miércoles, 20 de agosto de 2008

El don

El arranque cada vez más frecuente del compresor de la heladera le señalaba el incesante subir de la temperatura en aquella tarde en que, como todos los sábados, reemplazaba a sus padres en el almacén de ramos generales de aquel pueblo a la vera del río Paraná.
A la hora de la siesta, no era mucha la gente que pasaba a comprar algo. Tal vez algunos chicos buscando helados nada más, por lo que tendría tiempo para dedicarse a terminar esa acuarela basada en un paraje del río que había comenzado hacía unos días.
Preparó los pinceles y fijó cuidadosamente la gruesa hoja pintada y adherida con alfileres al caballete improvisado pero no oyó llegar a Amanda, la madre de Ramiro.
-¡Ay, qué bonito José! –dijo casi sin mirar lo pintado la mujer- No sabía que tuvieras inquietudes artísticas. Tu mamá debe estar feliz –continuó hablando como si no necesitara respirar, mientras apoyaba tres botellas vacías de Coca Cola en el mostrador de grueso mármol blanco veteado.
-Eh…
-Claro, porque es algo como para enorgullecerse ¿Vas a ir a estudiar arte a Buenos Aires cuando termines el colegio a fin de año? Tenés que prepararte para el ingreso porque…
-Aquí tiene –le acercó las botellas llenas- Se lo anoto o…
-Si, si, anotalo -y siguió- ¡Qué suerte para tu mamá! Voy a hablar mañana con ella -dijo mientras se alejaba a través de la cortina de tiras de plástico multicolor.
A los pocos minutos sonó el teléfono -Hola ¿José? Si te falta pintura rosa, te podemos llevar porque seguro que estás pintando mujeres desnudas ¿No?
-Ramiro, dejate de joder, yo…
-Ja, ja, ja, ¡Lo tenías bien guardado! Artista. ¿Desde cuándo? ¡Ja, ja, ja! A la tarde paso con los chicos, ¡Ya vas a ver lo que te espera!
-Si, dale, nos vemos. Al cortar escuchó la sirena característica del carguero que transportaba autos por el río a una fábrica cercana. La forma de ese barco le recordaba a una heladera gigante… y a su vez que tenía que reponer bebidas en la suya antes de que… -¡Ya llegamos! ¡Queremos las bebidas frías ahora! …llegaran los chicos del club, al final del partido de fútbol. -Ya va, esperen.
-¿Esto qué es? Ah ya sé, un campo. No, no pero es marrón. Debe ser tierra nomás. ¿No vez que es una especie de planeta? Acá hay unos marcianos verdes. Yo creo que debe ser un plato de carne con verduras. Se ve como un hueso… -Y otro montón de comentarios de los chicos que miraban al caballete. No prestó atención sobre quién decía qué cosas.
Antes de que saliera el último, entró la mujer “Uy, lo que faltaba”- exclamó José ante lo inevitable. Era Jovita, su profesora de dibujo de los primeros años del colegio.
-Hola José ¿Cómo estás? ¡Ah! No sabía que pintabas. -Le dijo ella contemplando su paisaje ribereño casi terminado. Deslizaba sus ojos como si estuviera leyendo los matices y las formas, calculando dimensiones y profundidades – ¡Vaya! ¿Estás tomando clases con alguien? -Preguntó con una mezcla mal disimulada de celos y curiosidad.
-No, en realidad… es lo primero que pinto.
-Para ser tu trabajo inicial, está más que bien. Si… El color del cielo es casi perfecto. Y acá ¿Ves? –dijo señalando con los dedos índice y mayor un sector de la acuarela amarillo-verdoso -éste árbol y el reflejo del sol, están muy bien logrados. ¿No querrías tomar clases? Estaría dispuesta a dártelas a pesar de que ya casi no enseño. Tenés talento. Con un poco de técnica, tal vez… -dijo como para si misma- podrías tener posibilidades…Si….
-Profesora, no sé…
-Si te decidís, vení a verme, no desperdicies el don –pronunció “don” como si fuera una palabra mágica o secreta y siguió con algo que José en ese momento no entendió-. Mirá que esa luz no la recibe cualquiera. Cuando decide brillar, ofrece algo de lo cual a veces no somos sus destinatarios finales…
-Gracias -atinó a decir él sorprendido, mientras la mujer se iba con su compra de un cuarto kilo de azúcar morena. No esperaba semejante elogio, ni todo lo que su primera pintura expuesta, casi involuntariamente, había suscitado ese momento.
Hasta que llegó la hora. Las seis. Lo había estado esperando toda la tarde, en realidad todo el día y no mentiría si dijera que toda la semana. Las seis era la hora en que María pasaba cada sábado con su amiga Alicia. Y con la hora llegó ella
-Hola José ¿Cómo estás?
-Bien y vos. Eh… ¿Lo de siempre?
-Si, dijo ella sonriente, dos botellas.
Deliberadamente, él fue al extremo del mostrador pasando por delante del caballete para que ella lo viera. María era una pintora de verdad. Recordó que había ganado un premio municipal con una de sus acuarelas. El había estado toda la semana con aquello para intentar impresionarla porque no lograba que se interesase en él.
Alicia se adelantó a su amiga y dijo -María ¡Mirá lo que está pintando José!- Ahora se acercaba María.
Miró fijamente la pintura y él se quedó inmóvil esperando la más mínima reacción. Una mosca tal vez mareada por el calor, cruzó entre medio de ambos y su zumbido pareció amplificarse en el silencio de esa calurosa tarde pueblerina.
Los ojos de ella fueron desde aquel paisaje amarronado a los de él y dijo simplemente “No” y caminó al mostrador revolviendo en el bolsillo de su pantalón, buscando con qué pagar. Su cara se había vuelto inexpresiva o seria, José no lo podía distinguir pero recibió la ola calurosa del rubor en la cara.
Alicia no entendió nada de lo que sucedía y dijo nerviosamente -¿Viste María? ¡Qué bien esta representado el matiz del río! ¡Y el reflejo de la orilla se ve tan real!
José no escuchaba, limitándose a recibir el dinero que María le daba sin mirarlo. Ella salió. Alicia no sabía qué decir y se encogió de hombros antes de saludarlo con la mano en alto, mientras se iba detrás de su amiga.
Él se quedó mirando aquella acuarela. Había usado todo su tiempo libre de la semana en ella.
Después vinieron Ramiro y sus amigos y le tomaron el pelo, como era de esperar.

Unos días después, José decidió tomar clases con la profesora Jovita y al año siguiente se fue a Buenos Aires a estudiar Bellas Artes.
Pasado un tiempo, María recordaba que la maniobra de la acuarela había sido burda. Y el “No” que había pronunciado que quería decir: “Así tampoco te voy a hacer caso”.
Tuvo que reconocer que el esfuerzo la había conmovido ¡Una acuarela por ella!
Sabía, con su mirada de artista, que estaba muy bien pintada, y así lo seguía pensando cada vez que la veía allí, sobre la cabecera de la cama de ambos.

11 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

Mirà vos esta Marìa!! muy bueno Vill. O sea que no querìa decir lo que dijo, o lo dijo para que e entendiera otra cosa, o algo asì.

Muy bien escrito .

(y este "Naftalina" de arriba es spam. me parece)

Saludos

Vill Gates dijo...

Si Gaucho, era spam y lo suprimí ¡Que forma tan obvia de hacer promoción!.
Saludos.

Cassandra Cross dijo...

Buenísimo relato, Vill. Me conmovió. Está bien construído, y el remate contiene una ternura increíble.

Felicitaciones :D

Yoni Bigud dijo...

Excelente relato. Parece que al final encontró el camino hacia María. Igual pienso que la pintura no era una mala idea. Es un esfuerzo genuino, y no todos lo hacen.

Un saludo,

El Gaucho Santillán dijo...

Lo leì de nuevo, y me gustò màs. Me gustan los finales felices, che.

Saludos

Ichiara dijo...

El camino hacia el amor no estaba en el artificio de la acuarela, hecha a desgana seguramente. El camino estaba señalado de antemano, en eso que él descubrió más tarde, su vocación, su "don". Fue en ese momento que María (vaya si somos listas, eh?) se rindió a lo que era obvio. Un relato muy interesante Vill. Con pocas palabras has dicho tanto...

Muy bueno, un beso.

Mª Antonia dijo...

Querido Vill:
Has conseguido atraparme de nuevo con la sutileza de tus relatos.
Es maravilloso poder descansar de la vida en ellos.
Felicidades.
Un abrazo

(La fotografía es bellísima)

Maria "C" dijo...

Igual que al gaucho, a mí también me gustan los finales felices.

Me gustó también que la artista se llamara María :P

Y me gustan mucho tus cuentos, pero eso ya lo sabés :-)

De paso: hace un tiempo atrás me preguntaste si conocía algún sitio con buena poesía. Yo no sé decir si es buena o no, pero esta mañana estuve leyendo un poco este blog, y me gustó lo que leí. Sincronizadamente, la bloggera se llama también María. Te paso la dire por si querés chusmear: http://mery23.blogspot.com/

Cariños!

Mona Loca dijo...

Vill: usté es un tierno.
Ya lo sabía?

Makiavelo dijo...

María, merecía el esfuerzo del muchachito, que intentaba superarse para estar a su altura como pintor y ambicionarla como mujer.

Impotantísimo el detalle de la mosca, una mezcla entre cupido y alcaguetilla que desempeña su papel a las mil maravillas.

Muy bueno.

Saludos.

Makiavelo dijo...

Villi quise decir:
Alcahuetillo. Correveidile.
Enredador.

Saludos.