteamericana.&lt;br /&gt;-Esa beca tiene muchos postulantes y debió haber pasado pruebas duras… pero yo a usted lo escuche el año pasado… en el Colón. Si… Buena interpretación si, muy buena, la recuerdo.&lt;br /&gt;-Gracias. Nunca hubiera imaginado que usted estaba allí. Fue la primera vez que canté &lt;em&gt;Tristán e Isolda&lt;/em&gt; en público. Tal vez no fuera tan buena…&lt;br /&gt;-Si claro que estaba allí, me gusta la opera ¿A usted no? -dijo con ironía y una sonrisa- Además amigo, la falsa modestia no ayuda en este negocio.&lt;br /&gt;Julio recordó la fama de divo que tenía aquel hombre que había cantado en todo el mundo y solo le dijo -Excelente su Turandot.&lt;br /&gt;-Gracias, gracias. Me gusta mucho Turandot –miró al mar con los ojos brillosos y dijo, -en realidad me gusta mucho cantar.&lt;br /&gt;Julio no entendió el comentario. Es algo que daba por supuesto, como a él, a él también le gustaba mucho cantar, y dijo -Si claro - por única respuesta.&lt;br /&gt;-Nadie entiende lo que es estar arriba del escenario y recibir lo que da el público.&lt;br /&gt;-Bueno, a mi no me han dado mucho aún.&lt;br /&gt;-Todavía tiene suerte entonces. Ya verá lo que significa. Es como un vicio y glorioso a la vez.&lt;br /&gt;-Creo que entiendo lo que dice. Alguna vez me vi frente al escenario como un mendigo de aplausos.&lt;br /&gt;-Exactamente, somos como huérfanos que en vez de pedir un plato de comida rogamos por un aplauso. Todas las horas de ensayo, viajes y fatigas no son nada al lado de un solo aplauso.&lt;br /&gt;-Lo he visto casi respirar esos aplausos…&lt;br /&gt;-Nadie me lo había dicho antes. Si, es verdad. Son como el aire para mis pulmones pero lo que en parte lo opaca y no me deja disfrutarlo es que… -se interrumpió de golpe y dijo- Mire, ¿Ve aquellas nubes bajas de allá? El cielo está radiante pero por más lejos que parezcan estar, en unos minutos nos envolverán. La niebla de aquí se presenta de repente y lo cubre todo.&lt;br /&gt;A Julio le pareció que el hombre exageraba porque lo que parecían unas nubes estaban bastante lejos como para llegar tan pronto. Lo tomó como una excentricidad de aquel hombre.&lt;br /&gt;-Me estaba diciendo que no puede disfrutar totalmente de lo que hace. Nadie diría eso al verlo. Antes de venir aquí, con mi mujer veíamos unos videos suyos y comentábamos que…&lt;br /&gt;-Su mujer ¿Lo entiende a usted? Es decir, ¿Ella tolera la competencia del premio en el escenario y vivir como vivimos?&lt;br /&gt;-Julio pensó brevemente y le dijo –Si creo que si, tal vez porque ella es artista también. Creo que sufre en parte los sacrificios. Ahora se quedó sola en Buenos Aires, por ejemplo.&lt;br /&gt;-Yo nunca lo logre…Nadie comprende a los artistas, tal vez otros artistas, si. Pero en realidad no somos capaces de comprender lo más profundo del otro. Nacemos con una especie de defecto congénito. Esa extraña sensación placentera e inimitable que produce el aplauso solo puede entenderla el que la recibe. Esos aplausos no nos los dan. En realidad los robamos.&lt;br /&gt;-Siempre supuse que ella lo entendería, lo que no sé es si el de Arriba comprenderá ese afán de aplausos que tenemos, a veces parece malsano…&lt;br /&gt;-¿Dios? Él es el causante, nos hizo así. Una especie de drogadependientes que no podemos vivir sin la gloria de la ovación que apenas comienza y ya se acaba. Y mientras más cantamos más la queremos. Supongo que Él me quiere así, como a un enfermo incurable. De alguna manera estamos solos con esto. Lo que nos falta nos hace buscar la aprobación de los demás, como un anhelo que nunca se apaga.&lt;br /&gt;Julio vio como la niebla de la que le había hablado Loria comenzaba a ocultar la luz y en pocos segundos los envolvió como si estuviera anocheciendo.&lt;br /&gt;-No quiero estar solo- dijo Julio como para si mismo.&lt;br /&gt;-Yo tampoco quería. No encontré ninguna que me quisiera así… un vicioso de la gloria –dijo como burlándose de si mismo.&lt;br /&gt;El hombre vio el efecto que sus palabras habían causado en su joven colega y le dijo –No, a usted no le va a pasar. Se esforzará. Supongo que también tendrá que intentar comprender lo que hace su mujer ¿Ella canta?&lt;br /&gt;-No, pinta y muy bien. Es verdad, nunca me pregunté que le pasaba a ella cuando exponía, voy a tener que empezar a considerarlo. Qué egoísta soy…&lt;br /&gt;Las luces del puente se encendieron y el aire borroso comenzaba a mojarlos. La gente volvía a sus autos y encendía los faros. Se sentía el frío húmedo a pesar de que había cesado el viento.&lt;br /&gt;-Mire, adelante ya se mueven los coches, dijo Loria. Supongo que debemos irnos.&lt;br /&gt;-Fue un honor haberlo conocido, voy a ir a verlo uno de estos días.&lt;br /&gt;-Le mando entradas para la platea. Pase algún día entre ensayo y ensayo.&lt;br /&gt;-Le tomo la palabra.&lt;br /&gt;Los dos se dieron la mano como si se hubiesen conocido desde hacía mucho tiempo y emprendieron la marcha a sus coches.&lt;br /&gt;Mientras conducía en la niebla el cantante famoso y maduro que había estado muchas veces en esa ciudad y en muchas otras, pensó cómo nunca antes que en algún lugar debía existir otra oportunidad para él.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-1256219239474519856?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=1256219239474519856' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/1256219239474519856'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/1256219239474519856'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/09/la-gloria-y-la-niebla.html' title='La gloria y la niebla'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SNqwzLxsVdI/AAAAAAAAAbI/C07xdHhd9LE/s72-c/Gate.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-3511361307513940279</id><published>2008-09-16T22:22:00.001-03:00</published><updated>2008-09-16T22:24:05.872-03:00</updated><title type='text'>Magia</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SNBcIXqIcbI/AAAAAAAAAa4/TFHeD9AIhc4/s1600-h/Farmacia.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5246794864746066354" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SNBcIXqIcbI/AAAAAAAAAa4/TFHeD9AIhc4/s320/Farmacia.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La primera vez que tomé píldoras mágicas tenía cinco años. Siempre creí que mi padre las preparaba en secreto. Como era el único farmacéutico del pueblo, la gente lo saludaba por la calle con mucho respeto. “Adiós, don Oscar” y yo pensaba que si supieran lo que hacía en el laboratorio, lo hubieran tratado como si fuera un sabio o una especie de genio.&lt;br /&gt;Como les decía, tenía cinco años cuando tomé la primera de aquellas píldoras. Me había peleado con Anita, mi hermana un año menor. A ella su madrina le había regalado un triciclo y yo quería usarlo. En realidad hubiera preferido una bicicleta. Lo cierto es que el mismo día del regalo, la empuje para usarlo y se cayó, pero gracias a Dios no se lastimó. Luego del llanto de ella y la intervención de mi madre, papá nos llevó a los dos al temido Tribunal.&lt;br /&gt;El Tribunal era el escritorio de papá que se sentaba en su lugar y el acusado enfrente, de manera que uno lo veía como si estuviese más alto, como si fuera enorme y poderoso.&lt;br /&gt;Más atrás se ubicaba el acusador, en este caso acusadora, mi hermana.&lt;br /&gt;Ella contó su parte y yo traté de defenderme solo pero no pude. Atiné decir “Sr. Juez, no me pude contener”. Dada mi confesión, el juez dictó sentencia como en las películas de la televisión, golpeando una antigua llave de hierro muy grande que tenía sobre la carpeta de papeles del escritorio, como si fuera el martillo de madera. Me aplicó la pena principal que consistió en pedirle perdón a mi hermana “pero de corazón”, lo que así hice y otra accesoria, convenida con la parte acusadora, que consistía en “jugar con ella y cuidarla” toda la tarde. Creo que ya les había dicho que yo era más grande, pero esa parte del castigo realmente me resultaba muy pesada.&lt;br /&gt;Pedí hablar con el juez pero a solas y me fue concedido. Esperamos a que mi hermana se fuera cerrando la puerta, lo que hizo con dificultad. Mi padre la miró de ese modo que nunca voy a olvidar, porque también lo hizo muchas veces conmigo. Esa forma tan de él, tan de papá de mirarnos.&lt;br /&gt;Luego se sentó a mi lado, dispuesto a escuchar.&lt;br /&gt;-No voy a poder, Anita habla y yo no le entiendo y vienen esas otras chicas vecinas y me dicen cosas y gritan. No voy a poder, me voy a escapar.&lt;br /&gt;-La sentencia no se puede cambiar, en eso habíamos quedado- dijo con pretendido rigor.&lt;br /&gt;-¿Vos querés cumplir o simplemente pensás que no vas a poder?&lt;br /&gt;-Yo quiero cumplir papá…&lt;br /&gt;-Mmm… bien, eso es lo que cuenta.&lt;br /&gt;-Pero creo que no voy a poder…&lt;br /&gt;Mi padre se levantó y entró al laboratorio detrás de la farmacia, lugar que siempre estaba cerrado y al que teníamos prohibido entrar mis hermanos y yo. Vaya uno a saber que cosas extrañas sucedían allí dentro, pero nunca entré, se los juro. Bueno, cuando fui grande si.&lt;br /&gt;Al cabo de un rato volvió con un frasco de vidrio marrón en la mano.&lt;br /&gt;-¿Sabés que son éstas? -Preguntó con un tono misterioso que aún recuerdo. Moví la cabeza negando saber cuál podría ser el contenido de aquel frasco.&lt;br /&gt;Sacó de allí unas grageas rojas -Son píldoras mágicas- dijo y agregó -En el caso en que quieras hacer algo bueno y creas que no vas a poder, te pueden ayudar. Se quedó como esperando mi respuesta. Me dí cuenta que tenía que decidir solo.&lt;br /&gt;Tuve mis dudas, pero al final asentí. El no me iba a dar algo que me hiciera mal.&lt;br /&gt;-Tomá una sola. No la mastiques, tenés que tragarla entera –y me acercó un vaso de agua mientras yo miraba de reojo la puerta cerrada del laboratorio.&lt;br /&gt;Solo sé que le pregunté -¿Por qué es roja?&lt;br /&gt;-El rojo es el color de lo posible -dijo.&lt;br /&gt;No entendí, pero tampoco le pregunté nada más. Por fin la tomé.&lt;br /&gt;Me pareció que al principio no pasaba nada.&lt;br /&gt;Mi padre me preguntó -¿Sentís algún efecto?&lt;br /&gt;Yo dudé, pero pensando en lo que habíamos hablado y ante la mirada sonriente de él, le dije que me parecía que iba a poder hacer lo de mi hermana. Y así fue, pasé la tarde cumpliendo el castigo. Recuerdo lo que ella le dijo a papá después: “Marito parecía un señor grande. Se portó muy bien”. Esa noche traté de descubrir en qué consistía la magia de la pastilla roja pero al final me dormí.&lt;br /&gt;Otras veces también apareció la pastilla, una cuando me dio vergüenza actuar disfrazado de soldado de la independencia para un acto del colegio. Otra, cuando no quise hacer los deberes “una hora sin levantarme de la silla” y otras que ya no me acuerdo. Siempre funcionaron, parecían infalibles.&lt;br /&gt;Papá me decía que la receta era secreta y que solo funcionaba conmigo. Javier, mi hermano más grande, me dijo una vez que si quería hacer alguna cosa mala y no me animaba, también podía tomar la pastilla y eso me dio miedo. A veces tuve dudas, pero no dije nada. Siempre confié en papá.&lt;br /&gt;Poco tiempo después le dije que ya no quería tomar más de esas pastillas y a él no pareció molestarle, solo dijo, con una expresión que no entendí, como si mirara más allá de mi “Bien, entonces desaparecerán para siempre”. Y desde ese día nunca más las vi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años después lo recordábamos: -Papá, no sabés cuánto extraño aquellas pastillas mágicas ¿Te acordás? No sé si tomar un crédito o esperar a cobrar esos honorarios que nunca me terminan de pagar.&lt;br /&gt;-Me había olvidado de aquellas pastillas de chocolate.&lt;br /&gt;-¡De chocolate! Nunca me lo habías dicho. Ah, por eso no podía morderlas.&lt;br /&gt;-¿Acaso no las habrías tomado si hubieras sabido lo qué eran?&lt;br /&gt;-Siempre me pregunté cómo se te ocurrió esa historia.&lt;br /&gt;-Era solo un pequeño empujón que necesitabas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que mi padre nunca supo, ahora que ya no está y que también tengo hijos, es que sigo pensando que esas pastillas, eran verdaderamente mágicas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-3511361307513940279?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=3511361307513940279' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/3511361307513940279'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/3511361307513940279'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/09/magia.html' title='Magia'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SNBcIXqIcbI/AAAAAAAAAa4/TFHeD9AIhc4/s72-c/Farmacia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-4018547469053534407</id><published>2008-09-09T21:51:00.005-03:00</published><updated>2008-09-10T19:27:19.667-03:00</updated><title type='text'>Alma y pasión</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SMca_1jTECI/AAAAAAAAAaw/I0ASSjG_e1I/s1600-h/Antiguopuertopontevedra.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5244189975105441826" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SMca_1jTECI/AAAAAAAAAaw/I0ASSjG_e1I/s320/Antiguopuertopontevedra.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Suficiente. No está mal, tiene la entonación necesaria y el timbre nasal es adecuado. Obviamente la técnica es mejorable y por eso obviamente estás aquí. Le sobra fuerza pero, falta algo -dijo el profesor, escudriñando los ojos de Julio que sintió vergüenza por ese sondeo inconsulto.&lt;br /&gt;Aquello que supuestamente le faltaba, cualquier cosa que fuera, podía hacer que ese hombre, un maestro de canto de renombre, no lo aceptara como alumno. Sabía que tenía pocos y esa audición era una especie de prueba de admisión.&lt;br /&gt;-Por favor empiece otra vez– dijo, y se preparó a acompañarlo nuevamente con el piano, colocándose los anteojos, tratando de enfocar la partitura. Él comenzó a cantar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;em&gt;Lejana tierra mía bajo tu cielo, bajo tu cielo, quiero morirme un día con tu consuelo, con tu consuelo. Y oír el canto de oro de tus campanas que siempre añoro; no sé si al contemplarte, al regresar… sabré reír o llorar&lt;/em&gt;...”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El maestro dejó de tocar antes de comenzar la estrofa siguiente, había entornado los ojos en una mezcla de curiosidad y una vaga satisfacción pero dijo -Zorzalito. Así lo llaman a usted… Julio ¿Verdad?&lt;br /&gt;-Si… Pero nunca quise que me compararan con…&lt;br /&gt;-¿Qué cree que pensaba ese hombre cuando cantaba esto? ¿Conoce usted los orígenes de Le Pera, autor de la letra? -además agregó- ¿Y los de usted?&lt;br /&gt;Le había dicho “ese hombre” a Gardel. Que le faltaba pasión además. Nunca había pensado en eso ni se lo habían dicho. No sabía si lamentarse por una cosa, la otra o por ambas.&lt;br /&gt;El maestro hablaba pausado, como midiendo las reacciones de su interlocutor -Dígame, por ejemplo ¿Qué pasaba por su mente cuando cantaba?&lt;br /&gt;-Eh… La dicción y en el efecto del cambio de la ene por la erre…&lt;br /&gt;-Tonterías. ¿Usted quiere cantar de verdad o se conforma con ser un intérprete?&lt;br /&gt;-La dicción en el caso de esta canción creo que es importante.&lt;br /&gt;-¿Solamente eso ve como importante? –dijo levantándose del taburete y rodeando el piano. Entornó el postigo de uno de los enormes ventanales del antiguo departamento estilo francés de principios del siglo veinte que daban al Parque Lezama, en esa tarde que comenzaba a irse entre las copas de los árboles de aquel lugar de Buenos Aires. La gran sala de estar llena de libros, se asemejaba a un lugar dedicado a la música, al canto. El piano de media cola ocupaba el centro del recinto, como si fuera un altar en donde evidentemente el profesor ocupaba un rango sacerdotal. El sol amarillo ya no partía en dos el piano como hasta hacía unos momentos.&lt;br /&gt;El maestro tomó un diapasón de alguno de los incontables estantes. El sonido del instrumento tal vez fuera el de un La sostenido. -Si, probablemente- pensó Julio.&lt;br /&gt;-¿Qué escucha usted? Además del La sostenido, claro- dijo el profesor.&lt;br /&gt;Pensó en qué responder, tratando de encontrar algo más en esa nota metálica que aún resonaba en su cabeza con un sonido hueco, sin alma…&lt;br /&gt;-No puedo escuchar nada más…- dijo, luego de meditarlo unos segundos.&lt;br /&gt;-Exacto. No hay nada más y así parece oírse de lo que canta usted. Pero supongo que sabe distinguir entre esa nota y la canción que acaba de interpretar.&lt;br /&gt;El hombre pareció ir levantando la voz -¡Es una canción sobre inmigrantes! ¡Desarraigo, pena, soledad!, ¡No se puede interpretar “Lejana tierra mía” como si lo estuviera haciendo mientras se afeita!&lt;br /&gt;Usted tiene apellido gallego ¿No ha escuchado historias familiares? ¿Nada?&lt;br /&gt;-Mis abuelos eran de Pontevedra. Si, recuerdo algunas cosas, pero él ya murió y mi abuela con Alzheimer no…&lt;br /&gt;-A él le interesaría que usted recordara algo de lo que le contó y a ella en este momento le importará poco lo que usted haga. Me voy a buscar algo de café. Todo esto me da sueño. Por cierto, no le ofrezco, podría perjudicar aún más lo que canta.&lt;br /&gt;Ese tipo era verdaderamente un cabrón. No mostró el más mínimo sentido de respeto hacia los abuelos. Julio pensó que la gente que enseñaba música tendría una cierta…&lt;br /&gt;-Ah, cuando vuelva vamos a probar por última vez, como para que no se vaya de aquí pensando que soy un cabrón o algo así.&lt;br /&gt;-Y además lee la mente. Si, es un cabrón y debería irme ya mismo.&lt;br /&gt;El profesor se tardó más de la cuenta en preparar su café. Apareció como diez minutos después. Diez largos minutos.&lt;br /&gt;Julio se había asomado a la ventana mirando el horizonte, pero pudo ver más allá también.&lt;br /&gt;-Quiere probar otra vez o lo dejamos para otro día, dijo el maestro con un jarro de café humeante en las manos. Tardé porque mi mujer hace el café como si ella lo hubiera inventado y se toma su tiempo.&lt;br /&gt;-Por favor, empiece por la segunda estrofa –dijo Julio con mucha calma. El profesor oyó con atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;em&gt;Silencio de mi aldea que sólo quiebra la serenata de un ardiente Romeo bajo una dulce luna de plata. En un balcón florido se oye el murmullo de un juramento que la brisa llevó con el rumor… de otras cuitas de amor…”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El maestro dejó de tocar y cerró la tapa del piano. Se quedó mirándolo, parecía sonriente y con la mirada luminosa, como si esperara una respuesta. Al ver que no obtenía lo que esperaba dijo&lt;br /&gt;-¿Bueno dónde está?&lt;br /&gt;-¿Qué cosa?&lt;br /&gt;- La inspiración hombre. ¿Cuál fue?&lt;br /&gt;-Rías Baixas, Pontevedra.&lt;br /&gt;-Ah. Los abuelos.&lt;br /&gt;-Si.&lt;br /&gt;-Alma. Pasión. Eso le faltaba y lo tiene. Puede volver la semana que viene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Nota: La canción de Gardel y Le Pera “Lejana tierra mía” la pueden ver y escuchar &lt;/em&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=DLNHp2qGqCw"&gt;&lt;em&gt;aquí&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;. Vale la pena, para los que les guste Gardel.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-4018547469053534407?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=4018547469053534407' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/4018547469053534407'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/4018547469053534407'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/09/alma-y-pasin.html' title='Alma y pasión'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SMca_1jTECI/AAAAAAAAAaw/I0ASSjG_e1I/s72-c/Antiguopuertopontevedra.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-8771765930733060127</id><published>2008-09-02T22:45:00.001-03:00</published><updated>2008-09-02T22:48:31.025-03:00</updated><title type='text'>Treinta escalones</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SL3shduJPhI/AAAAAAAAAao/NMylQCJm06U/s1600-h/gaviota.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5241605600987135506" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SL3shduJPhI/AAAAAAAAAao/NMylQCJm06U/s320/gaviota.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Ninguno de sus amigos estaba con él en ese momento. Era raro, porque en el club estaban siempre jugando a algo o planeando cosas, siempre en grupo.&lt;br /&gt;Aprovechó ese momento, se abrió camino y fue hasta la mole, hacia el trampolín.&lt;br /&gt;Comenzó, abriéndose paso entre gente, a subir uno a uno, los peldaños que llevaban a la parte más alta del trampolín de aquel natatorio olímpico.&lt;br /&gt;La plataforma más alta estaba a diez metros, en la cúspide de un arco que ocupaba el ancho de uno de los lados más estrechos del espejo de agua, con otros cuatro trampolines ubicados a diferentes alturas. El de arriba de todo se utilizaba a menudo para competencias de saltos ornamentales. Llegó al punto intermedio, desde donde ya se había tirado varias veces y miró hacia arriba, al de los diez metros, advirtiendo la mezcla de viva excitación y ansiedad. Siguió subiendo, dos, tres, cuatro escalones y los que le faltaban para llegar a lo alto, como si se tratara de un rito iniciático y necesario. Casi todos sus amigos ya lo habían pasado, incluso Pablo, que había salido primero en el concurso de saltos. Había que verlo a sus trece años dar esas volteretas imposibles en el aire para luego caer limpiamente como una flecha en el agua. Y también escuchar los aplausos que recibía del público, de él y del resto de sus amigos.&lt;br /&gt;Había contado los escalones, eran treinta, y los últimos le parecieron inusualmente altos. Pero no subió los dos finales y se quedó allí, como tratando de evitar el momento en que tendría que decidirse a saltar, porque en realidad, todavía no lo había hecho.&lt;br /&gt;Tenía que seguir. Llegó hasta la plataforma. Desde allí el viento y el sol parecían más reales que desde abajo. Podía ver al plácido e inacabable Río de la Plata que se perdía en el horizonte.&lt;br /&gt;Desde donde estaba, hasta el comienzo del trampolín, había casi un metro y tenía que tomar carrera, pero no lo hizo, se acercó a la tabla tapizada en goma negra y se paró sobre ella. El panorama desde allí era intimidante. El agua parecía estar a más altura de la que indicaban las mediciones sabidas, mucho más, pero el sabía o quería creer que era el miedo quien decía que la distancia era insuperable.&lt;br /&gt;Allá abajo, otros jugaban despreocupados. Una chica rubia con el pelo lacio atado hacia atrás, jugaba con una amiga mientras otras dos corrían y reían. Pero la gente parecía no haber notado su presencia allí arriba. El agua mirada desde esa altura, dejaba ver el azulejado fondo y las, desde allí, sinuosas líneas negras que marcaban los andariveles para las competencias, lo que acentuaba la sensación de lejanía. Tres metros de profundidad. Eso equivalía a trece metros de altura total. No, no. Él no iba a llegar al fondo. Qué tonto era. Pensó que tenía que hacerlo en ese momento. Retrocedió unos pasos para tomar carrera.&lt;br /&gt;Pensó en el resultado, un premio inmaterial. No lo esperaban los aplausos como a Pablo al realizar sus saltos. -No pasa nada, cuando estés en el agua te vas a sentir muy bien y no como ahora. Muy bien. Habrás superado la prueba- Pensó. Esa prueba que, como otras, a la edad de doce años se presentaba como definitoria. Quería superarla. No veía la hora de llegar al agua y perderse entre las miles de burbujas transparentes que provocaría su caída bajo la superficie azul verdosa.&lt;br /&gt;Amaba el agua. Desde chico había jugado en ella, aún en el mar. Su padre le había enseñado a nadar cuando tenía tres años. Recordó las risas de la barra de chicos y chicas. Los juegos, los amigos que venían, los que se iban. Los meses de sol que doraban sus pieles casi sin que se dieran cuenta, alrededor de esos trampolines, cada verano en el club.&lt;br /&gt;Una gaviota se acercó planeando y pareció detenerse allí. El pájaro extendido, parecía estar suspendido en su planeo sobre el viento que lo sostenía, como colgado de misteriosos hilos, arriba del extremo del trampolín, recortando su blanca silueta en el luminoso azul del cielo. El graznido lo sorprendió y sonó como una advertencia agorera. El eco le llegó claro y directo. Aquel sonido lo sobresaltó. En ese momento sintió que no quería hacerlo y que le resultaba imposible seguir. Pensó en sus amigos que no estaban allí para alentarlo. Nunca les diría que no había podido, pero eso no importaría tanto. Dio otro paso atrás y finalmente giró y caminó a la escalera de cemento blanco, a la salida vergonzosa, para descender nuevamente a su realidad anterior.&lt;br /&gt;De repente, un chispazo en su mente lo hizo darse vuelta y correr por la tabla hacia el agua.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-8771765930733060127?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=8771765930733060127' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/8771765930733060127'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/8771765930733060127'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/09/treinta-escalones.html' title='Treinta escalones'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SL3shduJPhI/AAAAAAAAAao/NMylQCJm06U/s72-c/gaviota.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-7985731963216195469</id><published>2008-08-26T22:26:00.004-03:00</published><updated>2008-08-26T22:40:28.738-03:00</updated><title type='text'>Ideas que vuelven.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Tenía la idea de escribir algo sobre este bendito asunto que viene recurrentemente a mi memoria pero inmediatamente me eché atrás porque ya había sido tema de la novela &lt;a href="http://www.equidistancias.blogspot.com/"&gt;Equidistancias &lt;/a&gt;(con el &lt;a href="http://equidistancias.blogspot.com/2007_07_25_archive.html"&gt;número 10&lt;/a&gt;) que algunos de ustedes conocen. Volví a repasar otra vez lo escrito y constaté que bien podía ser un relato autónomo con el pequeño agregado de lo que está en cursiva para que se entendiera. Es que en realidad, lo que van a leer, fue una de las ideas que me movieron a escribir el conjunto completo.&lt;/em&gt;&lt;em&gt; Recuerdo como daba vueltas en mi cabeza hasta que escuché el "click" que dio lugar a todo el resto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El cochecito azul&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Allí estaría sin duda.&lt;br /&gt;No puedo recordarlo sin pensar en todo aquello, aunque ya no signifique lo mismo.&lt;br /&gt;Lo deseé muchas noches y muchos días interminables.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SLSu6GW1iTI/AAAAAAAAAag/uFMJy6qulcg/s1600-h/bugatti+1929.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5239004579700771122" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SLSu6GW1iTI/AAAAAAAAAag/uFMJy6qulcg/s320/bugatti+1929.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Lejanas habían quedado las lágrimas por ese cochecito azul de colección, que tío Esteban, &lt;em&gt;que el destino quiso darme como padre adoptivo&lt;/em&gt;, guardaba en la vitrina de su living del departamento de Belgrano.&lt;br /&gt;Se lo había pedido. Había rogado, suplicado.&lt;br /&gt;Si apenas hubiera podido tenerlo en mis manos por un instante, hubiera sido completamente feliz. Así lo creí.&lt;br /&gt;Ese pequeño juguete fue dilatando mi deseo en un anhelo de posesión absoluta, ansioso y creciente.&lt;br /&gt;Sabés que no habría podido robártelo. No hubiera sido lo mismo. Lo quería, pero deseaba además que vos me lo dieras.&lt;br /&gt;¿Por qué nunca lo hiciste? ¿Por qué jamás quisiste prestármelo ni por un minuto siquiera?&lt;br /&gt;Imaginaba que podías tener todos los modelos, colores y tamaños. Llegué hasta a pensar que, si querías, habrías tenido el original de cada uno.&lt;br /&gt;Me diste otras cosas. Aviones a escala, barcos antiguos, trenes que serpeaban su vapor por incontables metros de vía y otros coches, muchos. Juguetes carísimos y a veces exóticos de Shangai, Singapur o Yokohama; de Alejandría, Trieste o Nápoles; Amberes, Liverpool o Hamburgo, adonde viajabas durante meses y nunca pude acompañarte.&lt;br /&gt;Soñé con ése pequeño fuego azul. ¿Sabías que me despertaba llorando muchas noches?&lt;br /&gt;¿Alguna vez supiste que otras tantas lo hacía preguntándome porqué no querías dármelo?&lt;br /&gt;¿Sabías que me lastimabas y que esa herida se agrandaba cada vez más?&lt;br /&gt;Creía, bien se ahora que eso no era cierto, que mi cariño por vos hubiera sido perfecto si me lo hubieras dado.&lt;br /&gt;Mucho tiempo, tal vez eras, tuvieron que pasar para que me prohibiera hacerte esa pregunta hasta que aprendí a no decir ni pensar en el porqué.&lt;br /&gt;Me engañaba tratando de convencerme de que jamás te iba a interrogar otra vez.&lt;br /&gt;Allá a lo lejos quedó mi cara caliente y mojada mirando la vitrina. Con mis dedos tocaba el vidrio, apenas lo alcanzaba. Esos centímetros que me faltaban para llegar hasta él se convertían en distancias inimaginables. Desde allí presentí desiertos tormentosos, montañas oscuras y mares interminables, sucediéndose unos a otros. Siempre.&lt;br /&gt;No hay cosa que haya dejado de hacer para que supieras que lo quería.&lt;br /&gt;Tu cara imperturbable de gesto lejano me confundía.&lt;br /&gt;Llegué a pensar en un castigo, que yo era para vos una carga indeseable, o tal vez en el odio. Pero me demostraste luego que estaba equivocado.&lt;br /&gt;Imaginé también que me veías malo. No, no fue así.&lt;br /&gt;Y después crecí. Otros lugares, otros amores se sucedieron, pero en el fondo, después de todos mis días, de los meses que separan las primaveras de los otoños, seguí recordando ese cochecito azul que todavía está en la vitrina de tu living del departamento de Belgrano.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-7985731963216195469?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=7985731963216195469' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/7985731963216195469'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/7985731963216195469'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/08/ideas-que-vuelven.html' title='Ideas que vuelven.'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SLSu6GW1iTI/AAAAAAAAAag/uFMJy6qulcg/s72-c/bugatti+1929.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-4298915128016574530</id><published>2008-08-20T06:53:00.003-03:00</published><updated>2008-08-20T06:55:40.331-03:00</updated><title type='text'>El don</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SKvp2cHdyWI/AAAAAAAAAaY/MzAck1KPOzA/s1600-h/Almac%C3%A9n.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5236536113218046306" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SKvp2cHdyWI/AAAAAAAAAaY/MzAck1KPOzA/s320/Almac%C3%A9n.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El arranque cada vez más frecuente del compresor de la heladera le señalaba el incesante subir de la temperatura en aquella tarde en que, como todos los sábados, reemplazaba a sus padres en el almacén de ramos generales de aquel pueblo a la vera del río Paraná.&lt;br /&gt;A la hora de la siesta, no era mucha la gente que pasaba a comprar algo. Tal vez algunos chicos buscando helados nada más, por lo que tendría tiempo para dedicarse a terminar esa acuarela basada en un paraje del río que había comenzado hacía unos días.&lt;br /&gt;Preparó los pinceles y fijó cuidadosamente la gruesa hoja pintada y adherida con alfileres al caballete improvisado pero no oyó llegar a Amanda, la madre de Ramiro.&lt;br /&gt;-¡Ay, qué bonito José! –dijo casi sin mirar lo pintado la mujer- No sabía que tuvieras inquietudes artísticas. Tu mamá debe estar feliz –continuó hablando como si no necesitara respirar, mientras apoyaba tres botellas vacías de Coca Cola en el mostrador de grueso mármol blanco veteado.&lt;br /&gt;-Eh…&lt;br /&gt;-Claro, porque es algo como para enorgullecerse ¿Vas a ir a estudiar arte a Buenos Aires cuando termines el colegio a fin de año? Tenés que prepararte para el ingreso porque…&lt;br /&gt;-Aquí tiene –le acercó las botellas llenas- Se lo anoto o…&lt;br /&gt;-Si, si, anotalo -y siguió- ¡Qué suerte para tu mamá! Voy a hablar mañana con ella -dijo mientras se alejaba a través de la cortina de tiras de plástico multicolor.&lt;br /&gt;A los pocos minutos sonó el teléfono -Hola ¿José? Si te falta pintura rosa, te podemos llevar porque seguro que estás pintando mujeres desnudas ¿No?&lt;br /&gt;-Ramiro, dejate de joder, yo…&lt;br /&gt;-Ja, ja, ja, ¡Lo tenías bien guardado! Artista. ¿Desde cuándo? ¡Ja, ja, ja! A la tarde paso con los chicos, ¡Ya vas a ver lo que te espera!&lt;br /&gt;-Si, dale, nos vemos. Al cortar escuchó la sirena característica del carguero que transportaba autos por el río a una fábrica cercana. La forma de ese barco le recordaba a una heladera gigante… y a su vez que tenía que reponer bebidas en la suya antes de que… -¡Ya llegamos! ¡Queremos las bebidas frías ahora! …llegaran los chicos del club, al final del partido de fútbol. -Ya va, esperen.&lt;br /&gt;-¿Esto qué es? Ah ya sé, un campo. No, no pero es marrón. Debe ser tierra nomás. ¿No vez que es una especie de planeta? Acá hay unos marcianos verdes. Yo creo que debe ser un plato de carne con verduras. Se ve como un hueso… -Y otro montón de comentarios de los chicos que miraban al caballete. No prestó atención sobre quién decía qué cosas.&lt;br /&gt;Antes de que saliera el último, entró la mujer “Uy, lo que faltaba”- exclamó José ante lo inevitable. Era Jovita, su profesora de dibujo de los primeros años del colegio.&lt;br /&gt;-Hola José ¿Cómo estás? ¡Ah! No sabía que pintabas. -Le dijo ella contemplando su paisaje ribereño casi terminado. Deslizaba sus ojos como si estuviera leyendo los matices y las formas, calculando dimensiones y profundidades – ¡Vaya! ¿Estás tomando clases con alguien? -Preguntó con una mezcla mal disimulada de celos y curiosidad.&lt;br /&gt;-No, en realidad… es lo primero que pinto.&lt;br /&gt;-Para ser tu trabajo inicial, está más que bien. Si… El color del cielo es casi perfecto. Y acá ¿Ves? –dijo señalando con los dedos índice y mayor un sector de la acuarela amarillo-verdoso -éste árbol y el reflejo del sol, están muy bien logrados. ¿No querrías tomar clases? Estaría dispuesta a dártelas a pesar de que ya casi no enseño. Tenés talento. Con un poco de técnica, tal vez… -dijo como para si misma- podrías tener posibilidades…Si….&lt;br /&gt;-Profesora, no sé…&lt;br /&gt;-Si te decidís, vení a verme, no desperdicies el don –pronunció “don” como si fuera una palabra mágica o secreta y siguió con algo que José en ese momento no entendió-. Mirá que esa luz no la recibe cualquiera. Cuando decide brillar, ofrece algo de lo cual a veces no somos sus destinatarios finales…&lt;br /&gt;-Gracias -atinó a decir él sorprendido, mientras la mujer se iba con su compra de un cuarto kilo de azúcar morena. No esperaba semejante elogio, ni todo lo que su primera pintura expuesta, casi involuntariamente, había suscitado ese momento.&lt;br /&gt;Hasta que llegó la hora. Las seis. Lo había estado esperando toda la tarde, en realidad todo el día y no mentiría si dijera que toda la semana. Las seis era la hora en que María pasaba cada sábado con su amiga Alicia. Y con la hora llegó ella&lt;br /&gt;-Hola José ¿Cómo estás?&lt;br /&gt;-Bien y vos. Eh… ¿Lo de siempre?&lt;br /&gt;-Si, dijo ella sonriente, dos botellas.&lt;br /&gt;Deliberadamente, él fue al extremo del mostrador pasando por delante del caballete para que ella lo viera. María era una pintora de verdad. Recordó que había ganado un premio municipal con una de sus acuarelas. El había estado toda la semana con aquello para intentar impresionarla porque no lograba que se interesase en él.&lt;br /&gt;Alicia se adelantó a su amiga y dijo -María ¡Mirá lo que está pintando José!- Ahora se acercaba María.&lt;br /&gt;Miró fijamente la pintura y él se quedó inmóvil esperando la más mínima reacción. Una mosca tal vez mareada por el calor, cruzó entre medio de ambos y su zumbido pareció amplificarse en el silencio de esa calurosa tarde pueblerina.&lt;br /&gt;Los ojos de ella fueron desde aquel paisaje amarronado a los de él y dijo simplemente “No” y caminó al mostrador revolviendo en el bolsillo de su pantalón, buscando con qué pagar. Su cara se había vuelto inexpresiva o seria, José no lo podía distinguir pero recibió la ola calurosa del rubor en la cara.&lt;br /&gt;Alicia no entendió nada de lo que sucedía y dijo nerviosamente -¿Viste María? ¡Qué bien esta representado el matiz del río! ¡Y el reflejo de la orilla se ve tan real!&lt;br /&gt;José no escuchaba, limitándose a recibir el dinero que María le daba sin mirarlo. Ella salió. Alicia no sabía qué decir y se encogió de hombros antes de saludarlo con la mano en alto, mientras se iba detrás de su amiga.&lt;br /&gt;Él se quedó mirando aquella acuarela. Había usado todo su tiempo libre de la semana en ella.&lt;br /&gt;Después vinieron Ramiro y sus amigos y le tomaron el pelo, como era de esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos días después, José decidió tomar clases con la profesora Jovita y al año siguiente se fue a Buenos Aires a estudiar Bellas Artes.&lt;br /&gt;Pasado un tiempo, María recordaba que la maniobra de la acuarela había sido burda. Y el “No” que había pronunciado que quería decir: “Así tampoco te voy a hacer caso”.&lt;br /&gt;Tuvo que reconocer que el esfuerzo la había conmovido ¡Una acuarela por ella!&lt;br /&gt;Sabía, con su mirada de artista, que estaba muy bien pintada, y así lo seguía pensando cada vez que la veía allí, sobre la cabecera de la cama de ambos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-4298915128016574530?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=4298915128016574530' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/4298915128016574530'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/4298915128016574530'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/08/el-don.html' title='El don'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SKvp2cHdyWI/AAAAAAAAAaY/MzAck1KPOzA/s72-c/Almac%C3%A9n.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-671283803640615021</id><published>2008-08-12T21:46:00.006-03:00</published><updated>2008-08-13T18:27:10.717-03:00</updated><title type='text'>Dos jirafas y un elefante.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SKIvsKJQvxI/AAAAAAAAAaQ/yVUJDXABDeQ/s1600-h/Manos.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5233798152641888018" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SKIvsKJQvxI/AAAAAAAAAaQ/yVUJDXABDeQ/s200/Manos.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En cuanto el auto se detuvo diez metros antes de la puerta del Banco de la Provincia de La Pampa, el hombre y la mujer bajaron de inmediato.&lt;br /&gt;En el cinturón de él se notaba la cuarenta y cinco milímetros. En el de ella no.&lt;br /&gt;El conductor permaneció en el auto y le dio un vistazo a su reloj. Las once y treinta y cinco. Lunes de mucho tránsito. Deberían haber elegido otro día. Los lunes eran los peores en ese pueblo habitualmente parsimonioso. Especialmente agitado parecía esa mañana soleada de primavera de 1968. La gente usaba el auto para hacer las compras o trámites, pudiendo caminar las, como máximo, dos cuadras, que los separaban de sus nada agitados destinos. Cuatro autos dando vueltas alrededor de la plaza. Era demasiado.&lt;br /&gt;-Hola -saludó una chiquita rubia de no más de diez años, que lo vio allí sentado al volante, con un cigarrillo sin prender en la boca.&lt;br /&gt;-Que tal preciosa, ¿Cómo estás? Ella tenía un vestido rosa pálido a cuadros. Los breteles con volados no dejaban ver sus hombros. Cargaba una bolsa pequeña, también rosa, como una cartera de mujer pero que parecía de juguete.&lt;br /&gt;-Bien ¿También esperás a tu mamá que está en el banco?&lt;br /&gt;-No, yo espero a mi novia -Revolvió en el bolsillo, tenía tres caramelos ácidos frutales, mezclados entre las balas sueltas.&lt;br /&gt;-¿Querés un caramelo?&lt;br /&gt;-Bueno, yo te puedo convidar con galletitas de las que hace mi mamá ¿Te gustan las galletitas con forma de animales?&lt;br /&gt;-Si –le contestó, extendiendo la mano, no sin antes dejar el cigarrillo que había tenido en la boca, soltándolo arriba del asiento donde reposaba su escopeta Remington recortada.&lt;br /&gt;Miró su reloj, Las once y treinta y ocho. La galleta con forma de jirafa estaba buena.&lt;br /&gt;-¿Sabés que después de acá mi mamá me va a llevar a la plaza y vamos con monedas para la fuente de la fortuna?&lt;br /&gt;-¡Ah! ¿Llevarías ésta por mí?&lt;br /&gt;¡Si! Pero me tenés que contar un deseo, sino no vale…&lt;br /&gt;Solo él entendió los tres disparos, deformados por la distancia y los vidrios del banco. Los dos primeros seguidos y el otro unos segundos después. Era la inconfundible marca de ella. El primero para inmovilizar, el segundo para derribar y el tercero para rematar.&lt;br /&gt;-Si, mi deseo es que en el próximo pueblo encontremos el banco de la provincia abierto.&lt;br /&gt;-Bueno, me voy a acordar.&lt;br /&gt;-¿Me convidás otra galleta de animales?&lt;br /&gt;-Solo me quedan dos jirafas y un elefante. ¿Te gustan los elefantes?&lt;br /&gt;El miraba sorprendido la desenvoltura de esa chiquita, que bien podría pasar por hija suya -¿Si elijo el elefante, no te enojás?&lt;br /&gt;-No, mi mamá me enseñó que siempre tengo que darle lo mejor al que me lo pide, pero a veces no me sale… Ahora por ejemplo.&lt;br /&gt;-Bueno, entonces creo que quiero la jirafa. Las once y cuarenta –dijo en voz alta mirando nuevamente el reloj pulsera.&lt;br /&gt;-¿Estás apurado? -lo interrogó ella.&lt;br /&gt;-Si, ya me tengo que ir. ¿Sabías que sos muy simpática?&lt;br /&gt;-Ahora si que te voy a dar la jirafa, me parece –dijo ella coqueta. Extendió la mano y le dio la galleta.&lt;br /&gt;-Bueno, gracias, le respondió él de una manera naturalmente amable y agregó ¿Antes de irte, no me darías la mano?&lt;br /&gt;-Claro –dijo ella. Él no pudo dejar de apreciar la calidez y suavidad de esa mano que contrastó con la tosquedad y rudeza de la suya. Y así se despidieron.&lt;br /&gt;-Vio a la chiquita caminar los pasos que la separaban del banco, muy concentrada en desenvolver el caramelo ácido de naranja que le había dado. A mitad de camino se cruzó con el hombre y la mujer que salían de allí a paso vivo, ambos con el arma en la mano derecha y con abultadas bolsas en la otra, pero no se vieron.&lt;br /&gt;Los dos subieron al auto. La mujer soltó las bolsas en el asiento de atrás, al lado del otro hombre que se había sentado allí con mirada bovina.&lt;br /&gt;-Estamos en hora. Vamos al otro pueblo ¿Tuviste problemas? –dijo él arrancando el auto.&lt;br /&gt;-Un guardia viejo pero inexperto. Nada de cuidado, ya no se va a equivocar nunca más.&lt;br /&gt;-¿Cuánto nos llevamos esta vez?&lt;br /&gt;-No sé, bastante. Ya lo contaremos.&lt;br /&gt;En el camino ella notó que su novio lagrimeaba y le preguntó -¿Te pasa algo mi amor?&lt;br /&gt;-No, nada. Es que mientras esperaba, una nenita ¡Qué linda era! Me dijo que iba a soltar una moneda en la fuente de la plaza pidiendo un deseo por mí. Le dije que quería encontrar el próximo banco abierto.&lt;br /&gt;-Ay, que dulzura de chiquita.&lt;br /&gt;-Si viste, me conmovió -le respondió él, secándose las lágrimas con la manga de la camisa mientras manejaba hasta el pueblo vecino, en donde iba a encontrar al banco provincial abierto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-671283803640615021?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=671283803640615021' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/671283803640615021'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/671283803640615021'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/08/dos-jirafas-y-un-elefante.html' title='Dos jirafas y un elefante.'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SKIvsKJQvxI/AAAAAAAAAaQ/yVUJDXABDeQ/s72-c/Manos.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-7087806429649372719</id><published>2008-08-07T19:20:00.005-03:00</published><updated>2008-08-07T23:37:51.341-03:00</updated><title type='text'>El árbol de la vida</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SJuxcffiVMI/AAAAAAAAAaA/LGIo-RoXNDI/s1600-h/robleatardecer.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5231970495169189058" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SJuxcffiVMI/AAAAAAAAAaA/LGIo-RoXNDI/s320/robleatardecer.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Colocó sus manos sobre el árbol y le resulto feliz la coincidencia de ver que las arrugas continuaban sobre la superficie de aquel tronco.&lt;br /&gt;Había venido caminando despacio por el sendero desde la casa nueva hasta el roble que alguna vez había dado sombra a la casa ya inexistente.&lt;br /&gt;Pocos día atrás habían removido lo que quedaba de ella: la vieja chimenea de piedra indiferente al incendio de hacía veinte años. Y si bien ya no estaba, él la veía y también a ella sosteniendo en sus brazos a alguno de los chicos, con el pelo recogido e iluminado por el sol que se colaba entre las ramas frondosas en el estío del ondulado sur de la provincia de Buenos Aires.&lt;br /&gt;Los chicos había crecido y su mujer ya no estaba. Ahora desaparecería también el roble.&lt;br /&gt;Su hijo mayor le había explicado que quitar todo eso había de mejorar los rindes del campo y no había querido decirle nada; ya no.&lt;br /&gt;Le vino a la memoria que su padre había plantado ese árbol y construido la casa el mismo año en que él había nacido, alternando el esfuerzo de la obra con el duro trabajo de arar, sembrar y cosechar. Qué distinto era todo ahora.&lt;br /&gt;Caminó sobre lo que había sido la sala de estar y vio el lugar donde ella siempre colocaba flores cerca de la ventana, ahora tapizado con las pequeñas corolas amarillas que crecían silvestres en el pasto no muy alto. Volvió a mirar al roble y también recordó a los chicos jugando con las bellotas. El vino y la alegría de verlos crecer al sol. Y el volar de las calandrias, los gorriones y sus nidos, un año tras otro. Y también, como algo muy vívido, el primer beso que le dio a ella, bajo ese árbol, mientras se protegían de la lluvia. Recordaba el aroma de la tierra mojada de esa sorpresiva lluvia primaveral.&lt;br /&gt;No eran de pena las lágrimas que habían aparecido furtivamente sobre su cara curtida porque había vivido feliz, hasta que la enfermedad se la había arrebatado.&lt;br /&gt;El tiempo sabe como arrancarle la memoria a uno, pensó y echó una última mirada a ese árbol, descubriéndose la cabeza y mirando a lo alto de la copa. No era justo. Tan viejo como él y tan fuerte que se lo veía pero lo iban a derribar mañana. ¿Dónde irían a parar todos los pájaros? ¿Habría nidos todavía en el otoño?&lt;br /&gt;Se preguntó si sus recuerdos se esfumarían con él viejo árbol, disipándose como la bruma esquiva de la mañana. Se sintió fatigado y antes de irse, recogió con dificultad una bellota del suelo, la miró y luego de lustrarla con la manga del saco, la puso en un bolsillo, mientras volvía por el mismo camino por el que había venido.&lt;br /&gt;Por primera vez, en todos los años de su vida allí, se sintió solo.&lt;br /&gt;Al otro día, los contratistas hicieron su trabajo y temprano a la mañana, luego de podar unas cuantas ramas grandes, el árbol cayó, apenas unas horas después de que aquel otro viejo roble también lo hiciera.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-7087806429649372719?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=7087806429649372719' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/7087806429649372719'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/7087806429649372719'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/08/coloc-sus-manos-sobre-el-rbol-y-le.html' title='El árbol de la vida'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SJuxcffiVMI/AAAAAAAAAaA/LGIo-RoXNDI/s72-c/robleatardecer.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-1455439989742474516</id><published>2008-07-31T18:32:00.002-03:00</published><updated>2008-07-31T18:36:59.248-03:00</updated><title type='text'>Valijas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SJIv0UmDjxI/AAAAAAAAAZo/qGo6KjkiPUc/s1600-h/valijas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229294693258596114" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SJIv0UmDjxI/AAAAAAAAAZo/qGo6KjkiPUc/s320/valijas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;No estaba dispuesto a hacerle más caso, y le dijo que se iría de la casa.&lt;br /&gt;Con cara de enojo nada disimulado, eligió una vieja valija que le pareció enorme, tal vez por lo que significaba, y le puso pocas cosas. Un abrigo, la pistola, el pijama y no mucho más. Miró al estante frente a la cama repasando su contenido y decidió no llevarse nada. Su orgullo de hombre le decía que la determinación de abandonarla bastaba. Que todo eso tenía que quedarse allí, como gritando que él ya no iba a estar. Lo raro era que ella no había aparecido a pesar de que sabía lo que estaba haciendo; la estaba dejando y no parecía importarle.&lt;br /&gt;Abrió la puerta casi tropezándose con la valija. Allí se detuvo. Con aquel enojo no había resuelto adonde iría esa noche. La puerta cancel de hierro se cerró tras él y la soledad de la calle se hizo presente al final del pasillo, con ella el sol y una vaga sensación de desamparo. No pensaba en el futuro, tal vez por eso sentía tan vivo el frío.&lt;br /&gt;Los coches pasaban, el viento movía las hojas secas de los árboles. Creyó ver que el kiosquero de enfrente lo miraba y se reía. No le importó que alguien pudiera estar burlándose de él.&lt;br /&gt;Se quedó allí, medio confundido, viendo pasar un pedacito de la tarde. Hasta la valija parecía sentirse sola.&lt;br /&gt;No pudo precisar cuánto tiempo había pasado cuando ella apareció por la puerta.&lt;br /&gt;-¿Esta noche va a hacer frío, no? – le dijo él con cara de preocupado.&lt;br /&gt;-Si y mucho -le respondió ella como si no pasara nada.&lt;br /&gt;Después agregó -Martín, te dejo que te vayas pero primero tenés que terminar la tarea de la escuela para mañana. Te olvidaste la bolsa con los perdigones de plástico y el cepillo de dientes. Además la abuela pregunta cómo querés la torta de cumpleaños del sábado y si pone siete velitas o una sola con el número.&lt;br /&gt;-Bueno, creo que hoy no me voy -dijo él volviendo a entrar a su casa tal como había salido, pero con la cabeza en alto.&lt;br /&gt;Su madre cerró la pesada puerta pensando “Cómo crece”, mientras él arrastraba la valija por el largo corredor. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-1455439989742474516?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=1455439989742474516' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/1455439989742474516'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/1455439989742474516'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/07/valijas.html' title='Valijas'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SJIv0UmDjxI/AAAAAAAAAZo/qGo6KjkiPUc/s72-c/valijas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-5652505626543229845</id><published>2008-07-24T18:49:00.006-03:00</published><updated>2008-07-24T19:11:35.299-03:00</updated><title type='text'>El águila</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SIj4_8GhV7I/AAAAAAAAAZI/Wl1L2RXLDqU/s1600-h/Baston+y+empedrado.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5226701144912385970" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SIj4_8GhV7I/AAAAAAAAAZI/Wl1L2RXLDqU/s320/Baston+y+empedrado.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;No podía dejar de mirarla, lo cual era bastante incómodo, porque ella se sentaba en el escritorio frente al suyo. Había sido muy cuidadoso todo ese tiempo para que no se notara que le gustaba. Aquella chica era simplemente fantástica y se la veía fabulosa con el broceado de sus vacaciones en la playa, en esa tarde de fines de enero. Pero le resultaba inevitable observar hacia el lado opuesto, a si mismo. El bastón que usaba a diario funcionaba como una advertencia de que era rengo. Una especie de cartel que indicaba peligro para las mujeres, según pensaba.&lt;br /&gt;Ella no se fijaría en él. Seguramente tenía montones de hombres que podía elegir, incluso entre sus otros compañeros de trabajo solteros; además la mayoría eran deportistas y más jóvenes, y ella los trataba distinto que a él. No sabría explicar cómo, pero distinto y sin duda tenía que ver con aquello que lo distinguía.&lt;br /&gt;El considerar su limitación lo ponía muy mal. No entendía por qué el destino parecía querer condenarlo a estar solo. Había días en que podía evitar el pensar así, pero otros en que no. Ya había experimentado el rechazo de diferentes maneras, nunca evidentes. A veces hubiera preferido que se apartaran con cara de asco diciéndole: “¿Cómo te creés que me voy a fijar en un rengo como vos?”. Otras, había maldecido a la vida por lo que le había tocado en el reparto. Días terribles que no compartía con nadie. En esos momentos no importaba que, por lo demás, podría haber pasado por un tipo pintón, porque luego de mirarlo a la cara, y al verlo caminar, los ojos de ellas se iban directamente a su pierna izquierda que, a pesar de las operaciones por las que había pasado, no lo dejaba caminar como cualquier persona normal. Y por eso quería ser normal. Se lo había repetido a si mismo innumerables veces. Normal.&lt;br /&gt;Lo peor es que veía agriarse su carácter y a veces asomaba en él la sombra pegajosa del malhumor. No quería convertirse en un resentido ¿Es que acaso, además de la soledad, la vida lo llevaría a ser un amargado? ¿Por qué tenía el presentimiento de que no debía resignarse a quedarse así, solo?&lt;br /&gt;Mientras pensaba en eso, miró la hora. Había terminado su trabajo y fue a la máquina a buscar un café. No llevó el bastón, eran pocos metros. En el extremo del pasillo, cerca de la salida de emergencia, la vio a ella apoyada en la pared, con ese chico de contaduría, demasiado cerca uno del otro como para que esa actitud pasara por una conversación meramente amistosa. Y sintió envidia. Volvió sobre sus pasos para que no lo vieran, olvidándose del café. Ahora se sentía mal por haber sido envidioso. Llegó al escritorio para juntar sus cosas e irse. Ahí estaba su bastón con el mango de bronce que le había hecho hacer su madre especialmente. Tenía labrado un águila luchando contra una serpiente. Ella le dijo que esa imagen tenía un significado especial, pero no se lo había explicado. Deseó arrojarlo contra el ventanal para que se hiciera trizas junto con el vidrio y toda esa oficina se viniera abajo. Con una mueca, que hubiera podido pasar por una sonrisa, pensó en que era un estúpido.&lt;br /&gt;Al salir por el hall del edificio se dio cuenta que desde hacía rato tenía la cabeza baja, la irguió y miró al sol que brillaba alto todavía a esa hora, y fue así que no la vio.&lt;br /&gt;Atropelló en su ensimismamiento a una chica que pasaba y los dos se fueron al suelo. Él, que tenía bastante fuerza en los brazos, pudo soltar el bastón que asía con la mano derecha tomándola a ella para que no se golpeara y con la otra amortiguar la caída de ambos. La chica tenía puestos unos anteojos negros.&lt;br /&gt;Perdonáme, no te vi- le dijo él con un tono esforzadamente amable. -Yo tampoco- le dijo ella.&lt;br /&gt;-¿Te lastimaste?&lt;br /&gt;-No, no… estoy acostumbrada -le respondió con una sonrisa como ninguna otra que hubiera visto.&lt;br /&gt;En el piso, el bastón con el mango de bronce del águila y la serpiente, estaba extrañamente abrazado con el bastón blanco y plegable de esa chica ciega.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-5652505626543229845?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=5652505626543229845' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/5652505626543229845'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/5652505626543229845'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/07/el-guila.html' title='El águila'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SIj4_8GhV7I/AAAAAAAAAZI/Wl1L2RXLDqU/s72-c/Baston+y+empedrado.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-5646358208038517483</id><published>2008-07-18T18:36:00.003-03:00</published><updated>2008-07-18T18:43:53.991-03:00</updated><title type='text'>Todo o nada</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SIENILDinxI/AAAAAAAAAZA/eDhef-dwrzQ/s1600-h/Casino+retoc.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5224471476784242450" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SIENILDinxI/AAAAAAAAAZA/eDhef-dwrzQ/s320/Casino+retoc.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Habían viajado a la costa para descansar y hablar sin las urgencias, los chicos o la rutina que, por esos días, parecía habérseles venido encima. Si fuera por él, ya se habría vuelto a Buenos Aires, pero no se lo había querido decir a ella, que por otra parte pensaba lo mismo y por iguales motivos. La discusión de esa tarde los había llevado al reino nada mágico del agobio.&lt;br /&gt;Él, metódico, racional y ordenado, se esforzaba por hacerle entender a ella cosas muy razonables pero que jamás comprendería porque era distinta: Impulsiva, amante de la improvisación y muy creativa. Su intuición desconcertaba bastante al ingeniero especialista en cálculo estructural con el que se había casado.&lt;br /&gt;-Creo que va a ser mejor que salgamos a tomar aire- dijo ella, que escuchó un asentimiento casi aliviado. El mar sombrío, dejaba oír las olas que peleaban contra el viento al llegar a la playa gris y lluviosa que se veía desde el departamento prestado en el que estaban.&lt;br /&gt;-Podríamos ir al casino- propuso ella por decir algo, recibiendo un lacónico “muy bien” por toda respuesta. Salieron enseguida.&lt;br /&gt;Al llegar, él miró aquella mesa tapizada de verde y comenzó a pensar en las probabilidades de que saliera un color, las columnas e incluso la posible aparición del cero.&lt;br /&gt;Había mucha gente jugando, el día era propicio. Luego de apostar a números elegidos casi sin motivo, él propuso jugar a la primera columna; luego al negro, después por la segunda docena. Ganaron las tres veces y luego cinco más, multiplicado la apuesta inicial.&lt;br /&gt;Después ella tomó la iniciativa diciéndole -Volvamos a apostar todo al negro. -Mi amor, ya salió tres veces seguidas y la probabilidad es… -lo interrumpió: -Intentémoslo- Ningún problema- respondió él casi dudando. Volvieron a ganar. -Quisiera apostar nuevamente al negro- dijo ella con absoluta convicción. Ya había salido once veces en las últimas trece jugadas. Era altamente improbable que se repitiera, según el había calculado, pero salió nuevamente. Ella insistió: otra vez todo al negro.&lt;br /&gt;Un empleado del casino llamó al supervisor que observaba todo a una distancia prudente. La bolilla rodó: Negro otra vez. Él quedó con la boca abierta mientras veía como les acercaban las fichas de distintos colores y tamaños. -¿Puedo seguir eligiendo? -Si, claro, respondió el ingeniero. -Ahora todo… al cero. –Eh… las probabilidades son treinta y seis contra una, le comentó él en voz baja. Además iban a apostar íntegramente lo que habían ganado Un todo o nada. Ella sólo le sonrió levantando los hombros y empujando todas las fichas al extremo de la mesa.&lt;br /&gt;¡No va más! La bolilla circuló varias veces en la esfera de madera brillante, hasta que comenzó a rebotar en los números ilegibles que giraban. Finalmente, se detuvo en uno.&lt;br /&gt;¡Cero!- Se escuchó. Ella dijo. –Ahora quiero… -No mi amor -Intervino él- Mejor nos vamos. La mujer lo miró y dijo convencida -Está bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el auto, bajo la lluvia, ninguno de los dos dijo nada durante un rato mientras volvían. Él llevaba en su bolsillo un cheque por el valor equivalente a un año de trabajo. En cierto momento, deteniendo el auto, le dijo mirándola a los ojos -Desde ahora deberíamos apostar más de la misma manera. -Estaba pensando exactamente lo mismo –respondió ella, mirándolo de igual forma.&lt;br /&gt;Pasaron el resto de su vida juntos. Nunca más fueron a un casino.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-5646358208038517483?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=5646358208038517483' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/5646358208038517483'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/5646358208038517483'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/07/todo-o-nada.html' title='Todo o nada'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SIENILDinxI/AAAAAAAAAZA/eDhef-dwrzQ/s72-c/Casino+retoc.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-2741296146398611133</id><published>2008-07-12T11:07:00.001-03:00</published><updated>2008-07-12T11:09:42.238-03:00</updated><title type='text'>Dos anillos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SHi7AXMOWBI/AAAAAAAAAY4/IEvPxWTCXhg/s1600-h/cuervosepia.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5222129382835771410" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SHi7AXMOWBI/AAAAAAAAAY4/IEvPxWTCXhg/s320/cuervosepia.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Guardó la llave dorada de la puerta trasera en el bolsillo de la camisa. Al apoyar la mano izquierda sobre el peldaño de la escala, vio en su dedo el anillo inexistente. Mientras subía, se preguntó qué podría haber sido de el. Se lo había quitado una semana atrás, el día en que había pintado la cerca de madera y nunca más lo había visto. Tampoco recordaba dónde podía haberlo dejado.&lt;br /&gt;No se había animado a explicarle a su mujer la desaparición de la alianza de oro rojo. Creyó que ella había expresado su disgusto ante el anular despojado, quitándose el suyo cinco días después.&lt;br /&gt;Se le hacía larga la subida hasta el borde del alero. El agujero en el que tenía que trabajar, de dos palmos de alto, destacaba entre las maderas blancas cercanas al tejado.&lt;br /&gt;El graznido repentino no logró sobresaltarlo demasiado, pero lo detuvo, obligándolo a asirse con fuerza a la escalera. Se trataba de uno de esos cuervos, nuevos vecinos de la zona, mayormente habitada por otras aves de aspecto y voces más agradables.&lt;br /&gt;Aquel pájaro, posado en una rama sin hojas, como una mancha negro-azabache y contrastando con el gris desparejamente oscuro del cielo nublado, parecía mirarlo. Siguió hacia arriba sin prestarle más atención. Tenía que pararse en el anteúltimo escalón para llegar hasta el agujero. No era la primera vez que subía a un techo en cincuenta y siete años, la edad que tenía.&lt;br /&gt;Al llegar, miró por la irregular abertura e incrédulo, extendió el brazo derecho para introducirlo allí. En ese instante el cuervo voló rasante sobre su cabeza. Esta vez, el graznido, desafinado, áspero y el aletear sombrío de esas aspas negras, lograron asustar al hombre que, en una exclamación, perdió el equilibrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora más tarde, el cuervo continuaba mirando hacia abajo, agazapado en el agujero y con una llave dorada en el pico, mientras encontraban al hombre tendido bajo la escalera, con dos anillos iguales de oro rojo, fuertemente apretados en su mano derecha.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-2741296146398611133?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=2741296146398611133' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/2741296146398611133'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/2741296146398611133'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/07/dos-anillos.html' title='Dos anillos'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SHi7AXMOWBI/AAAAAAAAAY4/IEvPxWTCXhg/s72-c/cuervosepia.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-7390937051648271000</id><published>2008-07-07T19:00:00.010-03:00</published><updated>2008-07-10T21:06:30.128-03:00</updated><title type='text'>Azul y rojo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SHKUDRrljuI/AAAAAAAAAYo/lecvGU7W1kc/s1600-h/azulyrojo.bmp"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SHaj7t04DdI/AAAAAAAAAYw/j6__66oNICY/s1600-h/recuerdos.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5221541064291651026" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SHaj7t04DdI/AAAAAAAAAYw/j6__66oNICY/s320/recuerdos.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;La pierna derecha le dolía como si se hubiera partido en dos. Los disparos en la puerta del Banco lo habían elegido para ser uno de los primeros en caer. Tenía que arrastrarse dos metros detrás de esa pared para llegar hasta la pistola. El ruido de las balas le martilleaba las sienes. Antes de alcanzarla, alguien se paró frente a él y le apuntó.&lt;br /&gt;Era extraño ver el acerado brillo opaco del cañón, cuya boca señalaba algún punto en su frente. Pero el proceso no comenzó hasta que observó la mirada de quien la empuñaba, lejana, indolente, tal vez enajenada en su determinación.&lt;br /&gt;Entonces si, los segundos parecieron querer extenderse y robarle su duración a los minutos; una rebeldía del tiempo en la que no se detuvo porque, el vertiginoso girar de las luces azules y rojas, mostraba, como en un cristal facetado, cosas viejas, algunas ya olvidadas, que ahora volvían.&lt;br /&gt;Recordó entonces la helada tarde del entierro de su padre; el vestido blanco de María y la mirada de ilusión a través de aquel velo; la calidez de tener en brazos a Santiago recién nacido; vio también la seducción de otra mujer…, lo que le dio a aquella limosnera en el tren, el disparo mortal en otro asalto, El soborno rechazado con dudas…&lt;br /&gt;De a poco, ante aquello, necesitó arrepentirse, pedir perdón.&lt;br /&gt;Nada de lo que sucedía a su alrededor parecía real, ni la luz, ni el hombre que le apuntaba, ni el fogonazo de ese disparo amarillo y cegador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De a poco, todo fue reapareciendo: El hombre caído a sus pies con un disparo en el hombro, las luces azules y rojas en las sirenas de los patrulleros, su compañero con la pistola aún humeante y el latir húmedo del muslo inmóvil.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su mano buscó deliberadamente el pecho, pero no era una herida lo que buscaba.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-7390937051648271000?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=7390937051648271000' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/7390937051648271000'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/7390937051648271000'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/07/un-relato-de-policas.html' title='Azul y rojo'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SHaj7t04DdI/AAAAAAAAAYw/j6__66oNICY/s72-c/recuerdos.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-4868431026705765384</id><published>2008-07-02T18:51:00.005-03:00</published><updated>2008-07-03T18:31:59.437-03:00</updated><title type='text'>No todo es lo que parece</title><content type='html'>&lt;div&gt;Esto lo escribí hace tiempo para &lt;a href="http://97relatos97.blogspot.com/"&gt;97 relatos 97 &lt;/a&gt;, perteneciente a &lt;a href="http://nuncahubounavez.blogspot.com/"&gt;Nunca Hubo una vez &lt;/a&gt;y tiene 97 palabras, ni una más, ni una menos. Un buen ejercicio de síntesis. Allá va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Un Adiós&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SGv5RyX6J4I/AAAAAAAAAYI/3by5gF4ZhQI/s1600-h/tumba.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SG1FNWbpt6I/AAAAAAAAAYY/_Baj-1X6L7o/s1600-h/tumba.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5218903638854449058" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SG1FNWbpt6I/AAAAAAAAAYY/_Baj-1X6L7o/s320/tumba.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;La tumba no lo dejaba desmentir que ella había muerto.&lt;br /&gt;Parado allí, no podía olvidarla.&lt;br /&gt;Lo vivido juntos, cinco años, iba a ser difícil de borrar, pero se contuvo, no quería que sus emociones se manifestaran en ese lugar.&lt;br /&gt;Le dejó flores, como quien deposita una moneda en el parquímetro.&lt;br /&gt;El destino quiso llevarla y jamás se rebelaría ante aquello.&lt;br /&gt;Siempre pensó decirle algunas cosas, pero no se animó.&lt;br /&gt;Fué cobarde por eso. Ahora se arrepentía.&lt;br /&gt;Se alejó pensando -Que la pases bien en la otra vida Gabriela Fernández, como jefa, siempre fuiste una bruja.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-4868431026705765384?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=4868431026705765384' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/4868431026705765384'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/4868431026705765384'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/07/no-todo-es-lo-que-parece.html' title='No todo es lo que parece'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_UFLskRpkEEU/SG1FNWbpt6I/AAAAAAAAAYY/_Baj-1X6L7o/s72-c/tumba.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-244339863694522426</id><published>2008-06-26T18:36:00.005-03:00</published><updated>2008-06-26T19:05:32.902-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='León'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='niña'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='oir'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mirar'/><title type='text'>De niños y de leones...</title><content type='html'>&lt;div&gt;El cuento está basado en uno más corto que escribí para “&lt;a href="http://mini-sagas.blogspot.com/"&gt;Mini sagas&lt;/a&gt;”.&lt;br /&gt;Podría pensarse que es para chicos y de hecho podría tener ese destino, pero en realidad, no lo es.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;La zarpa y la mano&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SGQMnDuKKvI/AAAAAAAAAXo/fAC0n2x5T04/s1600-h/lion2.bmp"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SGQNNx77YYI/AAAAAAAAAXw/0uuXqu4YTjs/s1600-h/lion2.bmp"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SGQRrmcbPxI/AAAAAAAAAX4/AJzT_-xrZg8/s1600-h/lion2.bmp"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SGQSmccWJfI/AAAAAAAAAYA/IWqOKjlUs4s/s1600-h/lion2.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5216314720081290738" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SGQSmccWJfI/AAAAAAAAAYA/IWqOKjlUs4s/s320/lion2.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Esta historia es verdadera, puedo dar testimonio de ello y ha sucedido muchas veces.&lt;br /&gt;Una niña de diez años, paseaba por el Zoológico con su mamá, quien le ofreció, luego de un rato de caminar entre los animales y sus jaulas, una caja de galletas, de esas que para chicos y animales allí se consiguen; la acomodó en un banco de madera verde y le dijo que la esperara mientras ella iba a buscarlas.&lt;br /&gt;Allí sentada, con el pelo atado con una cinta y su tapado rojo, escuchó, a pocos metros, el rugido de un león. A ella le había parecido haber oído un llanto. Fue hacia allí y no se detuvo ante el vallado que separaba a la gente la jaula, colocándose a pocos centímetros de los barrotes. El animal la vio llegar, dando un leve aullido de advertencia.&lt;br /&gt;-¿Por qué estás triste?- le dijo la niña al león que se encorvaba lentamente, acercándosele amenazante, sin lograr el efecto de susto deseado. Él le dijo con voz fuerte -¿Quién lo pregunta? Ella tomó eso como una presentación y respondió -Soy Roxana, mucho gusto- extendiendo además su mano como para que el león le estrechara su pata. Con eso logró sorprender aún más al interlocutor que, sin esperar semejante gesto, retrocedió unos pasos. -No voy a hacerte daño- le dijo ella tranquilizadoramente .El animal pensó si esa pequeña humana no se estaría burlando de él. Pero al acercarse vio, a pocos centímetros de sus garras, unos ojos azules plácidos y transparentes. Notó que no había en ellos rastro alguno de astucia o de crueldad. Si hubiera querido, en ese instante habría podido alcanzarla con solo una fracción de la fuerza de su pata. Pero no iba a hacerlo, ella lo estaba mirando de ese modo nuevo. La contempló un momento y se perdió en esa transparencia acuosa y apacible, hasta que ella le dijo. -¿Cómo te llamás? -Respondió con naturalidad, pero no sin cierta tristeza -No tengo nombre.&lt;br /&gt;Ella busco en la jaula pero solo encontró un cartel pintado que decía "león africano - panthera leo" y le dijo -Tus padres deben haberte puesto un nombre. -No conocí a mis padres- le respondió ladeando la cabeza.&lt;br /&gt;-¿Por qué estás solo?- prosiguió. La respuesta era sencilla, pero él no se animó a darla porque eso lo avergonzaba: Nadie lo quería. Algunos años atrás, lo trajeron desde un circo en donde había vivido desde que tenía memoria. Los palos y latigazos eran habituales para él y se había comportado en consecuencia. Siempre. Una vez pusieron con él a una leona y llegó a creer que tal vez podría…, pero se la llevaron de su lado porque ella le había tenido miedo.&lt;br /&gt;El viejo pero fuerte león, bajó la cabeza cerca del borde de la jaula. Ella comprendió todo sin que se lo explicara, y quiso pasarle la mano por encima de su nariz. El animal se quedó inmóvil.&lt;br /&gt;-Vamos, si no bajás la cabeza más no voy a poder tocarte -Le dijo ella con el tono cordial que había empleado desde el principio. Él le preguntó ¿Por qué habría de dejarte que me toques?&lt;br /&gt;-Porque eso es lo que hacemos cuando alguien está triste-. El león, mientras ella le explicaba, inclinaba todo lo que podía su cabeza enorme y allí, por primera vez, recibió una caricia. Le sorprendió que la fragilidad de esa pequeña manito rosada pudiera causar ese efecto. De aquellos ojos negros se escurrieron unas lágrimas.&lt;br /&gt;-¿Qué te pasa? -Le preguntó ella. Él no supo que contestar y levantando levemente la cabeza le dijo -Es que tus manos rozaron mi nariz y me hiciste cosquillas- Ambos rieron.&lt;br /&gt;Es una pena, le dijo ella -¿Qué cosa?- preguntó él león. -Que no puedas venir a mi casa. Yo te cuidaría y te daría de comer. No habría rejas y caminaría sin correa porque no le harías daño a nadie. La gente te vería pasar por las calles arboladas de mi casa y no te tendrían miedo. Pasearíamos juntos al aire fresco de la tarde y por la noche te echarías a los pies de mi cama y podríamos ver la luna y te enseñaría el nombre de cada estrella.&lt;br /&gt;El león pensó unos segundos y le dijo con la ansiedad de su tono de voz mal disimulada -¿Por qué habrías de hacer eso por mi?&lt;br /&gt;-Porque yo te oí.&lt;br /&gt;El león se desconcertó y giró su cabeza inquisitivamente.&lt;br /&gt;Y ella agregó -Te quise apenas escuché tu rugido que fue como un llamado. Ya había visto a los otros leones, pero cuando te miré, me dí cuenta de que serías único.&lt;br /&gt;-Podría haberte lastimado en cuanto te acercaste- dijo él, casi como defendiéndose de aquello completamente nuevo, apartando la cabeza.&lt;br /&gt;Ella no le respondió y se lo quedó mirando como había hecho desde el principio.&lt;br /&gt;Aquel animal, cargado su lomo de golpes y heridas, se volteó para que nadie lo viera. Toda su acritud se fue escurriendo hacia un charco que se fue formando bajo la cabeza enmelenada y por unos segundos perdió contacto con su entorno: La jaula, los chicos, los pájaros y presencia y voz de Roxana que lo saludaba alejándose mientras le decía -¡Hasta pronto león! ¡Voy a volver y te voy a poner un nombre!&lt;br /&gt;Otro rugido hizo que todos miraran al león, pero éste había sido distinto del anterior. Solo su destinataria pudo comprender su significado.&lt;br /&gt;Esa noche, ella soñó que corría por una pradera con su león y el león soñó con su niña.&lt;br /&gt;Y nada fue igual para él desde aquel día.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-244339863694522426?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=244339863694522426' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/244339863694522426'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/244339863694522426'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/06/de-nios-y-de-leones.html' title='De niños y de leones...'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SGQSmccWJfI/AAAAAAAAAYA/IWqOKjlUs4s/s72-c/lion2.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1276464946529612325.post-5912623308444729306</id><published>2008-06-21T18:39:00.010-03:00</published><updated>2008-06-21T21:03:04.006-03:00</updated><title type='text'>La respuesta del rey</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SF121n3u5KI/AAAAAAAAAV4/3zv0V835q_8/s1600-h/18.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5214454607172789410" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SF121n3u5KI/AAAAAAAAAV4/3zv0V835q_8/s400/18.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Se acercó a rendir ese examen con el miedo disimulado por la altiva presentación de sus calificaciones brillantes. Los &lt;em&gt;summa cum laude&lt;/em&gt; y algún &lt;em&gt;magna cum laude&lt;/em&gt;, se sucedían mientras un ayudante de la cátedra pasaba las hojas de la libreta de notas con admiración.&lt;br /&gt;-Por favor, elija dos bolillas y comience- dijo el titular de la cátedra, mirándola de soslayo. Ella sabía que estaba frente a uno de los profesores que podía darse el lujo de sostener cualquier opinión, polémica, no ortodoxa, crítica o decididamente provocadora, sin que a casi nadie dejara de parecerle una genialidad.&lt;br /&gt;No le gustó esa mirada, en cierta forma injusta hacia ella, la mejor alumna de ese curso, el más exigente de toda la carrera y aún de toda la universidad. Podría no haberle llamado la atención si ella hubiera sido una estudiante mediocre y comenzó a preguntarse si aquel hombre no tendría algo que reprocharle.&lt;br /&gt;Comenzó a hablar con entusiasmo. La cara del profesor demostraba claramente cierto fastidio. Lo peor de todo era que no la miraba. Él comenzó a golpear sus dedos sobre el escritorio, como tocando repetidamente las notas de un piano.&lt;br /&gt;-Pase a la bolilla siguiente- dijo él, que esta vez la observaba. Ella pudo notar fugazmente, porque no se atrevía a fijar la vista en aquellos ojos oscuros, la mirada de un basilisco. Trató de no titubear al comenzar el nuevo tema. Era posible que si repetía todo como él lo había expuesto, pudiera forzar su aprobación.&lt;br /&gt;Pero en ese momento ni un espejo hubiera podido distinguir entre su cara y el blanco mate de las paredes del aula, a esa hora ya oscura, por la pregunta que le había hecho -¿Sabe usted lo qué dice mi colega de la otra cátedra sobre este tema?- Demoró algunos segundos en responderle, no porque no la supiera, sino porque evidentemente, parecía que la respuesta anterior le había disgustado. Sin darse cuenta, fue apagando su voz, hasta llegar a ese tono que se emplea al responder algo obligado y sin convicción o una pregunta curiosa e impertinente. Algo andaba mal, estaba segura. Sus calificaciones no continuarían el camino hasta la medalla de oro que tanto quería. Porque sí, porque la quería.&lt;br /&gt;-Suficiente, puede retirarse.&lt;br /&gt;Se convenció de que había perdido lo que quería, más allá de que probablemente hubiera aprobado. Pero con aquel hombre nunca se sabía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SF2BaGYdQDI/AAAAAAAAAWA/fIBaqNuLr0w/s1600-h/Bolillero.jpg"&gt;&lt;/a&gt;Otra alumna, ésta había sido una de las mejores, no lo recordaba bien. Cansado, había estado escuchando todo el día las mismas ideas y conceptos repetidos; algunos evidentemente reproducidos de memoria. Sabe Dios si aquellos aspirantes a graduados los entendían. -Por favor, elija una bolilla y comience- dijo aquel hombre, mirándola de soslayo.&lt;br /&gt;La noche anterior no había dormido casi. La enfermedad de su mujer lo obligaba a despertarse varias veces durante la noche para ayudarla. La falta de sueño y ese día de evaluación inevitable, lo habían agotado. La alumna había comenzado a recitar el comienzo de la bolilla tres. Su mente imaginó que él podría repetir aquel tema con la cadencia, la entonación y la voz de un actor de teatro al recitar Enrique IV de Shakespeare: “…&lt;em&gt;ya que habéis pisoteado mi paciencia. Os aseguro que desde ahora pienso responder como un rey&lt;/em&gt;…” Volvió al tedio de su propia realidad. Comenzó a golpear sus dedos sobre el escritorio, como tocando repetidamente las notas de un piano. En días como ese detestaba ser profesor, odiaba la universidad y de paso a si mismo, sabiendo que todo se solucionaría con unas ocho horas de sueño que probablemente esa noche tampoco tendría. -Pase a la bolilla siguiente- dijo y comenzó a escuchar una clase suya que había dado hacía unas semanas. Pensó cuáles mecanismos llevarían a aquellos chicos a repetir, como si fueran revelación divina, sus palabras. La idea escuchada de aquella boca le sonaba a remedo, mímica impostada, imitación vacía de su propia voz. Pero ¿Quién podía culparlos? Eran ellos, los académicos, cargados de autocomplacencia quienes provocaban esas interpretaciones de personajes, en este caso, a él. Ya era suficiente. -¿Sabe usted lo qué dice el titular de la otra cátedra sobre este tema?- La verdad es que no le importaba demasiado. Así recordó lo que opinaba su amigo y colega. Había discutido con él muchas tardes y muchos cafés, sobre la inconveniencia de expresar aquel concepto de ese modo.&lt;br /&gt;-Suficiente, puede retirarse- Ahora solo quedaban dos alumnos. Con suerte, llegaría a las nueve de la noche a su casa. Se engañó a sabiendas: tal vez esa noche dormiría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora más tarde el profesor entregó a los alumnos su libreta de calificaciones diciéndole algo a cada uno. La mayoría de las caras terminaban mirando al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ella no le hacía falta preguntar lo que había pasado. Ya no le importaba, había mascado su humillación desde el fin de aquel examen. Avanzó resignada hacía el profesor que le pareció enorme.&lt;br /&gt;-Muy buen examen- Le dijo él con mirada cansada y un &lt;em&gt;summa cum laude&lt;/em&gt;, escrito en tinta negra indeleble, apareció frente a sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguno de los dos pudo dormir aquella noche.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1276464946529612325-5912623308444729306?l=cuentosdelanochecer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1276464946529612325&amp;postID=5912623308444729306' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/5912623308444729306'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1276464946529612325/posts/default/5912623308444729306'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentosdelanochecer.blogspot.com/2008/06/la-respuesta-del-rey_922.html' title='La respuesta del rey'/><author><name>Vill Gates</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05944285335290901378</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_UFLskRpkEEU/SF121n3u5KI/AAAAAAAAAV4/3zv0V835q_8/s72-c/18.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry></feed>
