viernes, 2 de enero de 2009

Maira

El haz de luz azul del sellador eléctrico avanzaba lentamente sobre la piel sintética de la mano de Maira, quien miraba fijamente como iba desapareciendo el plástico sobrante de la reparación.
-Ya es la tercera vez. Antes nunca te pasaba esto- le dijo Hugo mientras trabajaba sobre el dorso rosado de aquella mano izquierda, sin levantar la vista.
-Me distraje al desenchufar algo en la cocina, Hugo. Una chispa me alcanzó. Pero no me dolió.
Hugo la miró inexpresivamente. El cable del aparato eléctrico que había visto estaba chamuscado de una manera nada habitual.
Los ojos azules de Maira bailaban mientras decía: –Estuve tratando de contar como lo hacía tu hija y pude llegar hasta cuatrocientos billones doscientos mil setecientos treinta y uno. Ahí lo dejé.
-¿Para qué hiciste eso? ¿Cuánto tardaste? –dijo Hugo con una mueca que bien hubiera podido pasar por una sonrisa.
-Me acordé de que a eso jugaba tu hija María. Tardé toda la noche mientras dormías. Y no me pareció divertido.
Hugo recordó en un instante a María, a Sonia, su mujer y al virus inexplicable que las había arrasado junto a miles de personas hacía diez años.
También recordó a María, su hija, aprendiendo a contar.
Hacía unas semanas que Maira tenía un comportamiento extraño y le hablaba insistentemente de su hija. Además habían empezado esas quemaduras accidentales. Había revisado los sistemas de diagnóstico y no había visto nada anormal.
Le había hecho la última actualización en el año 2087, solamente dos años atrás, aumentándole la capacidad de los bancos de memoria varias veces más que el modelo original de fábrica, además de otras mejoras menores. Como jefe de investigaciones de Sistemas de Rostro Agradable, pudo hacerse un modelo casi a medida.
Maira lo ayudaba con todo lo de la casa, que le parecía más grande desde que su mujer y su hija no estaban.
Revisó el dorso de la mano de Maira y dijo –Como nueva. ¿Será la última vez? Era conciente que una máquina no podía cometer ese tipo de errores. Modelos casi similares e incluso menos sofisticados los había en la medicina. También Eran pilotos de vehículos de transporte y hacían otras áreas en las que demostraban la inexistencia de errores. Salvo algunos de programación. Y eso aún seguía siendo humano, claro.
-Habláme más de María.
-Ya te he contado todo de ella, Maira.
-Tiene que haber más.
-En tu programación puse todo lo que pude recordar.
-Pero tiene que haber más –dijo Maira con una voz que denotaba cierta impaciencia.
-No hay nada más. María vivió solamente doce años.
-Es que no es suficiente… Debe faltar algo. Yo he leído…
-¿Qué leíste?
-En los libros los padres abrazan a sus hijos y los besan; les cuentan cuentos antes de dormir, los llevan a la playa. También los alientan cuando se desaniman y se complacen con ellos cuando hacen las cosas bien.
-El agua no te hace bien y no necesitás estudiar. Ya sabés lo necesario.
Maira lo miraba con esos ojos que parecían verdaderos -aunque diferentes de los de su hija- mientras le decía: –Pero yo no puedo llorar como en los recuerdos que tengo.
-No tenés esa capacidad. ¿Para que querrías hacerlo?
-¿No te gustaría que me pareciera más a ella?
Hugo no le respondió.
-Ya sé que no puedo ser ella, pero pensé que te gustaría que me pareciera más porque sino, no puedo entender por qué me diste sus recuerdos.
-Sos una buena compañía, Maira –dijo Hugo.
-Si, lo se. Sobre todo cuando cae el sol y oscurezco las ventanas para que puedas ver el mar sin que te moleste el sol y me siento en la alfombra para hablar como lo hacía ella.
Todo eso era cierto. La casa estaba construida sobre un acantilado a ochenta kilómetros de Mar del Plata. La vista desde la sala amplia le permitía ver el mar hasta el horizonte.
-Así está bien Maira, todo está muy bien. No hay nada que pueda querer que no estés haciendo.
Ella se retiró diciendo que estaría en la cocina.
Pasó la tarde y después de la cena que Maira había preparado, Hugo se fue al pequeño laboratorio en el sótano para estudiar unos nuevos prototipos de piel artificial que le habían llegado. Los podría probar con Maira. Tal vez fueran más resistentes a la electricidad. Luego de unos minutos de estar allí la luz se cortó. El generador de emergencia se encendió y el panel de la pared le indicó con una alarma sobre un cortocircuito en la cocina y la activación del sistema de incendio.
Al llegar vio el resplandor de fuego reflejado en el techo y a Maira en el piso con un cable en la mano, de la que salían fuego y humo blanco. Ella decía –“¿Qué más puedo hacer?” “¿Qué más puedo hacer?” hasta que de pronto ya no habló.
Hugo, desconectó la energía, pero ya era tarde.
¿La pena que sentía era por ella o por si mismo?
¿Hasta dónde se podía forzar al destino? A él no le había bastado con las fotografías o filmaciones de su hija. Quería un poco más. ¿Era eso? ¿Solo un poco más?
Entonces recordó a Xania, la robot con los recuerdos de Sonia, su mujer, que tuvo ese accidente fatal, al caer por el acantilado hacia el mar.

11 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

Me Tuvo en vilo hasta el final.

Lo que no sè, es si lo entendì perfectamente. (volverè!)

Saludos

Mona Loca dijo...

Qué raro es este cuento.

Al igual que el Gaucho no sé si lo he entendido bien.
Maira necesitaba más que recuerdos? Quería suicidarse o iba en busca de sensaciones o de intentos para generar/revivir nuevos recuerdos?

Es lindo...pero raro.
Está para tomarse un cafecito en la mesita ésa que decis, con otros lectores y analizar qué entendió cada uno..

beso!

Vill Gates dijo...

Explicar lo que uno quiso decir no es agradable porque implica que lo que se escribió antes es confuso.
Pero bueh, como dice un amigo "me viene bien para la humildad".

La robot quería ser IGUAl a la hija, ser la hija y eso no era posible. Lo mismo había ocurrido con la otra robot y Hugo fue el causante poniendo más "humanidad" en ella que lo que habitualmente se ponía en otras másquinas.

Ser lo que no se puede ser o querer lo que es imposible ¿Qué temita no?

Gracias Gaucho y Mona. Perdón por la falta de claridad.

Caia dijo...

Vill, se entendió..
cuento triste.. pena por Maira, pobrecita, que podía hacer muchas cosas pero no podía "sentir", pena por Hugo, que quiso prolongar en los robots las vidas de sus seres queridos pero a la vez los llevo a su fin. Me recordaste a Blade Runner, excelente peli. Un beso.

El Gaucho Santillán dijo...

Ah! bueno.

Ahora sì.

Yo pensaba que era el fernet. Pero veo que no. Esto era complejo.

De todas formas, lo leì cuatro veces.

Saludos

Mona Loca dijo...

Vill, lo de que el robot quería ser la hija, y que él las había creado para reemplazarlas yo lo había entendido.

El tema era por qué se querían suicidar.

Yo creo que para eso hay que profundizar en la psicología del robot, de por qué quería ser la hija, y de qué buscaba Hugo y qué obtenía.
O sea...un cuento mucho más largo!!!!

Creo que en este caso la brevedad fue lo que le dio la poca claridad.

como dice Caia, después de su explicación, me trajo remembranzas de Blade Runner. Antes, de Isaac Asimov.

Beso!

unServidor dijo...

Se ve que al cargar los recuerdos, Hugo estaba algo depre...

Mª Antonia dijo...

Querido Vill:
La difícil comprensión del cuento lo enriquece más si cabe, ya que cada lector lo percibimos de distinta forma, otorgándonos infinitos matices y colores.
A unos nos dice una cosa y a otros, otra, mientras la esencia del relato es inalterable.
A ver... Yo interpreto que lo que Hugo necesita y extraña de su hija y de su mujer, es el sentimiento profundo del amor de ambas. Aunque las robots están "programadas" para satisfacer sus necesidades materiales y afectivas primarias, les falta la parte "humana" imprevisible, irracional, invisible, inexplicable, no programable, indivisible e inmaterial...
No se le pueden pedir sentimientos a una máquina. El día que éso suceda y las máquinas sientan, la Humanidad estará perdida. Es lo único que evita que seamos máquinas programadas para satisfacer nuestras necesidades a costa de lo que sea. Los sentimientos, todavía, nos devuelven el sentido común, cuando perdemos la razón en medio de este caos universal.

Como puedes comprobar, el cuento me ha gustado bastante.
(Disculpa la extensión de mi comentario).

Un abrazo.

Zippo dijo...

Coincido en el flash a "Blade Runner", una de mis películas favoritas.
Pero este relato está relacionado con recuerdos, y el prototipo de Blade no los tenía.
Volviendo a lo nuestro, el cuento es genial, Vill; hasta pude cerrar los ojos e imaginarme las escenas tal como las describió.Realmente, ud tiene la capacidad de transportar al lector cada vez que escribe.
Algunas veces, para entrar a su blog, pongo música. Felicitaciones.

Makiavelo dijo...

He faltado aclase durante un tiempo, y ahora voy coleando.

Saludos.

Maira (no la robot) dijo...

Andaba por la web, sin ningun rumbo y puse mi nombre en "google" me puse a ver pag sin sentido y encontre este blog ...y el cuento, lo bueno de leer es que uno se puede adueñar del sentido del texto y tomarlo para si, a diferencia de algunos comentarios anteriores yo si entendi el texto y tal vz no de la forma en que tú lo quisiste si no en la forma en que yo lo quise interpretar!

Me gustO!
creo q seguire leyendo!