viernes, 18 de julio de 2008

Todo o nada

Habían viajado a la costa para descansar y hablar sin las urgencias, los chicos o la rutina que, por esos días, parecía habérseles venido encima. Si fuera por él, ya se habría vuelto a Buenos Aires, pero no se lo había querido decir a ella, que por otra parte pensaba lo mismo y por iguales motivos. La discusión de esa tarde los había llevado al reino nada mágico del agobio.
Él, metódico, racional y ordenado, se esforzaba por hacerle entender a ella cosas muy razonables pero que jamás comprendería porque era distinta: Impulsiva, amante de la improvisación y muy creativa. Su intuición desconcertaba bastante al ingeniero especialista en cálculo estructural con el que se había casado.
-Creo que va a ser mejor que salgamos a tomar aire- dijo ella, que escuchó un asentimiento casi aliviado. El mar sombrío, dejaba oír las olas que peleaban contra el viento al llegar a la playa gris y lluviosa que se veía desde el departamento prestado en el que estaban.
-Podríamos ir al casino- propuso ella por decir algo, recibiendo un lacónico “muy bien” por toda respuesta. Salieron enseguida.
Al llegar, él miró aquella mesa tapizada de verde y comenzó a pensar en las probabilidades de que saliera un color, las columnas e incluso la posible aparición del cero.
Había mucha gente jugando, el día era propicio. Luego de apostar a números elegidos casi sin motivo, él propuso jugar a la primera columna; luego al negro, después por la segunda docena. Ganaron las tres veces y luego cinco más, multiplicado la apuesta inicial.
Después ella tomó la iniciativa diciéndole -Volvamos a apostar todo al negro. -Mi amor, ya salió tres veces seguidas y la probabilidad es… -lo interrumpió: -Intentémoslo- Ningún problema- respondió él casi dudando. Volvieron a ganar. -Quisiera apostar nuevamente al negro- dijo ella con absoluta convicción. Ya había salido once veces en las últimas trece jugadas. Era altamente improbable que se repitiera, según el había calculado, pero salió nuevamente. Ella insistió: otra vez todo al negro.
Un empleado del casino llamó al supervisor que observaba todo a una distancia prudente. La bolilla rodó: Negro otra vez. Él quedó con la boca abierta mientras veía como les acercaban las fichas de distintos colores y tamaños. -¿Puedo seguir eligiendo? -Si, claro, respondió el ingeniero. -Ahora todo… al cero. –Eh… las probabilidades son treinta y seis contra una, le comentó él en voz baja. Además iban a apostar íntegramente lo que habían ganado Un todo o nada. Ella sólo le sonrió levantando los hombros y empujando todas las fichas al extremo de la mesa.
¡No va más! La bolilla circuló varias veces en la esfera de madera brillante, hasta que comenzó a rebotar en los números ilegibles que giraban. Finalmente, se detuvo en uno.
¡Cero!- Se escuchó. Ella dijo. –Ahora quiero… -No mi amor -Intervino él- Mejor nos vamos. La mujer lo miró y dijo convencida -Está bien.

En el auto, bajo la lluvia, ninguno de los dos dijo nada durante un rato mientras volvían. Él llevaba en su bolsillo un cheque por el valor equivalente a un año de trabajo. En cierto momento, deteniendo el auto, le dijo mirándola a los ojos -Desde ahora deberíamos apostar más de la misma manera. -Estaba pensando exactamente lo mismo –respondió ella, mirándolo de igual forma.
Pasaron el resto de su vida juntos. Nunca más fueron a un casino.

11 comentarios:

Steki dijo...

Che! Me hacés acordar a mi segundo ex, profesor de Matemática y Física.
Se la pasaba sacando las probabilidades y las estadísticas de todo, jajaja!
Yo soy un desastre, nunca tengo ningún pálpito de nada y, cuando alguna vez juego al Telekino... me olvido de controlarlo!
Muy bueno el cuento!
Vengo a invitarte a tomar unos mates a mi blog para celebrar el DÍA DEL AMIGO!
Dale, te espero.
Be happy!
BACI, STEKI.

Mona Loca dijo...

Vill, ha descrito una de las imágenes que tengo de mi pareja...justamente.
Un globo atado a un ladrillo: uno ayuda a subir al otro, y el otro lo mantiene cercano a la tierra...
Me gustó mucho este cuentito.

Yoni Bigud dijo...

Un cuentito bien logrado, y con una buena idea.

Lindo blog, así que meto tu link. colega abogado y colega escritor.

Un saludo,

el_iluso_careta dijo...

JAJAJA, MUY BUENO, MUCHOS TENDRÍAN QUE PENSAR ASIP...

Apalabrada dijo...

Hola Vill: Este cuentito pinta a muchas parejas que conozco. El descontrol y la mesura. Y con el aglutinante fundamental: RESPETO, así es como funcionan. Saludos

Francis Bean dijo...

Escribis muy bien no tenes un libro publicado?

Vill Gates dijo...

Steki, probaste ser como la mujer del cuento? ja ja.
Mona: linda imagen la del globo y el ladrillo.
Yoni Y Francis Bean: Siempre es alentador recibir ese tipo de comentarios. No no tengo un libro publicado, creo que todavía me falta para eso. Mucho.
Apa e Iluso: es que creo bastante en el tema de la complementariedad del hombre y la mujer. Si, el respeto es primordial.

Gracias a todos. Así dan ganas de seguir escribiendo.

El Gaucho Santillán dijo...

Que bueno, Vill!! un lujo.

(lo del "operador" es para hacerte propaganda. En Priego andan buscando gente que quiera publicar allà, en el de ellos. Ya voy a ver)

Saludos

zippo dijo...

Muy buen relato, Vill, muy buena composición y atrapante.La contraposición perfecta del cálculo y el instinto, con el azar de por medio. Felicitaciones.

Carolina dijo...

Me encantó, Vill, como siempre.

Tom Playfair dijo...

Me encanto este cuento, Vill.
Covey lo utilizaría para explicar la "sinergia". Pero explica mucho más que eso.